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1.- Introducción:
"Abrir un nuevo tiempo político basado en el diálogo democrático"
El pasado 11 de septiembre, asistimos estupefactos a los
atentados terroristas contra el corazón de Estados Unidos
y una oleada de condena recorrió el mundo en solidaridad con
las miles y miles de víctimas inocentes que la sinrazón y
el fanatismo había provocado.El pasado 11 de septiembre, asistimos
estupefactos a los atentados terroristas contra el corazón
de Estados Unidos y una oleada de condena recorrió el mundo
en solidaridad con las miles y miles de víctimas inocentes
que la sinrazón y el fanatismo había provocado.El pasado 11
de septiembre, asistimos estupefactos a los atentados terroristas
contra el corazón de Estados Unidos y una oleada de condena
recorrió el mundo en solidaridad con las miles y miles de
víctimas inocentes que la sinrazón y el fanatismo había provocado.
Se había hecho patente, con toda su crudeza, una amenaza
latente que había ido creciendo desde las raíces
del odio y la desesperación.
En el siglo del conocimiento, la humanidad vuelve a sentir
la amenaza de la violencia y de la guerra. Parece que los
seres humanos no hemos aprendido nada de la historia y alumbramos
el siglo XXI con la pesadilla de la violencia y del sufrimiento.
Estos bárbaros atentados nos sitúan ante un
gran debate sobre la seguridad mundial.
El debate, sin duda, debe girar en torno a cómo responder
en legítima defensa y castigar a los culpables de esa
brutal agresión, pero también, en cómo
garantizar un mundo más seguro y más equilibrado.
La respuesta a esta pregunta, en mi opinión, presenta
dos alternativas.
Por una parte está la opción que defienden
aquellos que opinan que la seguridad internacional se construye
con la utilización de la fuerza y con la creación
de una especie de estado policial mundial. La otra, es la
de quienes opinamos que si no edificamos un nuevo orden internacional
sobre la justicia, los derechos individuales, la solidaridad
con los países desfavorecidos, y el reconocimiento
y el respeto mutuo entre los pueblos, el mundo será,
cada vez, más inseguro.
Es preciso extender la cultura de la Paz a nivel mundial y
no la cultura de la guerra. A la intolerancia hay que vencerla
con la democracia. Sólo un mundo más justo será
un mundo más seguro.
Esta es la reflexión que tenemos que lanzar desde
Euskadi.
Tenemos que hacer una llamada a la Paz. Tenemos que aportar
nuestro granito de arena para construir un proyecto de convivencia
en el que quepan todos los seres humanos y los pueblos de
la Tierra, desde el respeto mutuo y apelando al diálogo
para abordar la raíz de los problemas políticos
y sociales que hoy padecemos en nuestro Planeta.
La aportación que desde nuestro pequeño Pueblo
podemos hoy hacer para construir un mundo más humano,
es que, entre todos, seamos capaces de utilizar el diálogo
para solucionar nuestros problemas de convivencia.
En este sentido, y tal como les anuncié a todos ustedes
en la Sesión de Investidura, celebrado el pasado 11
de julio, es mi intención abrir un nuevo tiempo
político basado en el diálogo democrático.
Un diálogo que sea capaz de establecer unos principios
éticos compartidos frente a la violencia, que posibilite
el contraste normalizado de los diferentes proyectos políticos
existentes y que logre fijar un procedimiento para la búsqueda
de nuevos consensos básicos no alcanzados hasta el
momento en la sociedad vasca.
En mi opinión, este Parlamento, en el que están
representadas todas las fuerzas políticas que han recibido
el apoyo de la ciudadanía vasca, debe ser el verdadero
motor, el centro de operaciones, de este nuevo tiempo de diálogo
político.
Es preciso revalorizar el papel del Parlamento Vasco como
una Institución básica de nuestro Autogobierno.
Entre todos tenemos que hacer de él un verdadero instrumento
para dar soluciones políticas a los problemas de nuestros
ciudadanos y ciudadanas, porque el Parlamento es el foro de
diálogo por excelencia, representa, en sí mismo,
el valor de la palabra frente a la barbarie de la violencia,
y constituye la mejor manifestación de la fuerza de
la razón, frente a la razón de la fuerza.
Por este motivo, y dando respuesta a los compromisos que
asumí públicamente ante la sociedad vasca en
el Debate de Investidura, considero oportuno que iniciemos
esta Séptima legislatura con un pleno monográfico
en el que podamos materializar el primer paso de esta nueva
andadura política que entre todos tenemos que recorrer.
Un primer paso que debe servir para compartir la defensa
de los derechos humanos y de las libertades frente a la violencia,
y para diferenciar claramente la existencia de la violencia
del problema de normalización política.
Un debate, en definitiva, para diferenciar de una vez por
todas, la lucha contra cualquier vulneración de los
derechos humanos por un lado, y el planteamiento de soluciones
políticas para dar respuesta a los problemas políticos,
por otro.
Estoy convencido de que vamos a tener una nueva oportunidad.
La sociedad vasca se merece una nueva oportunidad y creo que
es nuestro deber, como representantes políticos, desarrollar
las iniciativas precisas que permitan abrir las puertas de
"par en par" a esa nueva oportunidad. Porque una
sociedad que vive sin esperanza y sin ilusión es una
sociedad abocada al fracaso.
Yo creo en la sociedad vasca porque ha demostrado que tiene
la madurez, la fortaleza de ánimo y la serenidad suficientes
para afrontar cualquier reto, por difícil que éste
sea.
Nos toca pues, a nosotros, demostrar ahora que estamos a
la altura de nuestra sociedad.
Afrontemos con determinación la erradicación
de la violencia, esa debe seguir siendo nuestra prioridad
y nuestro objetivo como sociedad. Apliquemos con firmeza los
instrumentos de que dispone el Estado de derecho para defender
la libertad y la seguridad de las personas. Pero no caigamos
en los errores del pasado. No sigamos subordinando la política
a la violencia. Asumamos con toda serenidad que más
allá de la violencia existe un problema político
al que tenemos que dar soluciones desde la política
y la democracia.
Es tiempo de hacer política.
ETA ha vuelto a demostrar, con sus barbaridades y crueles
asesinatos, que no está dispuesta a permitir que hagamos
política, quiere ejercer, por la vía de la violencia,
el protagonismo que le ha negado la sociedad vasca.
La única decisión, el único protagonismo
que le puede corresponder a ETA, es respetar la voluntad del
Pueblo Vasco y abandonar definitivamente la violencia. Esa
decisión es responsabilidad única y exclusiva
de ETA. Nuestra responsabilidad, como representantes políticos
es, precisamente, evitar que sea ETA quien fije el rumbo y
marque el ritmo de la vida política y social de nuestro
País.
Tomemos la iniciativa política y establezcamos los
cauces democráticos para dar una oportunidad a la Paz
y a la convivencia. Porque, si condicionamos el debate político
a la desaparición de la violencia de ETA, estaremos
entregando la llave de nuestro futuro a la decisión
de ETA, estaremos cerrando todas las ventanas a la esperanza
y volveremos a caer en el error de mezclar y confundir la
erradicación de la violencia con la solución
de los problemas políticos.
¿Puede haber algo que le dé más valor
político al terrorismo que supeditar la defensa de
los proyectos políticos legítimos que democráticamente
han recibido el apoyo de la sociedad vasca, a la desaparición
de ese terrorismo?
El objetivo fundamental de este pleno monográfico
es doble. Por un lado, compartir principios y establecer procedimientos
para defender los derechos humanos y las libertades de todas
las personas y erradicar la violencia, y por otro lado, diferenciar
claramente la existencia de la violencia del problema de normalización
política, cuya existencia también es preciso
reconocer y abordar mediante el diálogo, con el objetivo
de lograr la convivencia.
En este sentido, mi intervención va a tener un apartado
fundamental centrado en las iniciativas puestas en marcha
para defender los derechos y las libertades de todas las personas,
y para erradicar la violencia como objetivo prioritario de
la sociedad vasca.
En segundo lugar, procederé a establecer claramente
la diferenciación entre el problema de la violencia,
es decir la vulneración injustificable de los derechos
humanos y el problema de la normalización política.
Porque, en mi opinión, sólo si partimos de esa
clara separación y reconocemos la existencia de un
problema político más allá de la violencia,
seremos capaces de plantear y evaluar los procedimientos democráticos
para su resolución.
Por último, haré una referencia al diálogo,
precisamente como el procedimiento más adecuado para
que, desde el principio compartido de la defensa de la vida
y de los derechos humanos, podamos encauzar la solución
a este problema de normalización política.
Abramos un nuevo tiempo político.
Quitemos la llave de nuestro futuro a la violencia y, desde
el reconocimiento y el respeto mutuo, busquemos, por la vía
del diálogo, nuevos consensos democráticos para
la convivencia.
2.- La defensa de los derechos humanos
y las libertades de todas las personas y la erradicación de
la violencia como objetivo prioritario.
Con la decisión de la ruptura de la tregua y la trágica
secuela de muertes, dolor y sufrimiento que ha provocado,
ETA ha vuelto a poner de manifiesto su absoluto desprecio
a la voluntad del Pueblo Vasco, -ese Pueblo al que sarcásticamente
dice defender y respetar-, y también ha vuelto a demostrar
su profundo desprecio a la vida humana y a la dignidad de
las personas.
Aunque resulte reiterada, nunca nos vamos a cansar de expresar
nuestra condena más rotunda y el rechazo inequívoco
de la sociedad vasca a la utilización de la violencia
y del terrorismo.
El mejor servicio que se puede hacer ETA a sí misma
y a nuestro Pueblo, es desaparecer y dejar en manos de la
sociedad vasca las decisiones sobre nuestro propio futuro.
Quiero adelantarles que no es mi intención reabrir
el debate filosófico sobre las causas y el origen de
la violencia, porque los principios éticos y morales
prevalecen sobre las razones, cualesquiera que éstas
sean, que le impulsan a alguien a cometer un asesinato.
Los actos violentos, los delitos, deben ser perseguidos y
sus autores juzgados y encarcelados.
La violencia, todo tipo de violencia, es éticamente
condenable, y políticamente rechazable, y punto. Este
es un diagnóstico y un principio que debemos de compartir
quienes apostamos, única y exclusivamente por las vías
estrictamente políticas y democráticas para
la solución de los conflictos.
Ninguna idea política, ningún proyecto, ningún
derecho colectivo, debe defenderse conculcando los derechos
individuales de las personas. Velar por la seguridad y la
libertad de todos los ciudadanos y ciudadanas es la obligación
prioritaria de un Estado de derecho y la máxima responsabilidad
de un Gobierno democrático.
Siendo esto así, e independientemente de las razones
que en su día pudieron dar origen a la escalada criminal
de ETA, es preciso reconocer que la violencia ha llegado a
formar parte de nuestra vida social, se ha enquistado en las
arterias de nuestra convivencia y se ha convertido en un fenómeno
cuya erradicación excede con mucho a la mera detención
policial de comandos, como si se tratara, simplemente, de
encarcelar a una banda de delincuentes sin ningún tipo
de referencia social y sin capacidad de regeneración.
La experiencia nos indica que la solución a la violencia
que padecemos es más compleja que la simple adopción
de medidas policiales, siendo estas estrictamente necesarias
e imprescindibles.
Por eso, además de la eficacia de las medidas policiales,
es preciso adoptar una serie de iniciativas sociales e institucionales
complementarias que supongan un referente ético conjunto
frente a la violencia, así como diseñar una
estrategia de humanización y distensión para
romper la espiral de dolor y sufrimiento a que nos quiere
conducir ETA.
Desde esta perspectiva, y de conformidad con los planteamientos
que presenté en esta Cámara el pasado mes de
Julio, deseo poner en su conocimiento, y en el del conjunto
de la sociedad, las iniciativas que ya están en marcha,
tanto en el ámbito de la política de seguridad,
como en el social e institucional, para defender los derechos
humanos y las libertades de todas las personas.
2.1) Iniciativas en el Ambito de
la Política de Seguridad
En el Debate de Investidura afirme que "el desarrollo
de la política de seguridad contra el terrorismo, en
cualquiera de sus manifestaciones, es uno de los pilares fundamentales
del compromiso ético con la defensa de la vida y de
los derechos humanos" porque la violencia quiebra
directamente las bases sobre las que se asienta la convivencia
de una sociedad moderna.
La prioridad del Gobierno en la lucha contra el terrorismo
se explica así, no sólo por la defensa de la
libertad y de los derechos individuales, sino como una necesidad
de reacción en defensa del conjunto social.
En este sentido, la primera referencia que debo hacer al
analizar la dimensión policial del ámbito de
la seguridad es, sin duda, una felicitación y reconocimiento
a la labor de la Ertzaintza. El trabajo de nuestra Policía
en la lucha por las libertades ha sido, es y será,
permanente y ha ido dando sus resultados de forma constante
en el tiempo.
La segunda reflexión que quiero aportar, en este sentido,
es mi sincero convencimiento de que la política de
seguridad debe quedar fuera del debate partidista. Los primeros
tiempos de esta nueva legislatura deben servir para que todos
los grupos parlamentarios de esta Cámara realicemos
una profunda autocrítica sobre el debate, a mi juicio,
radicalmente negativo, que se ha mantenido en los últimos
años sobre esta materia.
Si hay una demanda social acreditada con absoluta claridad,
esta es, precisamente, la de unir los esfuerzos de los agentes
políticos y sociales en defensa del principio de la
libertad y de los derechos fundamentales de las personas.
Con este enfoque, y desde estos principios, se están
abordando por parte del Gobierno las medidas de la política
de seguridad, articuladas sobre los tres ejes que planteé
en el Debate de Investidura.
A) Coordinación con el Estado.
B) Refuerzo de las unidades de información y su coordinación
con la seguridad ciudadana; y
C) Dimensionamiento adecuado de los recursos policiales.
A) Coordinación con el
Estado
Conocen todos ustedes, porque gran parte de lo realizado
ha tenido carácter público, el especial esfuerzo
desarrollado en este ámbito durante estos meses.
El objetivo fundamental de la reunión mantenida entre
el Consejero y el Ministro de Interior el pasado 3 de agosto,
fue precisamente crear las condiciones políticas que
permitieran avanzar en iniciativas de coordinación.
La mejora en la coordinación que se ha producido ha
sido posible porque hemos partido de tres principios básicos:
- La coordinación es un elemento imprescindible para
garantizar la seguridad de las personas.
- La coordinación debe plantearse como un elemento
de trabajo preciso para la seguridad, sin confundirla con
otros propósitos o intencionalidades, "despolitizando"
y partiendo del respeto y reconocimiento a las respectivas
responsabilidades.
- El eje sobre el que debe articularse la coordinación
policial en Euskadi es la Ertzaintza. Este es un principio
fundamental que debe reconocerse y respetarse, porque así
fue constituido como un elemento nuclear del pacto estatutario,
porque así es asumido por la sociedad vasca y porque
la trayectoria ininterrumpida de la Ertzaintza durante veinte
años así lo acredita.
De esta forma, hemos conseguido avances significativos, porque
sobre los citados principios hemos sido capaces de dar con
una clave fundamental: <li>"haber despejado el
debate partidista de la política de seguridad"</i>.
Esto ha permitido reforzar el papel de la Comisión
de Coordinación para la Seguridad de las Personas.
Se han producido los intercambios de información precisos
que han permitido mejorar el plan de seguridad de escoltas
y se han desarrollado los sistemas de coordinación
a fin de evaluar y analizar la información disponible
para prevenir y evitar atentados contra la vida y la seguridad
de las personas.
Ahora bien, la coordinación con el Estado en materia
de seguridad tiene también otra vertiente de importancia
capital en la que no hemos percibido ningún tipo de
disposición favorable por parte del Gobierno español
y que, evidentemente, debo lamentar porque reduce la capacidad
de la Ertzaintza para luchar contra el terrorismo. Me refiero
a la incorporación de la Ertzainza al convenio Schengen
y su participación en los foros europeos relacionados
con la política de seguridad interior.
En este sentido, exigir a la Ertzaintza resultados plenos
y cerrarle, a su vez, el camino de la participación
e, incluso, de la información en Europa es, pura y
simplemente, una muestra de hipocresía y de falta real
de voluntad política para superar situaciones de contradicción
que vienen acompañando a la política de seguridad
en estas dos décadas.
La aprobación por el Parlamento Europeo del Informe
WATSON, en este mes de septiembre, debería despejar
cualquier duda o reticencia política al respecto. Si
se apoya la existencia de un auténtico espacio común
de seguridad, con eliminación de barreras estatales
para mejorar la eficacia de las medidas policiales de persecución
del delito y para la efectividad de sentencias judiciales,
no puede defenderse al mismo tiempo la exclusión de
ese mismo espacio común de la Ertzaintza, como policía
integral y prioritaria de Euskadi, es decir, de uno de los
territorios de ese espacio común.
La lucha contra la violencia es una lucha basada en la información
y, por tanto, la incorporación a todos los efectos
de la Ertzaintza al convenio de Shengen no es un capricho
o una veleidad nacionalista, es una cuestión fundamental
para mejorar nuestra capacidad en la persecución del
delito y en la lucha contra la violencia.
Pero, además, debo recordarles que estamos planteando
cuestiones respaldadas por este Parlamento, que aprobó
esta iniciativa ya en noviembre de 1999, precisamente sin
el apoyo del Partido Popular ni de Euskal Herritarrok. Acuerdo
que, en todo caso, debería ser respetado por el Gobierno
español, en cuanto voluntad expresamente manifestada
por esta Cámara.
Creo, sinceramente, que la negativa del Partido Popular para
abordar esta cuestión pone de manifiesto un prejuicio
político injustificable que denota, en realidad, un
temor a nuestro legítimo autogobierno y que limita
la capacidad operativa de la Ertzaintza.
B) Refuerzo de las unidades
de información y su coordinación con las de
seguridad ciudadana
Como avancé en el Debate de Investidura, puedo señalar
con satisfacción, que se han mejorado los instrumentos
precisos para reforzar las unidades de información
y mejorar su coordinación con las de seguridad ciudadana.
En efecto, las Unidades dependientes de la División
de la Policía de lo Criminal, han tenido una importante
redistribución, incremento y especialización
de sus efectivos, que ya se han incorporado en la propia Relación
de Puestos de Trabajo y cuya cobertura se abordará
de forma urgente, mediante los procedimientos de provisión
previstos en la Ley de Policía.
Por otra parte, tanto la División de la Policía
de lo Criminal, como la de Seguridad Ciudadana, han puesto
ya en marcha órganos y procedimientos de coordinación
que están dando sus resultados.
En este sentido, debo hacer mención al resultado extraordinariamente
positivo que ha tenido la puesta en marcha, el pasado verano,
del Plan de Acción contra la "Kale Borroka"
establecido por el Departamento de Interior y coordinado entre
ambas divisiones de la Ertzaintza.
Seguir y ahondar esta senda de trabajo serio y eficaz, libre
de presiones externas, es el objetivo del Gobierno en esta
materia.
C) Dimensionamiento adecuado
de los recursos policiales
También planteé en el pasado Debate de Investidura
una serie de medidas para mejorar el dimensionamiento de los
recursos policiales.
A este respecto, el Departamento de Interior ha comenzado
ya la elaboración de un Plan Director de reorganización
y dimensionamiento de Unidades. Será, sin duda, un
Plan complejo, cuya elaboración requiere la participación
de los sindicatos policiales y la coordinación con
las autoridades locales, pero se trata de un plan absolutamente
necesario, porque después de culminado el despliegue
territorial y tras dos décadas de experiencia, es preciso
proceder a la adaptación, mejora y actualización
de la Ertzaintza a las necesidades presentes.
Por otro lado, el Departamento de Interior ya ha planteado al
Ministerio en la Junta de Seguridad, el incremento de 150 nuevas
plazas de agentes. Este aumento de nuevos efectivos es urgente
para afrontar con garantías las nuevas necesidades derivadas
de los planes de seguridad y de escoltas puestos en marcha,
así como de las nuevas medidas adoptadas para la prevención
de la violencia.
Asimismo, se está trabajando para incrementar la coordinación
preventiva con las Policías Locales, desarrollando,
en primer lugar, los aspectos formativos como elemento clave
que nos permita establecer en el futuro inmediato medidas
de coordinación operativas.
Para finalizar la exposición de las iniciativas puestas
en marcha en el ámbito de la política de seguridad,
deseo reiterar nuestra voluntad de desarrollar un trabajo conjunto
con los grupos parlamentarios para proceder a una evaluación
constante de estas materias y adoptar las medidas que sean precisas
para mejorar su eficacia.
A este respecto, y tal como anuncié en el Debate de Investidura,
vamos a mantener puntualmente informado al Parlamento, a través
del Consejero de Interior, del desarrollo de estas medidas y
de las que se vayan adoptando, en defensa de la libertad y la
seguridad de las personas, de la forma más adecuada que
permita garantizar la confidencialidad necesaria en esta materia.
2.2) Iniciativas en el Ambito social
e institucional para la defensa de los derechos humanos y
de las libertades
En este ámbito, quiero poner en su conocimiento las
iniciativas que estamos poniendo en marcha para impulsar la
concienciación social a favor de la no-violencia y
la defensa del derecho a la vida, la libertad y la seguridad
de todas las personas, sin distinción.
Estas iniciativas se sustancian en cinco aspectos: la elaboración
de un Manifiesto Interinstitucional; el apoyo y la solidaridad
con las víctimas del terrorismo; el diseño de
un Observatorio de los Derechos Humanos y las Libertades;
una Campaña de Sensibilización Social y la necesidad
de desarrollar una Política Penitenciaria acorde con
la Justicia y a los Derechos Humanos.
A) Manifiesto Interinstitucional
Dando respuesta al compromiso que anuncié el pasado
mes de julio, se ha procedido a la elaboración de un
Manifiesto que va a ser sometido a la consideración
de las Diputaciones Forales y Eudel, a efectos de recoger
sus valoraciones y poder ser ratificado conjuntamente.
El manifiesto es un referente ético y de comportamiento
social e institucional frente a la violencia.
Por su indudable interés político y social,
y habida cuenta del máximo respeto institucional que
me merece este Parlamento, he creído oportuno hacerles
partícipes de los aspectos fundamentales de su contenido,
en esta comparecencia.
Manifiesto Institucional en defensa
del derecho a la vida, la libertad y la seguridad de todas
las personas.
Los responsables institucionales del Gobierno, Diputaciones
y Ayuntamientos vascos, como expresión de la voluntad
mayoritaria de los ciudadanos y ciudadanas que representamos,
deseamos exponer los siguientes principios compartidos:
Primero: Todo ser humano tiene derecho a la vida,
a la seguridad y a la libertad, y a las Instituciones nos
corresponde velar por la defensa y el ejercicio pleno de estos
derechos.
Segundo: El respeto y la defensa de los derechos fundamentales
de las personas son la base para la organización y
la convivencia de los Pueblos. Ninguna sociedad justa puede
aceptar que los proyectos políticos se defiendan a
costa de conculcar la dignidad humana.
Tercero: Los conflictos políticos sólo
se pueden resolver desde el diálogo, el respeto mutuo
y la tolerancia para todas las ideas, utilizando, única
y exclusivamente, los mecanismos que la política y
la democracia tienen para conformar la voluntad de los Pueblos.
Cuarto: La Paz debe ser fruto de la justicia y de
la democracia y no el resultado de la imposición por
la fuerza de un determinado proyecto en contra de la voluntad
mayoritaria de la ciudadanía. No se puede supeditar
la Paz a la obtención de un determinado proyecto político,
ni la violencia debe ser utilizada como coartada para condicionar
e impedir la defensa y materialización de los proyectos
políticos legítimos y democráticos.
En consecuencia, deseamos manifestar los siguientes Compromisos:
1) Nuestro compromiso prioritario con el derecho a la vida
como principio fundamental de la convivencia y, en consecuencia,
nuestro rechazo a todo tipo de violencia y extorsión
y la exigencia a ETA del abandono definitivo de las armas.
2) Nuestro compromiso en desarrollar y aplicar, en nuestros
respectivos ámbitos, las medidas de que dispone el
estado de derecho para garantizar la seguridad y las libertades
de todos y cada uno de los ciudadanos y ciudadanas.
3) Nuestro compromiso de solidaridad activa y de reconocimiento
ético, social y material a todas las personas que han
sufrido y sufren la violencia, la intolerancia y el terrorismo,
en cualquiera de sus manifestaciones.
4) Nuestro compromiso con el diálogo para impulsar
cuantas iniciativas contribuyan a erradicar todo tipo de violencia
y a crear la condiciones precisas para lograr la normalización
política y la convivencia en el seno de la sociedad
vasca.
5) Nuestro compromiso permanente con la justicia y la defensa
de los derechos humanos y las libertades de todas y cada una
de las personas, sin distinción, y sin discriminación
alguna por sus ideas civiles, políticas o religiosas,
por razón de sexo, edad o estado civil, o por su condición
de personas encarceladas, incluso acusados de graves delitos.
6) Nuestro compromiso de actuación conjunta para desarrollar
cuantas iniciativas políticas, sociales y de seguridad
sean precisas, para que ninguna fuerza política quede
excluida, por presión de la violencia, de poder estar
representada en las Instituciones para defender democráticamente
sus proyectos.
Para dar cumplimiento a estos principios y compromisos, propondremos
la puesta en marcha de una serie de iniciativas concretas
que nos permitan, entre otras cuestiones:
- Dar una respuesta institucional unitaria y compartida frente
a los atentados y asesinatos cometidos por el terrorismo.
- Eliminar de los espacios públicos cualquier manifestación
gráfica que atente contra la seguridad y la libertad
de las personas.
- Potenciar los mecanismos de coordinación y de información
para prevenir los actos de violencia callejera o de violencia
de persecución.
- Propiciar el desarrollo de iniciativas cívicas y
de sensibilización social a favor de la no violencia
y de la defensa de los Derechos Humanos de todas las personas,
con carácter universal.
Este es, por tanto, el contenido del manifiesto institucional
en defensa del derecho a la vida, la seguridad y la libertad
de todas las personas, que anuncié en su día
como uno de los primeros compromisos de este Gobierno, y cuyo
borrador remitiré, con carácter inmediato, a
las Diputaciones Forales y a Eudel para su análisis
y toma en consideración.
Sinceramente, creo que su impulso sería un paso fundamental
para compartir un suelo ético y democrático,
y por este motivo, he considerado oportuno dar cuenta del
mismo a esta Cámara.
B) Apoyo y solidaridad a las víctimas
del Terrorismo
Desde el Gobierno vamos a desarrollar cuantas iniciativas
sean precisas para arropar a las víctimas del terrorismo.
Creemos sinceramente que la sociedad vasca tiene una deuda
de solidaridad con estas personas que han sufrido en su propia
carne la barbarie y la sinrazón del terrorismo. Queremos
prestarles todo nuestro cariño y acompañarles
en su dolor.
En este sentido, deseo informar a esta Cámara que
el Gobierno ha decidido potenciar y completar las ayudas materiales
y la atención que se presta actualmente a las víctimas
del terrorismo.
Para ello, quiero anunciarles que se va a crear una dirección
específica de Atención a las Víctimas
del Terrorismo, que contará con una estructura de personal
y de medios materiales acorde a las nuevas funciones y servicios
que vamos a desarrollar.
A este respecto, y con carácter prioritario, se procederá
a la elaboración de un Plan de carácter global
que, partiendo del análisis y revisión de los
actuales programas de ayudas, aborde de una forma integral
las acciones de los diversos sectores públicos -en
el ámbito educativo, laboral, vivienda, sanitario y
de atención psicológica, -entre otros-, que
permitan responder de forma adecuada a las necesidades de
las víctimas del terrorismo.
Asimismo, y en línea con el compromiso del Gobierno
de profundizar en el reconocimiento ético, moral y
material de las víctimas del terrorismo, quisiera valorar
positivamente la creación, en el seno de la Comisión
de Derechos Humanos, de una ponencia específica de
Víctimas del Terrorismo, que aborde la problemática
diferenciada de este colectivo sobre la base de los trabajos
y conclusiones recogidas en el informe de la "Comisión
de Víctimas de la violencia" elaborado en la pasada
legislatura y que, en mi opinión, constituye un esfuerzo
valioso como referencia y punto de partida para iniciar una
nueva etapa.
Creo que ha llegado el momento de que hagamos un esfuerzo
adicional por abrir la reflexión y la solidaridad con
las víctimas del terrorismo al conjunto de la sociedad
y evitar que nuestras rencillas y divergencias partidistas
puedan ser utilizadas para instrumentalizar políticamente
el dolor y el sufrimiento de este colectivo.
C) Observatorio de Derechos
Humanos y Libertades
Como recordarán, me comprometí en el Debate
de Investidura a la puesta en marcha de un observatorio que
vele por los derechos humanos y las libertades de todas las
personas. Un organismo, de carácter mixto, en el que
pudieran participar responsables de todos los departamentos
e instituciones implicadas, así como representantes
de la judicatura, la universidad, la Iglesia y movimientos
cívicos y pacifistas; y desde el que se atenderá
la defensa prioritaria de todos aquellos colectivos que sufren
especialmente la violencia física y psicológica
que degrada los valores éticos de una sociedad.
A este respecto, les adelanto que vamos a proceder a encargar
el proyecto de diseño y estructura del mismo a la Fundación
para una Cultura de la Paz, presidida por D. Federico Mayor
Zaragoza, ex-Director General de la Unesco y persona de probada
reputación en su lucha por la defensa de los derechos
humanos, con el que ya se ha firmado un protocolo de colaboración.
Nuestro objetivo es poder disponer del proyecto en el primer
semestre del próximo año para la puesta en marcha
del observatorio en la segunda mitad del 2002.
D) Campaña de Sensibilización
Deseo informarles también de la decisión del
Gobierno de plantear en el proyecto de presupuestos del 2002,
actualmente en elaboración, una partida de carácter
multidepartamental para el desarrollo y materialización
de una campaña de sensibilización social dirigida
a concienciar a la sociedad vasca en general, y a los jóvenes
en particular, sobre el respeto a los Derechos Humanos, la
no-violencia y la justicia como pilares de la convivencia
social.
La campaña anual se ejecutará de forma coordinada
entre Lehendakaritza y los Departamentos de Justicia, Cultura
y Educación. Asimismo, esta campaña se abrirá
a la posibilidad de participación en la misma a las
Diputaciones Forales y Ayuntamientos, de conformidad con el
compromiso interinstitucional que deseamos desarrollar conjuntamente
en este ámbito.
E) Política Penitenciaria
Quiero hacer, por último, una reflexión sobre
la necesidad de abordar una política penitenciaria
que responda al espíritu de la ley y respete escrupulosamente
los derechos humanos, también de las personas detenidas,
en su condición de seres humanos.
Uno de los elementos que mejor pueden contribuir a incrementar
la legitimación social de las instituciones democráticas
frente a quienes intentan justificar la violencia, es la adopción
por parte de los responsables políticos y de los poderes
públicos de una postura clara, contundente, rotunda,
en defensa de los derechos humanos de todas y cada una de
las personas, sin excepción, también de las
personas detenidas y acusadas, incluso, de gravísimos
delitos, así como de sus familiares.
En mi opinión, no se deben utilizar los resortes políticos
para interpretar arbitraria y subjetivamente la normativa
penitenciaria en contra precisamente del espíritu de
la misma, que no es otro que el cumplimiento de las penas
en el ámbito más cercano posible al entorno
familiar de las personas condenadas, para facilitar la reinserción
social de las mismas, tal como, además, se recoge en
el Convenio Europeo de Derechos Humanos del Consejo de Europa.
En este sentido, y en consonancia con las resoluciones adoptadas
en numerosas ocasiones por este Parlamento, desde el Gobierno
Vasco instamos al Gobierno español a que ponga en marcha
una política de acercamiento de los presos y presas
vascas a los lugares más cercanos posibles a su lugar
de residencia, de tal forma que no se genere un castigo adicional
a sus familiares.
Asimismo, desde el Gobierno Vasco ratificamos e instamos
al cumplimiento urgente de la propuesta aprobada por unanimidad
-y subrayo por unanimidad- en las propias Cortes Generales,
referente a la aplicación de una nueva política
penitenciaria consensuada, dinámica y flexible que
mejor contribuya al proceso de paz, y cuyo contenido voy a
reproducir textualmente en mi intervención, dada su
vigencia y transcendencia:
"El Congreso insta al Gobierno a que mediante el más
amplio diálogo con todas las fuerzas políticas
desarrolle una nueva orientación consensuada, dinámica
y flexible, de la política penitenciaria en la forma
que mejor propicie el final de la violencia.
A que la solidaridad con las víctimas de la violencia
y sus familiares se plasme en acciones concretas y efectivas
en el marco de la máxima colaboración entre instituciones.
A que el diálogo, el consenso y el respeto a los principios
democráticos y a las legítimas opciones políticas
de los ciudadanos rija todo el proceso, que debe conducir al
fin de la violencia terrorista, y evite actitudes de enfrentamiento
entre posiciones ideológicas distintas".
2.3) Una reflexión sobre
el final dialogado de la violencia
Quisiera finalizar este apartado realizando una reflexión
inexcusable sobre la necesidad de gestionar, cuando así
sea posible, un final dialogado de la violencia.
A este respecto, quiero manifestar que el Gobierno Vasco
abogará por desarrollar cuantas iniciativas contribuyan
a adelantar el final de la violencia y a facilitar el desarrollo
de escenarios de diálogo que permitan abordar las cuestiones
relacionadas con la gestión del abandono de la violencia,
de forma similar a como se ha producido en otros conflictos,
tanto en el ámbito europeo como internacional; y siempre
desde la premisa de que las cuestiones políticas deben
ser dirimidas, única y exclusivamente, por los representantes
legítimos de la ciudadanía vasca.
Desde esta perspectiva, ratifico en su literalidad el punto
10 del Acuerdo de Ajuria-Enea, firmado por todos los Partidos
políticos el 12 de enero de 1988, en relación
con el final dialogado de la violencia que dice textualmente
"Si se producen las condiciones adecuadas para un
final dialogado de la violencia, fundamentadas en una clara
voluntad de poner fin a la misma y en actitudes inequívocas
que puedan conducir a esa convicción, apoyamos procesos
de diálogo entre los poderes competentes del Estado
y quienes decidan abandonar la violencia, respetando en todo
momento el principio democrático irrenunciable de que
las cuestiones políticas deben resolverse únicamente
a través de los representantes legítimos de
la voluntad popular".
3.- Diferenciación entre el problema
de la existencia de la violencia y el de la Normalización
Política.
Como he manifestado en la primera parte de mi exposición,
la violencia, -en cualquiera de sus manifestaciones-, es un
atentado a la dignidad y a la libertad de las personas, y
su erradicación es nuestro objetivo prioritario.
Hemos dicho en numerosas ocasiones que la violencia no es
la consecuencia necesaria e inevitable de un problema político.
A nuestro alrededor tenemos ejemplos de sociedades que tienen
conflictos políticos -Quebec, Escocia, Cataluña…etc.-
pero que no sufren manifestaciones de violencia.
La violencia ejercida por ETA ha distorsionado trágicamente
la convivencia vulnerando gravísimamente los derechos
humanos y, además, ha contribuido a tergiversar y envenenar
el debate político, provocando la confusión
interesada entre violencia y reivindicaciones legítimas
y democráticas.
Por todo ello, la inmensa mayoría de la sociedad vasca
y el Gobierno Vasco, rechazamos tajantemente la violencia
de ETA y, en consecuencia, le exigimos que abandone definitivamente
la violencia, toda vez que nos corresponde a los ciudadanos
y ciudadanas vascas decidir nuestro propio futuro a través
de vías, única y exclusivamente, pacíficas
y democráticas.
No podemos dejar en manos de ETA la llave que condicione,
cuando y como, podemos afrontar los problemas políticos
que tiene una sociedad madura y con identidad propia, como
la vasca.
La violencia no tiene ninguna justificación ética
ni política en nuestra sociedad y, por tanto, como
hemos dicho en tantas ocasiones es, en nuestra opinión,
un terrible error -y si se hace a conciencia una actitud política
detestable-, confundir la violencia con la defensa de proyectos
políticos legítimos y democráticos.
Si la violencia no tiene justificación política,
no se puede argumentar que la defensa de un determinado proyecto
político democrático, o su contrario, dan "alas"
a los violentos.
Si así lo hacemos, estaríamos cometiendo la barbaridad,
por ejemplo, de achacar a aquellos que defienden legítimamente
la unidad indisoluble de España o a los que defienden
democráticamente la independencia de Euskadi, la responsabilidad
política de la existencia de la violencia.
Defender, pacífica y democráticamente, la independencia
de Euskadi, la unidad de España o el derecho de autodeterminación,
son opciones políticas legítimas y ninguna de
ellas puede servir de argumento para justificar la violencia,
como tampoco la violencia debe utilizarse de excusa para criminalizar
ideas, sentimientos o proyectos políticos, presentes
en una sociedad democrática.
ETA, por tanto, no puede seguir siendo la coartada para evitar
afrontar, desde vías estrictamente políticas
y democráticas, el problema de normalización
política y de convivencia que existe en la sociedad
vasca.
Ahora bien, para abordar la solución de un problema
político es preciso, en primer lugar, reconocer su
existencia y, posteriormente, separar su tratamiento político
claramente de la violencia.
La misma realidad del nacionalismo democrático vasco,
con 106 años de historia, es la prueba irrefutable
de que antes de la aparición de ETA se daba un problema
de normalización política en Euskadi y que si
a ese problema político no le damos soluciones políticas,
no desaparecerá por sí solo, al margen de la
erradicación de la violencia.
Por eso, la primera pregunta que todos hoy debemos responder
en este Pleno ante la sociedad vasca es, si reconocemos o
no la existencia de un problema político, más
allá de la violencia.
3.1 ) ¿Existe un problema
político más allá de la violencia?
Yo, evidentemente, creo que sí, y negarlo es aplicar
la "técnica del avestruz", pero no creo que
es responsable desde un punto de vista político y social.
Podemos cerrar los ojos para no ver la realidad, pero la realidad
es muy terca y acaba emergiendo una y otra vez.
Esta realidad se ha manifestado permanentemente en la sociedad
vasca a lo largo de la historia, reflejándose en hechos
y signos externos difíciles de ocultar a los ojos de
cualquier observador.
- La realidad es que existe un Pueblo Vasco con una identidad
propia, sustentada en unas costumbres, en una historia, en
una lengua, -el euskera- y en unos rasgos culturales singulares.
- La realidad es que la Constitución Española
fue aprobada por el 30,8% de los ciudadanos y ciudadanas de
la Comunidad Autónoma Vasca.
- La realidad es que el Parlamento Vasco aprobó por
mayoría absoluta el 15 de febrero de 1990, es decir,
hace ahora 11 años, una resolución a favor del
derecho de autodeterminación del Pueblo Vasco.
- La terca realidad es que, tras más de un siglo de
existencia, el nacionalismo mantiene toda su vigencia, como
lo atestiguan los resultados de las pasadas elecciones. Lo
cual no es sino el síntoma más palpable de que
las razones políticas que justificaron su origen aún
siguen presentes. Existe un problema político pendiente
de resolver, como se refleja en la composición y en
los discursos de esta Cámara.
Soy consciente de que estos aspectos son aspectos parciales
de una realidad más compleja y no pretendo que se interpreten
como omnicomprensivos de toda la riqueza de matices de una
sociedad tan moderna y plural, como la sociedad vasca.
Pero, sin entrar en más razonamientos, entiendo que
estos argumentos son suficientes, por sí mismos, para
constatar que más allá, e independientemente,
de la existencia de violencia, existe un problema político
pendiente de resolver y que se ha venido en denominar "el
problema vasco".
Un problema que en términos democráticos definí
en Madrid ya en marzo de 2000, como "la existencia
de una parte muy significativa de la sociedad vasca que no
se siente cómoda con el actual marco constitucional,
porque no se le reconoce expresamente al Pueblo Vasco como
un sujeto político con identidad propia al que le corresponden
unos derechos históricos existentes antes de la propia
Constitución y, en definitiva, con capacidad para decidir,
libre y democráticamente, su propio futuro".
Queramos o no, esta es la manifestación de un problema
político que es preciso afrontar con normalidad y resolver
desde el respeto y el reconocimiento mutuo, en clave de convivencia
y no de ruptura.
Un problema que partiendo del reconocimiento, aceptación
y respeto profundo a la pluralidad de la sociedad vasca, se
refleja fielmente en la propia composición de este
Parlamento, donde se manifiestan los distintos proyectos políticos
y sentimientos que unos y otros tenemos en relación
con:
a) La identidad
- En nuestra sociedad existen ciudadanos y ciudadanas que
legítimamente se sienten, única y exclusivamente
vascos, y existen otros que, también legítimamente,
además de vascos, se sienten españoles.
b) La soberanía
- Hay quien defiende que los ciudadanos y ciudadanas vascas
son soberanos para decidir su propio futuro, y hay quien defiende
que España es la única nación soberana
y, por tanto, son el conjunto de los españoles los
que deben decidir el futuro de los vascos.
c) La Territorialidad
- Hay quien considera que el Pueblo Vasco debe ser una realidad
política unitaria y, por tanto, no acepta los marcos
jurídicos y políticos actuales.
- Hay quien rechaza cualquier forma de relación con
la Comunidad Foral de Navarra y con otros Territorios vascos,
aduciendo la prohibición constitucional.
- Hay, también, quien respeta las diferentes realidades
jurídicas y políticas actuales y propugna impulsar
iniciativas para estrechar las relaciones entre la CAV, la
Comunidad Foral de Navarra e Iparralde, sin más limitaciones
que el respeto a la voluntad de los ciudadanos y ciudadanas
de cada uno de los ámbitos en los que se articula el
Pueblo Vasco.
d) El Autogobierno
- Hay quien se encuentra satisfecho con el actual grado de
autogobierno e incluso propugnaría su rebaja.
- Hay quien no reconoce al Estatuto de Gernika, porque no
representa al conjunto del Pueblo Vasco.
- Y hay quien respeta la legitimidad del Estatuto como expresión
de la voluntad de la sociedad vasca, exige su cumplimiento
íntegro y defiende también las opciones de cambio
y actualización del mismo
e) La concepción del Estado
- En el propio Parlamento Vasco convivimos fuerzas políticas,
tanto nacionalistas como no nacionalistas, que defienden un
marco de convivencia futuro para el Estado español,
sustentado sobre la libre adhesión de los pueblos y
nacionalidades que coexisten en su seno, con otros partidos
que no admiten este derecho y defienden a ultranza un Estado
unitario sustentado en una lectura inmutable, cerrada e inflexible
de la Constitución, depositando, incluso, en manos
del ejército español, la garantía para
mantener su propio proyecto de España.
Como pueden ver ustedes, todos estos puntos de vista y planteamientos
políticos están presentes en la realidad vasca
y no necesariamente responden a posicionamientos que separen
homogéneamente a los partidos, sean estos nacionalistas
vascos o nacionalistas españoles.
Son, por tanto, la manifestación más palpable
de que tenemos la necesidad ineludible de reconocer que, más
allá de la violencia de ETA, es preciso abordar un
proceso de normalización política que busque
ampliar los consensos básicos alcanzados hasta ahora,
3.2) Los principios democráticos
respaldados por la mayoría de la sociedad vasca.
Como Lehendakari y responsable de un Gobierno sustentado
por tres partidos democráticos, nacionalistas y no
nacionalistas, que representan el sentir de una mayoría
de la sociedad vasca, puedo transmitir con rotundidad y firmeza
que no estamos dispuestos a darle ninguna llave política
a la violencia.
Deseamos iniciar el camino de la normalización política.
No tenemos nada que ocultar ni nada de lo que avergonzarnos.
No vamos a renunciar a un programa democrático que,
no lo olvidemos, ha recibido el apoyo mayoritario de la sociedad
vasca.
La mayoría de la sociedad vasca defiende un planteamiento
democrático sustentado en una serie de principios que
hemos sido capaces de compartir los tres partidos que conformamos
el Gobierno, por encima de las diferentes posiciones ideológicas
y proyectos sociales que cada uno representamos. Estos principios
están recogidos en el programa de Gobierno que hemos
ratificado recientemente el PNV, EA e IU y que se pueden sintetizar
en ocho aspectos:
1) La defensa de la vida y de los derechos humanos como principios
fundamentales de la convivencia.
2) El Pueblo Vasco es una realidad cultural identitaria "existe",
independientemente de los marcos jurídicos e institucionales
internos y externos en los que está integrado o articulado.
3) Al Pueblo Vasco le corresponden unos derechos inherentes
que no derivan de la Constitución porque son anteriores
a ella.
4) Los ciudadanos y ciudadanas vascas tienen derecho a decidir,
libre y democráticamente, su propio futuro.
5) Reconocemos la existencia de diferentes realidades territoriales
y marcos jurídicos e institucionales y políticos
en el seno del Pueblo Vasco o Euskal Herria.
6) Entendemos la territorialidad política e institucional
de Euskal Herria como fruto de la voluntad asociativa de las
distintas Comunidades y Territorios que conforman el Pueblo
Vasco, desde la aceptación y el respeto a los ciudadanos
y ciudadanas de la Comunidad Foral de Navarra, de la Comunidad
Autónoma Vasca y de Iparralde.
7) Aceptamos la legitimidad democrática de los marcos
jurídicos e institucionales actuales como fruto de
la voluntad de los ciudadanos y ciudadanas vascas, así
como aceptamos, también, la legitimidad democrática
para su eventual modificación o actualización
que, en todo caso, deberá ser ratificada de nuevo por
la voluntad de la sociedad vasca, cuyo veredicto estamos dispuestos
a acatar de antemano.
8) Propugnamos la construcción social de Euskadi desde
la perspectiva de una sociedad mas justa y solidaria con las
personas más desfavorecidas. Una sociedad vasca para
todos, abierta y tolerante y con capacidad para afrontar los
retos del futuro.
Estas ideas y estos principios no son nuevos, han estado
presentes en el seno de la sociedad vasca, en sus diversas
manifestaciones cívicas, deportivas, culturales, religiosas,
sindicales e, incluso, empresariales, y han sido posicionamientos
que a lo largo de la historia han sido compartidos por diferentes
proyectos políticos, tanto de nacionalistas como no
nacionalistas.
Soy consciente, como he dicho anteriormente, de que la sociedad
vasca es una sociedad plural y de que esa pluralidad se manifiesta
en la diversidad de proyectos políticos representados
en esta Cámara. Todos ellos legítimos y respetables.
Por eso, quiero evitar, de antemano, cualquier tipo de malentendido
o de falsas interpretaciones. Las reflexiones anteriores no
tienen ningún objetivo partidista o excluyente, pretenden,
simplemente, poner de manifiesto la existencia, al margen
de la violencia, de un problema de normalización política
pendiente de resolver.
Precisamente el hecho de que una mayoría de la sociedad
vasca se sienta, de una u otra forma, identificada con estos
planteamientos, que han sido recogidos expresamente en el
programa de Gobierno ratificado conjuntamente por PNV, EA
e IU ¿no debería ser, al menos, motivo de reflexión
para el resto de partidos y del propio Gobierno español?
Por todo ello, y como conclusión de este pleno
creo que debemos ser capaces de asumir, de una vez por todas,
que además de afrontar el problema de la violencia
con los medios e instrumentos de un Estado de Derecho, la
sociedad vasca tiene un problema de normalización política
que es preciso abordar por vías pacíficas y
democráticas, a través del diálogo y
desde el reconocimiento y el respeto mutuo. Si así
lo hacemos, creo sinceramente que hoy habremos dado un gran
paso adelante y el conjunto de la sociedad vasca nos lo agradecerá.
Hasta aquí, he desarrollado las iniciativas para defender
los derechos humanos y erradicar el problema de la violencia,
con carácter prioritario. He diferenciado, también
con claridad, el problema de la existencia de la violencia
y el de la normalización política. Quiero exponer,
a continuación, el procedimiento y el instrumento que,
en mi opinión, nos pueden servir para avanzar en el
camino de la normalización política.
4.- El diálogo político y social como
procedimiento para la convivencia
Convivir tiene una relación directa con conceptos tales
como confianza, reconocimiento, respeto, afectividad y tolerancia.
La convivencia en la familia o en la pareja no está
basada en la imposición de unos sobre otros, sino en
la libre adhesión a un proyecto compartido, desde el
reconocimiento a la identidad individual y el respeto mutuos.
Estos son los mismos elementos que tienen que presidir la
convivencia interna en el seno de cualquier sociedad y la
convivencia externa entre los Pueblos.
En mi opinión, la solución a los problemas
de convivencia, tanto en el seno de la familia y de la propia
sociedad, como entre los Pueblos, sólo se puede encontrar
a través del diálogo.
Un diálogo incluyente, no excluyente, que tenga en
cuenta la opinión de todas las sensibilidades sociales
representadas en los partidos políticos que han recibido
el apoyo de la sociedad, y que se desarrolle de una forma
abierta, facilitando el contraste permanente con la propia
sociedad a través de las organizaciones y movimientos
cívicos, económicos, sindicales, religiosos,
etc...
4.1) Principios básicos
de partida para el diálogo
A este respecto, y en el ejercicio de mi responsabilidad,
me van a permitir que aporte como reflexión de trabajo
cinco aspectos o principios que, en mi opinión, pueden
configurar las bases sobre las que iniciar este proceso.
Son cinco "mimbres" sobre los que se puede construir
un consenso de partida:
1.- Nuestro objetivo común de lograr la Paz y solucionar
el problema de normalización política existente
en la sociedad vasca.
2.- Nuestro compromiso con las vías única y
exclusivamente pacíficas y democráticas como
instrumento de acción política.
3.- Nuestro compromiso de respetar y defender la libertad
individual de todas las personas para que puedan expresar,
sin límites y sin coacciones, sus legítimas
aspiraciones políticas y sociales.
4.- La aceptación de que el Pueblo Vasco puede encontrar
cauces pacíficos y democráticos para hacer valer
los derechos que pudieran corresponderle, toda vez que en
un proceso democrático, la voluntad mayoritaria de
la ciudadanía vasca, legítimamente expresada,
debe encontrar su aplicación en el ordenamiento jurídico
vigente en cada momento. (Mesa de Ajuria-Enea 11.1.96).
5.- El reconocimiento y respeto de la legitimidad democrática
de las instituciones y marcos jurídicos construidos
hasta ahora por la voluntad de los ciudadanos y ciudadanas
vascas a partir del Estatuto de Gernika, así como la
legitimidad democrática también de las opciones
de cambio y actualización de los mismos.
Evidentemente, son solamente cinco puntos de partida para
el diálogo. En este sentido, no representan más
que una pequeña parte de la lista de principios y conceptos
que cada partido político pudiera presentar como propios,
pero creo que la sociedad vasca recibiría con enorme
satisfacción el que fuéramos capaces de aprovechar
estos cinco mimbres para construir un mínimo común
denominador de partida.
4.2) La potencialidad del Estatuto
de Gernika como instrumento de normalización política
En el último punto se plantea, incluso, el instrumento
que nos puede servir como cauce para canalizar un proceso
de normalización política que permita lograr
nuevos consensos básicos no alcanzados hasta ahora,
y sirva para encontrar la solución al problema de convivencia
existente.
En mi opinión, el Estatuto de Gernika constituye un
instrumento valioso y una suficiente base de partida política
jurídica y social para, desde el respeto a lo construido
hasta ahora, poder plantear las legítimas opciones
de profundización y actualización de nuestro
autogobierno y dar respuesta al reconocimiento de la identidad
singular del Pueblo Vasco.
El Estatuto, además del "haber competencial"
que se reconoce a la Comunidad Autónoma Vasca, se configura
en su artículo primero como expresión de la
nacionalidad de Euskal Herria, y en su propia disposición
adicional se hace una reserva expresa de los derechos que
al Pueblo Vasco le pudieran corresponder en virtud de su historia,
a los que no renuncia por la aceptación del presente
régimen de autonomía.
El Estatuto, desde esta perspectiva, y atendiendo a su carácter
de texto abierto, contiene potencialidades que pueden y deben
ser exploradas para alcanzar un nuevo punto de encuentro que
dé satisfacción razonable a la pluralidad de
la sociedad vasca, desde el reconocimiento de la mayoría
de edad de un Pueblo dotado de una identidad y personalidad
propias y que quiere tener cauces democráticos para
ejercer el derecho a decidir por sí mismo.
4.3 ) El Parlamento Vasco, foro
fundamental del diálogo.
Diálogo político y social, por tanto, como procedimiento.
Pero diálogo, ¿dónde, cómo y para
qué?
¿Dónde?:
En este mismo Parlamento, máxima institución
representativa de los ciudadanos y ciudadanas de nuestra Comunidad.
No precisamos inventarnos nuevos foros. Este mismo debate
que hoy estamos celebrando es el más fiel exponente
de que el Parlamento Vasco puede y debe constituir el instrumento
más valioso para avanzar en el proceso de normalización
política.
Hoy estamos sentando las bases de un nuevo tiempo político
que haga del Parlamento Vasco el centro de operaciones y motor
del diálogo.
¿Cómo?:
No pretendo mediatizar la forma en que este diálogo
parlamentario se debe instrumentar por los grupos políticos
ni las fórmulas de coordinación del mismo que
se puedan desarrollar con otras instituciones similares, caso
de Navarra, o con la propia sociedad civil. Esta es una decisión
que incumbe a los propios grupos parlamentarios.
En todo caso, y tal como ya les anuncié a todos ustedes,
creo que es totalmente necesaria la creación de una
Comisión Parlamentaria específica que aborde
el problema de la normalización política desde
la perspectiva de la profundización en el Autogobierno,
y así lo propondré en el próximo Pleno
del día 25 de octubre. De esta manera, daremos continuidad
a la reflexión iniciada en este pleno monográfico
sobre la base de diferenciar la existencia del problema de
la violencia del de la normalización política.
¿Para qué?:
Para plantear unos principios o "acuerdos básicos
para la convivencia" que permitan construir una base
a partir de la cual los partidos políticos vascos busquemos
consensos básicos aún no alcanzados, y para
establecer procedimientos democráticos que nos permitan
ratificar los acuerdos alcanzados, o bien dilucidar sobre
las diferencias.
5.- Una reflexión sobre las reglas de juego democrático:
"No se trata de un problema jurídico, sino de
voluntad política"
Nos ha llegado el momento de hacer política, y recordando
el espíritu con el que he dado comienzo a mi intervención,
no debemos rehuir el debate político sobre ningún
aspecto, porque en una sociedad democrática no tiene
por que haber "tabúes" para la discusión.
Tenemos que clarificar nuestros respectivos planteamientos
ante la sociedad vasca para que los interprete de una manera
transparente, sin subterfugios.
En este sentido, considero preciso abordar sin ambigüedades
el concepto de las reglas de juego democrático, esgrimidas
hasta ahora, como arma arrojadiza reiteradamente en la confrontación
política.
Nadie debe exhibir frente a los demás, patentes de
legitimidad y de respeto a la democracia.
A este respecto, voy a ser muy claro. Nadie puede poner en
duda las profundas convicciones democráticas de los
partidos que conforman el Gobierno Vasco. Siempre hemos defendido
y respetado la legalidad democrática. Lo hicimos frente
a la agresión fascista del alzamiento franquista y
sufrimos persecución, cárcel y represalias durante
cuarenta años, y lo hemos hecho tras la recuperación
del régimen democrático, a pesar de que, como
es público, la Constitución española
sólo obtuvo el apoyo del 30,8% de los ciudadanos y
ciudadanas vascas.
En mi opinión, las reglas democráticas no deben
ser un instrumento para la confrontación, sino para
facilitar la convivencia de los Pueblos y deben ser interpretadas
con la flexibilidad necesaria para dar una respuesta y una
solución política a los problemas políticos.
No se trata, por tanto, de un problema jurídico, sino
de voluntad política. Esa es la verdadera realidad.
Desde esta perspectiva, si existe voluntad política,
las reglas de juego democrático permiten:
- Que sean los partidos políticos vascos con representación
parlamentaria los que busquen un nuevo consenso para lograr
la resolución del problema de normalización
política.
- Que se pueda consultar directamente a la sociedad vasca
para ratificar ese consenso, o en su caso, dirimir las diferencias.
- Que se articulen instrumentos y procedimientos para poder
incorporar la decisión de la sociedad vasca al ordenamiento
jurídico vigente en cada momento,
Si así fuera, si existiera verdaderamente esa voluntad
política, estoy convencido de que la mayoría
de la sociedad vasca estaría dispuesta a profundizar
en este camino hasta el final.
Así lo reconocíamos conjuntamente en la propia
Mesa de Ajuria-Enea en la que todos los partidos políticos,
a excepción de Herri Batasuna, afirmamos unánimemente
en Junio de 1996 lo siguiente:
" nosotros reafirmamos nuestra sincera voluntad de paz
y nuestro apoyo a un final dialogado del conflicto en los términos
del punto 10 del Acuerdo para la Normalización y Pacificación
de Euskadi, de modo que sean los partidos vascos con representación
parlamentaria los que avancen, a través del diálogo,
en la consecución de un consenso democrático que
dé satisfacción razonable a las plurales opciones
políticas de nuestra sociedad, consenso que, una vez
alcanzado, nosotros con comprometemos a respetar y a que sea
respetado efectivamente en todos los ámbitos, utilizando
para ello todos los instrumentos que el ordenamiento jurídico
pone a nuestra disposición".
No estamos ante un problema jurídico, sino ante una
cuestión de voluntad política para interpretar
las normas como instrumentos para arreglar las cosas. Porque
tenemos que ser conscientes de que, en nuestros días,
los proyectos sólidos y estables de convivencia sólo
son posibles si se basan en la libre adhesión y no
en la imposición.
6.- Final: "Una propuesta para
el consenso"
Termino.
No voy a proponer que hoy seamos capaces de ratificar, de
nuevo, los principios y la afirmaciones que compartíamos
en 1996. No soy tan ingenuo porque, desgraciadamente, considero
que no sólo no hemos sido capaces de profundizar en
una interpretación flexible y abierta de las reglas
de juego, sino que, más bien al contrario, hemos retrocedido
en este camino.
Además, como les he dicho al comienzo de mi intervención,
el objetivo de este debate no es confrontar proyectos sino
compartir principios.
Por eso, no ha sido mi intención someter a la consideración
de este Parlamento una comunicación cerrada del Gobierno,
sino conocer y contrastar las propuestas de cada uno de los
partidos políticos, en relación con el diagnóstico
y procedimiento de solución de un problema que venimos
arrastrando desde hace demasiado tiempo.
A partir de aquí, desde esta tribuna, todos los grupos
están legitimados para presentar las propuestas de
resolución que consideren más oportunas, en
función de sus propios posicionamientos políticos.
Pero, lo verdaderamente importante, no es proceder a una mera
suma aritmética de votos que refleje miméticamente
las posiciones de partida de cada cual, sino que seamos capaces
de presentar a la sociedad vasca algún punto de encuentro,
por mínimo que sea, compartido entre todos, que pueda
servirnos para iniciar el camino.
En este sentido, quisiera proponer a la Cámara que
libremente los grupos decidamos no presentar propuestas de
resolución en defensa de cada uno de nuestros respectivos
proyectos políticos. Que hagamos un esfuerzo para encontrar
una propuesta de consenso que suponga el mínimo punto
de partida para iniciar el camino del diálogo.
Yo he aportado una serie de reflexiones y de principios básicos
a lo largo de mi intervención, que pudieran constituir
"lugares comunes" entre todos, pero creo que en
el ejercicio de mi responsabilidad debo realizar un esfuerzo
para realizar una propuesta de síntesis que pongo a
disposición de todos los partidos para su toma en consideración.
Propuesta:
Manifestamos nuestro compromiso prioritario con la defensa
de los derechos humanos y de las libertades de todas las personas,
sin distinción, así como nuestra solidaridad
con las víctimas de la violencia y el terrorismo.
Reiteramos nuestro rotundo rechazo a todo tipo de violencia
y extorsión, y nuestra apuesta inequívoca con
las vías exclusivamente políticas y democráticas.
En consecuencia, y haciéndonos eco del sentir inmensamente
mayoritario de la sociedad vasca, exigimos a ETA el abandono
definitivo de la violencia.
Asimismo, y diferenciado de la existencia de la violencia,
constatamos que existe un problema de naturaleza política
que afecta al Pueblo Vasco, y cuya solución debe abordarse
mediante el diálogo, utilizando los instrumentos que
la política y la democracia ponen a disposición
de los pueblos para resolver sus conflictos políticos.
Este es verdaderamente nuestro reto frente a la sociedad
vasca. Sería un hito histórico que todos los
partidos políticos fuéramos hoy capaces de alcanzar
un consenso de partida.
En todo caso, no es mi intención dejar cerrado el
debate, sino abrirlo. No pretendo alcanzar una meta, sino
iniciar un camino y que la opinión pública tenga
la oportunidad de valorar el grado de avance alcanzado.
En este sentido, quiero anunciarles mi compromiso, y el de
mi Gobierno, de presentar ante el Parlamento, antes de la
finalización del presente curso político, una
evaluación de las iniciativas políticas y sociales
adoptadas para garantizar la defensa de los derechos humanos
y las libertades de todas las personas frente a la violencia.
La pelota está en nuestro tejado. Hagamos política.
Es la hora de la política y del diálogo. La
época de la imposición y la de la violencia
ha pasado a la historia. Estamos en el siglo XXI, no en la
edad media. En el siglo XXI las identidades nacionales no
se imponen, ninguna.
Tenemos que iniciar un proceso para erradicar definitivamente
la violencia de nuestras vidas.
Tenemos que emprender un camino para la normalización
política
Tenemos que plantear un proyecto en clave de convivencia,
basado en la voluntad democrática y en el respeto mutuo.
Estoy convencido de que si existe voluntad política,
encontraremos el camino.
Este es mi deseo y el de la inmensa mayoría de la
sociedad vasca.
Eskerrik asko.
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