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"Euskadi-España ante el nuevo Siglo; un punto de encuentro para convivir"
(23 de Marzo de 2000)

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Declaraciones
 
 

 

I.- Introducción

II.- La historia de una convivencia frustrada

III.- La Constitución Española de 1978 ¿una oportunidad perdida?

IV.- El Estatuto de Autonomía. Un punto de partida para la convivencia

V.- El camino a recorrer para la construcción de la Paz y la normalización política

VI.- Otras estrategias alternativas

VII.- Final

I.- Introducción.

Las recientes elecciones celebradas el pasado 12 de marzo han despejado la incógnita del panorama político en el Estado para los próximos años.
La Sociedad española ha revalidado el proyecto del Partido Popular en las urnas y le ha otorgado la mayoría absoluta para gestionar y resolver los problemas pendientes del Estado, en este momento de cambio y de transición al siglo XXI.
Es un resultado que entraña una gran legitimidad y, por tanto, una enorme responsabilidad para resolver los problemas pendientes.
En mi opinión, el denominado "problema vasco", la cuestión vasca, la relación o el encaje de Euskadi en el Estado,y por extensión de las distintas realidades nacionales existentes en un verdadero estado plurinacional, o como quiera que se le denomine , sigue estando presente como una especie de asignatura histórica pendiente que, lamentablemente, y a pesar de la transición democrática, aún no hemos sido capaces de resolver.
Pasadas las elecciones, ya no hay excusas ni "urgencias" en los próximos años, pero tampoco caben tiempos muertos.
Creo que ha llegado el momento de encarar con seriedad la solución de un conflicto que emponzoña gravemente la convivencia y la normalización en el seno de la sociedad vasca y de la sociedad española.
Un conflicto que, desde 1959, tiene una manifestación dramática: la irrupción de la violencia terrorista de ETA, que ha minado la convivencia y que, tras el paréntesis de 14 meses de tregua, ha vuelto a hacer su aparición con tres atentados que han segado la vida de tres personas inocentes, a cuya memoria quiero dedicar un especial recuerdo:

- D. Pedro Blanco García, asesinado el pasado 21 de enero

- D. Fernando Buesa Blanco, y

- D. Jorge Díez Elorza, ambos asesinados en Gasteiz, el pasado 22 de febrero.

- D. José Luís López de Lacalle, asesinado en Andoain, hace escasamente 4 días, el pasado domingo día 7 de mayo.

Con la decisión de romper la tregua, ETA ha desoído, una vez más, la exigencia abrumadoramente mayoritaria del Pueblo Vasco para que deje de matar, para que abandone la lucha armada y deposite en manos de la propia sociedad vasca la resolución de cualquier problema de naturaleza política, a través de las vías exclusivamente pacíficas y democráticas.
Soy consciente de que los Partidos Políticos nos hemos cruzado duras acusaciones y reproches sobre las actuaciones que cada cual hemos desarrollado para gestionar la ilusión y la esperanza de Paz que el escenario de tregua había traído consigo. Quienes más han sufrido este acoso han sido el P.N.V. y EA, que, en su día, apostaron por la vía del diálogo y de la negociación con Euskal Herritarrok para consolidar el proceso de Paz.
No es momento de lamentaciones o de devolver los golpes y las críticas inútiles. La única culpable de la ruptura de la tregua es quien ha decidido de nuevo utilizar la violencia, es decir, ETA.
En cualquier caso, la violencia vuelve a poner sobre la mesa la existencia de un conflicto no resuelto y la falta de un punto de encuentro que nos permita disfrutar de un marco de convivencia estable y definitivo.
Un marco de convivencia que debe fundamentarse sobre un escenario de Paz y de ausencia de violencia como condiciones previas, pero que debe construirse sobre unas bases sólidas de normalización política y social.
Toda violencia es ética y moralmente rechazable, y a los responsables políticos nos corresponde, además de denunciarla, intentar resolver los problemas y conflictos que la sustentan. Por eso, como Lehendakari, en estos momentos dramáticos en los que recientemente ETA ha vuelto a asesinar a una persona inocente, tenía dos alternativas:
Una primera, dedicar mi intervención a manifestar públicamente, una vez más, mi rechazo y mi condena más firme al uso de la violencia, no sólo desde un punto de vista ético y moral, sino como justificación para alcanzar cualquier tipo de objetivo político. Una segunda, quizá más valiente, sería, además de esto, compartir con ustedes mis reflexiones para buscar una solución definitiva al problema de la violencia, identificando la raíz de sus causas. Reflexiones que ya trasladé el pasado 23 de marzo en Madrid en unas circunstancias también dramáticas tras el asesinato de Fernando Buesa y Jorge Díez. Reflexiones que considero siguen siendo pertinentes porque pretenden buscar un camino para la Paz. Un camino para evitar la muerte de nuevas vidas inocentes. Porque una vida humana tiene un valor incalculable y los responsable políticos debemos hacer lo que esté democráticamente en nuestras manos para evitar que se produzcan más muertes. Más allá de la violencia, ¿qué es eso que se ha venido en llamar, más o menos acertadamente el "problema vasco" como un conflicto histórico no resuelto?
Entiendo que para solucionar cualquier problema de naturaleza social es preciso ser capaz de separar claramente el problema en sí mismo de sus manifestaciones externas, por muy dramáticas que éstas sean. Solo así estaremos caminando hacia su resolución verdadera.
Creo que ésta es la postura más valiente y la más responsable en los momentos actuales.
Hay que hablar de estos temas, con ETA o sin ETA, y es preciso hacerlo cuanto antes si no queremos volver a desaprovechar una oportunidad cuando ésta se presente.
A este respecto, el Lehendakari siempre tendrá tendida la mano al Presidente del Gobierno español para que, entre todos, seamos capaces de articular una solución definitiva al conflicto vasco.
Por eso planteo una reflexión en clave de encuentro y no de ruptura, en clave de afectividad y no de crispación. En definitiva, en clave de "convivencia".
Convivir es una palabra hermosa. En sí misma encierra toda una carga de afectividad, de emotividad, de cariño, de reconocimiento y de respeto mutuo, aplicable a la vida en común.
Convivir o vivir-con, tiene una relación directa con los conceptos de avenirse, entenderse, tolerarse, respetarse y ponerse de acuerdo de forma pactada, no impuesta.
El término convivir está alejado, por tanto, de planteamientos relacionados con la imposición, con la intolerancia y con la obligación. En este sentido, es un concepto muy distinto a la mera coexistencia o a la cohabitación sin voluntad compartida.
Convivir es la expresión más bella que se puede aplicar a la vida familiar o a la vida de una pareja, donde dos personas, que tienen una identidad original, propia e irrenunciable, deciden libremente, convivir juntos, formar una familia, es decir, compartir parte de su soberanía individual en aras a un proyecto común.
Cuando el pacto se sustituye por la violencia y la imposición, o cuando una de las partes se niega a reconocer la identidad del otro y su capacidad para decidir por sí mismo, es cuando en una pareja quiebra la convivencia y esa quiebra sólo puede desembocar en una ruptura o en una cohabitación impuesta.
Este concepto de la convivencia, que aplicado a nuestra propia vida en pareja o a nuestra propia experiencia en la familia es perfectamente comprensible por todos nosotros, también es un concepto clave para entender la armonía entre los pueblos.
Si somos capaces de entender este concepto en el más amplio sentido de la palabra, posiblemente estemos dando un paso de gigante para adentrarnos en la comprensión de lo que se ha venido en llamar el "problema vasco" Diría, incluso, que nos estaremos poniendo en la disposición mental adecuada para su solución definitiva.
A este respecto, el propio título pretende ser una reflexión positiva. No habla de rupturas, sino de convivencia. No habla de agravios, sino de tolerancia. No habla de crispación, sino de afectividad.
El título plantea, por tanto, un objetivo a mi entender sublime y deseable: "buscar un punto de encuentro para lograr la normalización política definitiva y la convivencia en el seno de la propia sociedad vasca y entre el Pueblo Vasco y España".
Este es el objetivo de las reflexiones que les voy a trasladar, éste es el objetivo que ha animado, anima y va a animar todas las actuaciones políticas y personales de este Lehendakari y, sinceramente, creo que éste debería ser el objetivo de todas las fuerzas políticas y sociales, tanto vascas como españolas, porque nos encontramos ante una oportunidad histórica que no podemos desaprovechar.
En la situación actual, mirar para otro lado y no afrontar la solución del problema porque el posible punto de encuentro no nos satisfaga o porque nos sintamos más cómodos en la situación presente sería, como mínimo, irresponsable, porque un problema social si no se soluciona acaba por pudrirse irremediablemente.

Acercarse a la solución de un problema social o de convivencia, exige una mentalidad abierta y una actitud proactiva.

Primero, para reconocer su existencia

Segundo, para comprender sus causas últimas

Tercero, para no confundir el problema en sí mismo, con sus manifestaciones externas.

Cuarto para analizar alternativas de solución desde el diálogo, el respeto y la tolerancia mutua.

Quinto, para buscar puntos de encuentro y de consenso que permitan su solución definitiva.

Exige, además una condición previa:
Renunciar a la violencia, a la coacción y al chantaje para imponer nuestros objetivos o nuestra solución a la otra parte. Cualquier solución a un problema social debe partir de la aceptación inequívoca de las vías políticas y democráticas. Desde esta perspectiva, la ruptura de la tregua de ETA representa, de nuevo, una dificultad añadida para abordar la solución de un conflicto de naturaleza política.

"Mentalidad abierta y democrática"
Esta es, pues, la mentalidad abierta y la voluntad democrática con la que yo, como Lehendakari de una sociedad tan plural como la vasca, pretendo trasladar mis planteamientos. Estoy convencido de que esta misma mentalidad y voluntad es la que anida, también, en el espíritu de todos los presentes, por encima, incluso, de las negativas circunstancias que estamos atravesando y que nos pueden inducir a la reacción inmediata de rechazo frontal a la violencia sin más reflexiones posteriores sobre la naturaleza última del conflicto de normalización política subyacente.

"Reconocer la existencia del problema"
El título, sugiere ya un punto de partida para la solución del problema vasco: el reconocimiento de su existencia y, por tanto, la necesidad de buscar un nuevo punto de encuentro para alcanzar un marco de convivencia estable.

"Comprender sus causas últimas"
Para ello, permítanme realizar una breve incursión histórica con el fin de comprender el origen y situar las causas últimas de esta convivencia insuficiente o frustrada.

II.- La historia de una convivencia frustrada

El núcleo humano que constituye el Pueblo Vasco vive desde tiempo inmemorial a caballo entre las dos vertientes del Pirineo Occidental. Los historiadores califican a los vascos como los primeros pobladores de la Península, incluso antes de la llegada de los íberos que dieron nombre al suelo en el que hoy se ubica el Estado español.
Nadie pone en duda la existencia de una realidad histórica y cultural común que pertenece a los ciudadanos y ciudadanas de un Pueblo integrado en dos Estados diferentes. En el caso del Estado español, además, los vascos están integrados en dos comunidades autónomas. La Comunidad Foral de Navarra y la Comunidad Autónoma Vasca.

1.- Una etapa de convivencia basada en el respeto a los Fueros, el Pacto y la soberanía compartida hasta 1839.
Aunque con diversos avatares y vicisitudes derivadas de guerras y conquistas, hubo un tiempo, aproximadamente desde la Constitución del Reino Independiente de Pamplona (que luego se llamaría de Navarra) bajo la corona de Eneko Arista (o Aritza) en el año 824, hasta comienzos del siglo XIII (1200) , en el que los Territorios de Alava, Bizkaia y Gipuzkoa formaban parte del Reino de Navarra, conformando una unidad histórica, cultural e institucional.
Posteriormente, y en el ejercicio de su propia soberanía, tanto Alava como Bizkaia y Gipuzkoa se unieron voluntariamente a la Corona de Castilla, primero, y a los Reyes de las Españas después.

- 1200: Unión voluntaria de Gipuzkoa al Rey Alfonso VIII de Castilla

- 1332: Voluntaria entrega de Alava a la Corona de Castilla

- 1379: Bizkaia se incorpora a la Corona de Castilla por vía hereditaria, al concurrir en la persona de Juan I el Señorío de Bizkaia, que ostentaba, y la Corona de Castilla heredada de sus padres.

- 1512: Navarra pierde su independencia política tras la capitulación de Pamplona al Duque de Alba en la noche de Santiago, el 24 de julio de 1512.

- En 1515 Fernando el Católico proclama la incorporación de Navarra a la Corona de Castilla, respetando sus Fueros.

Podemos resumir la etapa de convivencia que transcurre desde la incorporación de los Territorios Vascos a la Corona de Castilla hasta principios del siglo XVIII, afirmando que, tanto Alava como Gipuzkoa, Navarra y Bizkaia, vivieron durante siglos una vida de soberanía compartida, mediante su libre adhesión a través de uniones personales escrupulosamente renovadas por cada uno de estos Territorios Históricos con cada uno de los reyes de Castilla, y más adelante con cada uno de los reyes de las Españas.

2.- 1839: Quiebra del Principio de Libre Adhesión. Quiebra del principio de convivencia. Sus consecuencias
En 1833 estalla la 1ª Guerra Carlista. En ella no sólo se dirime la sucesión al trono español, en el País Vasco, además, se utiliza como argumento de la contienda a los Fueros vascos, entre los partidarios de su conservación (Carlistas) y los partidarios de su sometimiento a la Constitución.

* Ley 25 de Octubre de 1839: Primera Ley abolitoria de los Fueros Vascos.
Como consecuencia de la derrota del bando carlista en el que se habían alineado los defensores de los Fueros Vascos, se aprueba la Ley de 25 de Octubre de 1839, en la que se impone unilateralmente a los Territorios Vascos la unidad constitucional de la Monarquía española, bajo la fórmula de: "Se confirman los Fueros de las Provincias Vascongadas y Navarra, sin perjuicio de la Unidad Constitucional de la Monarquía".

Efectos:

- Quiebra del principio de soberanía compartida
- Quiebra del principio de libre adhesión

Consecuencias: *
- Se suprime el Pase Foral
- Se impone en los Territorios Vascos los Gobernadores Civiles, la Administración de Justicia y el Régimen Electoral provincial y municipal, vigentes en el resto de España.
- Se suprimen las aduanas internas
(*) Navarra acordó la Ley Paccionada del 16 de Agosto de 1841 por la que renuncia a sus Instituciones pero conserva vigente su autonomía y el carácter de pacto entre iguales. Los Fueros vascongados se modificaron por Decreto

3.- 21 de Julio de 1876: Segunda Ley abolitoria de los Fueros
Como resultado de una nueva derrota de los Territorios Vascos alineados en el Bando Carlista en la segunda Guerra Carlista que transcurre entre 1872 y 1876, se produce, en Julio de 1878, la segunda Ley Abolitoria de los Fueros Vascos.

Consecuencias:

- Se impone el servicio militar obligatorio a todos los ciudadanos vascos
- Se elimina la autonomía y la exención fiscal
- Se disuelven las Diputaciones Forales
El 28 de Febrero de 1878 se firma el Primer Concierto Económico, no como consecuencia de un privilegio otorgado, sino como último vestigio y residuo de los Fueros originales.

4.- 1939: Fin Guerra Civil Española y comienzo de la Dictadura Franquista.
Nueva quiebra de la convivencia un siglo después.

Consecuencias:

- Se suprime el Concierto Económico en Bizkaia y Gipuzkoa, como provincias traidoras
- Gobierno Vasco en el exilio
- Represión de la cultura vasca y del euskera
- Persecución nacionalista
5.- Verano de 1959: Nacimiento de ETA.
Nueva quiebra de la convivencia cuyos dramáticos efectos estamos sufriendo desde entonces hasta el momento presente.

III.- La Constitución Española de 1978 ¿una oportunidad perdida?

¿Podemos extraer alguna conclusión de esta breve incursión histórica?
¿Podrían haber servido estos hitos para aprovechar la nueva oportunidad histórica que supuso la recuperación de la democracia y de la libertad en España, y lograr un marco constitucional capaz de integrar a todo el Pueblo Vasco?
La respuesta a estas preguntas, desde la perspectiva política y social de aquel entonces, es un QUIZÁ.
Quizá era la única Constitución posible en aquel momento.
Quizá no existió la suficiente voluntad política para dar una respuesta definitiva al encaje de las nacionalidades históricas en un Estado plurinacional.
Quizá la singularidad histórica del caso vasco estaba más allá de lo que podía caber en una Constitución negociada en pleno proceso de transición de la dictadura a la democracia.
Quizá se intentó dejar una puerta abierta a la esperanza a través de su Disposición Adicional; si bien, a tenor del propio debate constituyente -no incorporando al Grupo Vasco a la ponencia , y de los argumentos que se dieron para rechazar las enmiendas propuestas por el Grupo Vasco, no quedaba mucho margen para el optimismo.
Argumentos que, a la luz de los acontecimientos posteriores y del desarrollo de la Constitución en estos últimos 21 años, se han visto desgraciadamente ratificados.
No vamos a entrar a recordar lo que pudiera haber sido y no fue. Ni me corresponde en este momento en mi papel de Lehendakari defender los planteamientos del Grupo Vasco en el proceso constituyente.
Lo que sí constato es que posiblemente fue una ocasión perdida.
Se desechó la idea formulada en la primera enmienda vasca que propuso una solución singular para que la Constitución reconociera el hecho diferencial del Pueblo Vasco. Una enmienda que propugnaba, no sólo el amparo y el respeto, sino el "reconocimiento" de los Derechos Históricos del Pueblo Vasco, primero a través del pacto con la Corona, y después mediante la reanudación del tracto foral quebrado en 1839.
Corona, Pacto, soberanía compartida y Derechos Históricos, fueron piedra de escándalo para quienes, estando dispuestos a aceptar la descentralización administrativa territorial, eran incapaces de asumir determinadas realidades nacionales como expresión de una identidad histórica, cultural y política previa a la propia Constitución, y como tal, sujeto de decisión.
Con ello, se consiguió que la reivindicación de una parte de la sociedad vasca, la representada por el nacionalismo vasco, se frustrara, no tanto por sus apetencias competenciales, sino porque no daba cabida al reconocimiento existencial. "Se negó el reconocimiento del derecho a ser del Pueblo Vasco".
De esta forma, la Constitución Española de 1978, que podría haber sido la clave de un nuevo marco de convivencia para todos los vascos, y de integración "cómoda" de la realidad nacional vasca en un Estado plurinacional, no respondió a estas expectativas.
El reflejo objetivo de que el actual marco constitucional es insuficiente y precisa ser "ensanchado" si realmente se desea que represente una opción de convivencia mayoritaria en Euskadi, es el dato del respaldo que obtuvo la Constitución española en el Referéndum de 1978, donde fue ratificada por el 30,8% de los ciudadanos y ciudadanas de la Comunidad Autónoma Vasca.
Este dato, por sí mismo, y sin entrar en consideraciones de sensibilidades nacionalistas o de Derechos Históricos, simplemente desde una perspectiva democrática ¿no debe inducirnos a todos a la reflexión?
¿No es el reflejo más fiel de una situación que en clave de respaldo democrático, debería ser mejorada?
¿Que la norma básica de la convivencia del Estado español haya sido ratificada por el 30,8% de una parte del territorio en el que se pretende aplicar, no es el mejor síntoma de un conflicto no resuelto?
Si esto es así, ¿no deberíamos tener todos como objetivo democrático releer, ensanchar, e incluso, si fuera preciso, modificar una norma para dar cabida razonable a los deseos mayoritarios de un Pueblo?
Esta es la pregunta que todos deberíamos realizarnos y que todos deberíamos responder desde la mentalidad abierta y democrática a la que aludía al comienzo.

IV.- El Estatuto de Autonomía. Un punto de partida para la convivencia

Si la Constitución sólo obtuvo el respaldo del 30,8% en la Comunidad Autónoma Vasca, en cambio el Estatuto de Autonomía de Gernika sí recibió el apoyo de la mayoría de la sociedad vasca, porque se interpretó como una apuesta que iba a permitir recorrer un camino para la convivencia.
Desde esta perspectiva, el Estatuto de Gernika supuso una puerta abierta a la esperanza. Se consideró como un instrumento a partir del cual se pudiera dar respuesta a las demandas de autogobierno y al reconocimiento de la identidad singular del Pueblo Vasco.
El Estatuto de Autonomía, además del "haber competencial" que se le reconocía al Pueblo Vasco, se configuraba como expresión de la nacionalidad de Euskal-Herria; dejaba abierta la posibilidad de confluencia territorial de los Territorios de Bizkaia, Alava, Gipuzkoa y Navarra si así lo decidían libremente los ciudadanos y ciudadanas de este Territorio y, sobre todo, en su Disposición Adicional, se hacía una mención expresa a que la aceptación del presente régimen de autonomía no implicaba la renuncia del Pueblo Vasco a los derechos que como tal le hubieran podido corresponder en virtud de su historia.
Estos eran los "mimbres" sobre los que en su día, hace ahora 20 años, se construyó la ilusión y la esperanza de la mayoría del Pueblo Vasco
¿Qué ha sucedido a lo largo de estos 20 años?
¿Las expectativas se han correspondido con la realidad?
El Estatuto de Autonomía de Gernika nos ha permitido desarrollar un elevado nivel de autogobierno competencial. Gracias a él hemos podido incrementar el bienestar y la prosperidad de los ciudadanos y ciudadanas vascas.
Esta constatación es obligada por parte de un Lehendakari perteneciente a un Partido que ha tenido la responsabilidad de liderar la recuperación institucional y la gestión de las transferencias obtenidas gracias al Estatuto.
Pero dicho esto, no es menos cierto que el Estatuto de Autonomía ha generado la frustración, no sólo entre los que no lo votaron, sino en una parte muy importante de las personas que apostaron por él.
¿Por qué?

Primero: Porque el actual desarrollo del Estado de las Autonomías no responde exactamente al modelo que se intentó dibujar en la propia Constitución.
Aquel modelo autonómico inicial, basado en la existencia de hechos diferenciales y singulares que debían tener un tratamiento específico, quebró como consecuencia de los pactos autonómicos de 1981 y de los efectos homogeneizadores de la LOAPA que, si bien fue declarada inconstitucional, sus efectos prácticos se han hecho sentir hasta nuestros días.
En vez de dar encaje a los hechos diferenciales, se optó por la opción del "café para todos", con la esperanza de que las personalidades históricas se diluyeran en un régimen generalizado de autonomías, en una especie de "sano regionalismo".
El resultado ha sido, en muchos casos, una mera descentralización administrativa de competencias y recursos. Resultado que, por una parte, ha supuesto aumentar la complejidad organizativa del Estado y que, por otra, no ha servido para dar cabida satisfactoriamente a las expectativas de reconocimiento diferencial que las nacionalidades históricas habían depositado en el Estado autonómico.

Segundo: Porque, como consecuencia de lo anterior, el Estatuto de Gernika, después de transcurridos 20 años desde su aprobación por referéndum, todavía está pendiente de ser cumplido.
Desde este punto de vista, el Estatuto de Gernika tiene el lamentable "honor" de ser la única Ley Orgánica que después de 20 años todavía no ha sido cumplida por parte del Estado español, a pesar de los reiterados posicionamientos unánimes del Parlamento Vasco en este sentido.

Tercero: La estrategia de desarrollo del Estatuto seguida por el Gobierno Central, tanto en tiempos del PSOE como del PP, ha distado mucho del sentido original de pacto y de acuerdo que le dió origen.
El proceso de transferencias, aún sin culminar, ha estado condicionado permanentemente a la obtención de contrapartidas políticas y al pago de peajes que nada tienen que ver con el cumplimiento de una Ley Orgánica, simplemente, ni más ni menos.
Un breve repaso a los períodos de sequía transferencial y a los años de desbloqueo son una buena muestra de estas afirmaciones. El reciente acuerdo de transferencia de la autopista A-8 prevista en el Estatuto pero lograda como contrapartida, pagada por dos veces, del apoyo del PNV al proyecto de presupuestos generales del Estado, es un fiel reflejo de esta realidad.

Cuarto: Por último, se ha quebrado unilateralmente el nivel de autogobierno reconocido en el Estatuto a través de la aprobación unilateral de leyes básicas por parte de la Administración Central española y mediante la permanente judicialización del ejercicio de nuestro autogobierno. La situación del Concierto Económico es la última y desgraciada muestra de esta actitud.
No es extraño, por tanto, que a un sector de la sociedad vasca que depositó sus esperanzas en el Estatuto de Autonomía, la fecha del 25 de Octubre, más que alegría, le provoque desencanto.

En consecuencia, aún reconociendo y valorando muy positivamente los frutos del Estatuto de Gernika y su importancia para asumir un proceso de transferencias competenciales, debemos constatar la realidad objetiva que para una parte significativa de la sociedad vasca su actual grado de desarrollo no ha servido para encauzar, plena y definitivamente, el reconocimiento de la identidad nacional del Pueblo Vasco. Ni siquiera ha servido para dar respuesta al nivel de autogobierno competencial que en el mismo se contemplaba, a pesar de haber transcurrido más de 20 años desde su aprobación.
Podemos concluir afirmando que el Estatuto de Gernika, a pesar de la frustración que su desarrollo haya podido provocar en una parte de la sociedad vasca, ha sido un instrumento esencial para nuestro autogobierno y para la convivencia democrática en nuestro pueblo.
El Estatuto, desde esta perspectiva, y atendiendo a su carácter de texto abierto, contiene potencialidades que deben ser exploradas para alcanzar un nuevo punto de encuentro, bien a través del desarrollo de su Disposición Adicional, o bien a través de una renovación o modificación del mismo. Un punto de encuentro que contemple el reconocimiento del Pueblo Vasco como sujeto político dotado de una identidad y personalidad propia, y no como un mero agente receptor de unas determinadas transferencias fruto de la decisión adoptada por la Administración Central en función de su particular conveniencia y albedrío.

V.- El camino a recorrer para la construcción de la Paz y la normalización política.
Postulados previos:

- Definir claramente el problema vasco

Hemos planteado hasta el momento un breve recorrido histórico que nos ha permitido enmarcar el origen de lo que se ha venido en denominar "el problema vasco".
Un problema que, en términos políticos, se puede definir como "la existencia de una parte muy significativa de la sociedad vasca que no se siente satisfecha con el actual marco de convivencia constitucional, no tanto por el nivel de competencias que ostenta, sino, sobre todo, porque no se reconoce expresamente la existencia de una nacionalidad diferenciada, de un sujeto político al que le corresponden unos derechos históricos existentes antes de la propia Constitución y, en definitiva, de un pueblo con capacidad y soberanía para decidir libre y democráticamente su propio futuro".

- No confundir el problema de normalización política con la violencia de ETA
Definido el problema en sus términos políticos, es preciso, por tanto, no caer en la tentación de confundir el problema con sus manifestaciones externas.
Una situación que podría definirse como de insuficiente normalización política en términos democráticos, ha sido pervertida por el terrorismo de ETA.
Muchas veces se ha confundido interesadamente el proceso de pacificación, entendido como ausencia de violencia, del proceso de normalización política, entendido como solución del conflicto de convivencia y de encaje de Euskadi en España.
La violencia ejercida por ETA, no sólo ha prostituído las legítimas aspiraciones democráticas de la mayoría de la sociedad vasca, sino que ha contribuido, además, a tergiversar y a envenenar el origen del problema, confundiendo violencia con reivindicaciones democráticas. Pero, sobre todo, ha sido un elemento que ha distorsionado trágicamente la convivencia y, por lo tanto, su permanencia ha sido una rémora para no abordar un problema histórico de normalización política que en ningún caso puede ser resuelto mediante la violencia, el terrorismo, la coacción o el chantaje.
La inmensa mayoría de la sociedad vasca ha rechazado, rechaza y rechazará la utilización de la violencia como medio para alcanzar fines políticos, por eso, cualquier vía de solución tiene que pasar previamente por una tregua unilateral de ETA. Esta es la exigencia que, de nuevo, la sociedad vasca le vuelve a trasladar a ETA.
Con la ruptura de la tregua a partir del pasado 3 de diciembre de 1999, ETA ha vuelto a desoír a la sociedad vasca y ha conculcado el más elemental de los derechos humanos, el derecho a la vida, asesinando a tres personas inocentes.
Ahora bien, a pesar de este escenario, y reiterando nuestra más rotunda condena y la exigencia del cese de la violencia a ETA, ¿seríamos capaces los responsables políticos de plantear alternativas de solución desde el diálogo, el respeto y la tolerancia mutua?
¿Es posible un punto de encuentro para la convivencia?
Estas son las interrogantes que nos hacíamos al principio y éstas son las preguntas que nos deberían introducir en el camino para la resolución definitiva del problema de la violencia.

Dos consideraciones de partida sobre la sociedad vasca actual.

Antes de dar respuesta a estos interrogantes es preciso hacer dos consideraciones previas sobre la sociedad vasca actual.

1.- La sociedad vasca es una Sociedad Plural:

- Este es un rasgo esencial de la sociedad vasca actual, como corresponde a una sociedad moderna, abierta y avanzada.
- Es plural desde el punto de vista social, desde el punto de vista territorial y también desde la perspectiva de sentimientos de identidad. Existen vascos que se sienten también españoles, y otros que se consideran sólo vascos.
- Cualquier búsqueda de puntos de encuentro para la convivencia debe asumir y respetar esta pluralidad. Por eso, cualquier nuevo punto de encuentro debe ser capaz de integrar a los que están fuera y no dejar fuera a los que ahora están dentro del consenso. Es decir, debemos alcanzar un punto de encuentro capaz de integrar y respetar a todos los ciudadanos y ciudadanas vascas, a los de una sensibilidad y a los de otra.
- No podemos ir, por tanto, a "un choque de trenes", a una confrontación de identidades y de imposición de sentimientos de pertenencia. Es preciso el respeto de las minorías por las mayorías, pero "a sensu contrario" y en clave democrática, también es preciso el respeto de las minorías a las mayorías.
2.- La sociedad vasca es una Sociedad diferenciada:

- Por encima de la pluralidad política de la sociedad vasca existe un sentimiento de pertenencia común: todos nos reconocemos como ciudadanos y ciudadanas vascas.
- Existe, también, un profundo sentimiento de pertenencia a un pueblo con una identidad histórica y cultural propia, así lo atestiguan, por ejemplo:
· La existencia de un sentimiento nacionalista mayoritario reflejado en el protagonismo social de partidos nacionalistas vascos.
· La existencia de un movimiento sindical propio mayoritario.
· Un idioma diferenciado
· Unas costumbres y una historia propia
· La gran mayoría de los vascos afirma que el Pueblo Vasco es un pueblo con identidad propia con capacidad para decidir su futuro.

Estos son sólo algunos síntomas de que el Pueblo Vasco se percibe a sí mismo como una sociedad con una identidad singular y diferenciada que debe tener, por tanto un reconocimiento diferencial en el Estado español.
El posible punto de encuentro que buscamos debe de tener en cuenta esta realidad si no queremos repetir los errores del pasado, si no deseamos cerrar un marco de convivencia en falso y desembocar en la ruptura.
Desde esta perspectiva, ¿cuál es el camino a recorrer?
El camino a recorrer para la construcción de la Paz y la normalización política.

Primero: Conseguir un escenario de ausencia de violencia.
No es momento de reproches ni de críticas públicas a la gestión del proceso de paz desarrollada por el Gobierno español o los partidos democráticos. No voy a caer en esa fácil tentación. La responsabilidad directa, como he dicho anteriormente, de la ruptura de la tregua es, única y exclusivamente, de quien ha decidido volver a utilizar la violencia, es decir, de ETA.
Pero dicho esto, debo manifestar que en mi opinión no ha existido una buena gestión del proceso de Paz.
Ahora bien, la sociedad vasca ha iniciado un camino irreversible hacia la Paz y no va a detenerse.
En este sentido, les puedo garantizar que este Lehendakari y todo su Gobierno están dispuestos a trabajar, codo con codo con los partidos políticos y con la propia sociedad vasca, para lograr un escenario de ausencia de violencia.
No vamos a caer en la resignación ni en el inmovilismo.
He dicho en muchas ocasiones, y lo reitero ahora, que la sociedad vasca no desea volver al pasado sino mirar hacia el futuro. El pasado representa el dolor y el sufrimiento de muchas víctimas inocentes. La sociedad vasca sólo quiere apostar por el futuro.

Segundo: Constitución de un Foro de Diálogo entre todos los partidos vascos
Debemos aprender de los errores del pasado. No volver a la tentación de repetir fórmulas inmovilistas y cerradas que nos atasquen en una situación de violencia y de confrontación social permanente.
Los partidos políticos vascos debemos recuperar el escenario de confianza y superar la fase de contradicción y de acumulación de fuerzas que hemos atravesado. Más allá de la necesaria condena tajante y el rechazo ético y moral a la violencia de ETA, tenemos que hacer un esfuerzo para hablar entre nosotros en profundidad, para dar respuesta al problema de fondo, para buscar un punto de encuentro para la convivencia.
Con este objetivo, sigo pensando que resulta fundamental el diálogo directo, discreto e intenso entre nosotros, y no a través de los medios de comunicación. Un diálogo que pueda desembocar en un foro o foros, en los que puedan estar representados todos los partidos políticos que manifiesten su compromiso con las vías exclusivamente políticas y democráticas y con el respeto a la voluntad de la sociedad vasca para decidir en cada momento su propio futuro.
Este diálogo deberá partir del establecimiento de aquellos principios básicos que constituyen el mínimo común denominador entre todos los Partidos vascos para abordar el proceso de Paz y de normalización política y, posteriormente, identificar las materias que representan la raíz de nuestras divergencias y sobre las que es preciso profundizar para alcanzar nuevos puntos de encuentro.

Tercero: Búsqueda de un primer punto de encuentro para la convivencia
Este punto de encuentro debería de responder a las siguientes condiciones de validez:

1.- Que sea susceptible de lograr el consenso mayoritario de los partidos políticos vascos.

2.- Que sea capaz de integrar a todos porque no prejuzgue ni condicione las opciones legítimas que cada cual representa.

3.- Que sea una puerta abierta a un nuevo consenso futuro.

4.- Que pueda suponer un mínimo común denominador para todos los Territorios Históricos Vascos.

5.- Que sea un planteamiento estrictamente de base democrática.

6.- Que no suponga la ruptura de los marcos de convivencia logrados hasta ahora.

7.- Que sea susceptible de ser incorporado al ordenamiento jurídico a través de un Pacto de Estado que conlleve una interpretación abierta y dinámica de la Constitución.

8.- Que sea aplicable a los territorios de raíz foral en función de sus derechos históricos amparados por la Constitución.

El punto de encuentro que puede responder, honestamente así lo creo a las condiciones anteriores es el "reconocimiento expreso del derecho de los ciudadanos y ciudadanas vascas para decidir libre y democráticamente su propio futuro".

O dicho de otra forma:

El reconocimiento efectivo de unos Derechos Históricos preexistentes, que la Constitución ampara y respeta, y que en los términos actuales suponen, lisa y llanamente, aceptar la capacidad que tienen los ciudadanos y ciudadanas de los Territorios Históricos de raíz foral para, desde el respeto a lo construído hasta ahora , decidir libre y democráticamente el status de relación jurídico-política que quieren tener entre sí mismos y con el Estado español.

Cuarto: Ratificación, en su caso, del punto de encuentro alcanzado mediante consulta popular a los ciudadanas y ciudadanos vascos, desde el respeto a la voluntad de los distintos ámbitos y comunidades en los que actualmente se articula el Pueblo Vasco.
Esta consulta debería celebrarse en un escenario de ausencia total y definitiva de todas las expresiones y manifestaciones de violencia.

Quinto: Incorporar, en su caso, mediante un nuevo Pacto con el Estado, la decisión de la sociedad vasca en el ordenamiento jurídico.

La pregunta clave sería:

¿Si los ciudadanos y ciudadanas vascas, en base a la existencia de unos Derechos Históricos propios que ampara y respeta la Constitución, ratificaran mediante consulta popular el derecho a decidir libre y democráticamente su propio futuro, el reconocimiento de este derecho y su ejercicio tendrían cabida en el ordenamiento jurídico?
¿Esta reivindicación democrática tiene cabida en un Estado de Derecho? ¿tiene cabida en la Constitución?
La respuesta dependerá de la voluntad política y de la interpretación y lectura que queramos hacer del marco constitucional.

1.- Una interpretación cerrada e inflexible de la Constitución haría inviable la incorporación de este derecho y cerraría la puerta siquiera a su reconocimiento y ejercicio a través de la rendija abierta en la Disposición Adicional primera, en relación con la derogatoria segunda.

En este caso, estaríamos ante la tesitura de decidir una modificación formal de la Constitución o simplemente negar el reconocimiento de este derecho convirtiendo la Constitución en lo que algunos han venido en denominar como una cárcel de naciones".

2.- Una interpretación flexible y dinámica deja una puerta abierta a través de la Disposición Adicional y de su interpretación a la luz de los Derechos Históricos y de la decisión democrática de los ciudadanos y ciudadanas vascas, como algunos autores de gran prestigio han venido defendiendo.

Sexto: Un segundo punto de encuentro
En el ejercicio de este reconocimiento "del derecho a ser y a decidir por sí misma", la sociedad vasca debería buscar otro punto de encuentro en su propio seno sobre el marco de relación jurídico-política que desea tener con el Estado español.
En mi condición de Lehendakari, debo tener presente las distintas sensibilidades de todos los vascos. Por este motivo, este punto de encuentro no lo visualizo ni en la independencia ni en la actual Constitución. Teniendo en cuenta la "realidad del momento" histórico político actual, concibo un punto de encuentro que sobre la base de partida de la realidad política e institucional actual y de los marcos jurídicos vigentes, es decir, de lo construído hasta hora, defina un nuevo estatuto, no sólo en términos de haber competencial, de "tener para hacer", sino sobre el principio del reconocimiento del "ser para decidir".
Sobre la base del reconocimiento de este principio, cualquier proceso de negociación debería de partir, en todo caso, del cumplimiento íntegro e inmediato del contenido material de actual Estatuto de Autonomía, una Ley Orgánica, pendiente desde hace más de veinte años , sobre todo en lo que atañe al ámbito sociolaboral.
Además, el proceso de negociación debería adaptar el marco de relación a la nueva realidad europea e internacional, posibilitando el establecimiento de niveles de relación política e institucional entre los distintos Territorios Vascos, contemplando la presencia y participación directa de Euskadi en Europa en aquellos asuntos de su competencia exclusiva, y facilitando su presencia compartida en los foros internacionales en representación y defensa, tanto de su identidad singular, como de sus competencias y políticas públicas.

En conclusión, el camino a recorrer, en mi opinión, pasa, en definitiva, por reconocer la personalidad de la sociedad vasca para definirse a sí misma, y a partir de aquí, establecer una relación de convivencia con el Estado, basada en la libre adhesión y en el respeto mutuo.
Estamos llegando al final del camino. Un camino que hemos recorrido juntos con el ánimo no sólo de recuperar la Paz en términos de ausencia de violencia, sino también lograr la normalización política definitiva sobre la base de puntos de encuentro que permitan un marco de convivencia en armonía.
No obstante, no me parece correcto, dada la situación actual, dejar de reconocer la existencia de otros caminos distintos al propuesto, la aplicación de otras "estrategias alternativas" para erradicar la violencia y para la normalización política de Euskadi.
Me voy a referir brevemente a estas "estrategias alternativas".

VI.- Otras Estrategias alternativas:

1.- Estrategia de la violencia y de la imposición por parte de ETA.

- Vuelta al pasado. Vuelta a un callejón sin salida.
- La estrategia política es incompatible con la violencia. Cualquier reivindicación democrática queda prostituída por la violencia.
- Es una estrategia totalmente inservible.
- Representa más dolor y sufrimiento para la sociedad vasca que no aceptará nunca la vuelta al pasado.
- Es una estrategia equivocada y errónea, no sólo desde un punto de vista ético y moral, sino político y social.
2.- Estrategia inmovilista para erradicar la violencia.

¿La estrategia única y estrictamente policial traerá consigo el final de la violencia?
Si ETA fuera un clan familiar que se dedica al chantaje y al asesinato posiblemente sí, pero me temo que sería autoengañarnos. La experiencia histórica nos dice que ni los años más duros de la dictadura, ni los éxitos policiales de la democracia, ni siquiera la guerra sucia, han servido para eliminar definitivamente la violencia.
En cualquier caso, ¿una hipotética derrota policial y detención masiva de la cúpula de ETA traería al día siguiente la Paz a las calles de Euskadi y la normalización política a la sociedad vasca?
Me temo que tampoco, y esta sensación personal, que se sustenta en la historia anterior y en el conocimiento de la realidad vasca , es compartida por la abrumadora mayoría de la sociedad vasca que ha manifestado, cada vez que ha sido consultada, que la vía policial es insuficiente, por sí misma, para la solución del conflicto. Al contrario, la inmensa mayoría opinamos que el final de la violencia sólo vendrá por la vía del diálogo y de la negociación, y así lo manifestamos expresamente en el punto diez del Acuerdo de Ajuria-Enea que firmamos todos los partidos políticos en 1988.
Pero, además, ¿alguien piensa que la sociedad vasca se va a contentar si los partidos políticos nos dedicamos a atrincherarnos en el recurso de condenar la violencia y pedir a ETA que deje de matar?

3.- Estrategia cerrada para la Normalización Política. El actual marco jurídico no admite cambios. El Estatuto y la Constitución son estación término. Estrategia de punto final.
Es una estrategia también legítima, pero posiblemente no es la más razonable en términos políticos ni la más defendible en términos estrictamente democráticos. Podemos taparnos los oídos y mirar para otro lado para no oír ni ver el tren, pero no por eso el tren deja de andar y corremos el peligro de que nos atropelle. El tren de la reivindicación del derecho a decidir, del reconocimiento de una identidad propia y de soberanía compartida que propugna una parte muy importante de la sociedad vasca no se va a detener porque miremos a otro lado.
Yo creo que la postura más inteligente es reconocer su existencia y encauzar por la vía del pacto y de la negociación esta reivindicación. Porque, por mucho que alguien se empeñe en cerrar "con llave" la Constitución y el Estatuto, hay dos realidades incuestionables:

- La Constitución española actual tiene el respaldo democrático que tiene en la sociedad vasca, ni uno más ni uno menos.
- El Estatuto actual fue apoyado mayoritariamente por la sociedad vasca, pero no fue capaz de integrar a todos los vascos. Han pasado 20 años y todavía está sin cumplir.
¿Alguien piensa de verdad, que el punto de encuentro de la sociedad vasca consiste en seguir reclamando al Estado español el pleno y leal desarrollo del Estatuto durante los próximos veinte años?
¿Alguien piensa, de verdad, que durante los próximos veinte años la sociedad vasca va a sentirse cómoda defendiendo su Autogobierno y su Concierto Económico, único residuo de su soberanía originaria, de los recursos judiciales, ataques y acusaciones de privilegio que realiza permanentemente el Estado español? Yo, sinceramente, creo que tampoco ésta es la vía de la normalización política definitiva para el País Vasco.

VII.- Final:

Deseo finalizar como empecé el comienzo de mi intervención. Convivir es una de las palabras más hermosas que se pueda aplicar a la vida en común. La convivencia en armonía, por tanto, sólo es posible desde la ausencia de violencia, desde la Paz incondicional, desde la tolerancia, el reconocimiento a la identidad del otro y el respeto a su capacidad de decidir por sí mismo.
En definitiva, se trata de reconocer el derecho que tiene el Pueblo Vasco de decidir lo que quiera ser en el futuro, desde el respeto y el reconocimiento de lo que hoy es.
Desde esta premisa democrática todos debemos aceptar la decisión de la sociedad vasca, teniendo en cuenta los ámbitos institucionales y políticos en los que ésta se estructura y la realidad del momento histórico en que ésta se produce.
Soy consciente de las complicaciones y dificultades que entraña plantear estas reflexiones en el momento en que ETA ha decidido de nuevo la ruptura de la convivencia. No obstante, el esfuerzo merece la pena. La Paz, la normalización política y la recuperación de la convivencia afectiva con España en el seno de la sociedad vasca, son dignos objetivos de cualquier demócrata y deben ser la principal responsabilidad de todo dirigente político.
La convivencia entre pueblos o en la familia entraña afectividad, emotividad, tolerancia. En el siglo XXI, los proyectos políticos son de libre adhesión o de ficción. En la vida, ¿es posible convivir..., compartir..., si no hay afecto..., si no hay respeto?

 
 

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