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MENSAJE FIN DE AÑO.
(31 de Diciembre 2001)

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Declaraciones
 
 

Siempre resulta agradable para un Lehendakari poder compartir con vosotros y con vosotras los momentos entrañables que nos reúnen en torno a una celebración familiar para dar la bienvenida a un nuevo año.

Quizá sea ésta una de esas ocasiones especiales en las que, por encima de mi consideración política, puedo dirigirme a vosotros desde una perspectiva personal más cercana, más humana.

Nuestra sociedad está especialmente necesitada de momentos de sosiego, de ilusión y de esperanza. Todos y cada uno de nosotros, en mayor o menor medida, necesitamos momentos en los que poder alejarnos del enfrentamiento y buscar el encuentro con los demás.

Nos merecemos recibir, de vez en cuando, palabras de ánimo, que nos hagan sentirnos orgullosos de nosotros mismos por haber sido capaces de superar las dificultades del pasado y que nos permitan, también, coger fuerzas para seguir recorriendo nuestro camino.

La sociedad vasca, a lo largo de este año que está a punto de finalizar, ha sufrido los rigores de una crispación política, a mi entender desproporcionada, que se ha venido a sumar, además, a los tristes, dramáticos efectos que la permanencia de la violencia y el terrorismo de ETA siguen provocando en nuestro pueblo.

Afortunadamente, los ciudadanos y ciudadanas vascas, una vez más, nos han dado repetidas muestras de madurez que, en muchas ocasiones, los responsables políticos no hemos sabido corresponder con un debate y un diálogo sensato y sereno.

En este mensaje navideño, no voy a ser yo, por tanto, quien contribuya a añadir dosis de preocupación y desasosiego al actual escenario, porque estoy convencido de que el enfrentamiento que se proyecta desde el ámbito de la política está provocando un cierto cansancio, e incluso hastío, en nuestra sociedad.

Por eso, quiero aprovechar este momento, simplemente para transmitiros un mensaje personal de Paz y de solidaridad. También para pediros comprensión por aquellas equivocaciones que de forma involuntaria haya podido cometer en el desempeño de mi responsabilidad y, sobre todo, para desearos, de todo corazón, que veáis cumplidos vuestros deseos en el próximo año 2002 que está a punto de nacer.

Lo hago desde la responsabilidad y el agradecimiento de quien ha recibido, de nuevo, el encargo de la sociedad vasca para dirigir a nuestro pueblo, en el camino de la paz y de la solidaridad. Un camino que debemos recorrer todos juntos, sin exclusiones.

No voy a defraudar la confianza que en mi habéis depositado. Voy a seguir trabajando todos los días sin desmayo para conseguir la paz y para mejorar el bienestar y la calidad de vida de todos y cada uno de los ciudadanos y ciudadanas vascas, para todos y cada uno de vosotros y de vosotras.

Pero, sobre todo, voy a seguir teniendo presente de forma prioritaria a las personas más desfavorecidas de nuestra sociedad. Porque una sociedad que no es solidaria, que no sufre con el dolor ajeno, es una sociedad enferma, es una sociedad sin futuro.

Por eso, en estas fechas quiero tener un recuerdo muy especial para aquellos que más lo necesitan. Para quienes habéis sufrido la pérdida de un ser querido.

Para quienes soportan la soledad. Para quienes han venido hasta nosotros huyendo de la pobreza y la miseria de sus países de origen.

Para quienes sufren la enfermedad y el dolor. Para quienes tienen que celebrar estas fiestas separados de sus hijos y familiares.

Para quienes no disfrutan de libertad. Para quienes han sufrido el zarpazo de la violencia y el terrorismo.

Para quienes tienen la desdicha de no tener un trabajo digno.

En definitiva, para todos aquellos que veis la felicidad de los demás desde el cristal opaco de la tristeza, recibid mi más cálido abrazo y el del conjunto de la sociedad vasca. Porque sólo si trabajamos y avanzamos todos juntos, seremos capaces de construir una sociedad más justa y solidaria con las personas más desfavorecidas.

Soy optimista por naturaleza, pero también soy consciente de los nubarrones que amenazan el horizonte.

La humanidad ha avanzado empujada por el crecimiento económico y tecnológico pero, en contrapartida, los seres humanos, a golpe de especulación y de insolidaridad, hemos ido cavando una fosa cada vez más profunda que nos ha dividido de forma injusta.

Hemos iniciado el siglo XXI con una nueva muestra de la barbarie de la guerra y el terrorismo en el mundo. El hambre y la pobreza atenazan el futuro de millones de personas. Miles de lenguas y de culturas están en riesgo de desaparecer absorbidas por un proceso de globalización y de uniformización preocupante. Nuestro propio planeta está amenazado por los graves problemas medioambientales que nosotros mismos hemos generado.

Ante estas injusticias, como seres humanos, no podemos quedar indiferentes. No podemos responder sólo con la receta superficial e inmediata de la fuerza ante problemas que requieren de diálogo, de mayor solidaridad y de una redistribución más equitativa de la riqueza y del poder mundial.

Tenemos que alzar nuestra voz. Todos y cada uno de nosotros y de nosotras tenemos que contribuir a construir un mundo más humano.

Pero no podemos contentarnos sólo con mirar hacia afuera. Nosotros también en nuestra casa, tenemos problemas pendientes de resolver. Problemas en el ámbito de la política, en el ámbito económico y en el ámbito social, y además, seguimos sufriendo la violencia y el terrorismo que golpea dramáticamente a nuestro pueblo.

Tenemos problemas, pero no perdamos la perspectiva. Siempre hemos tenido dificultades que superar, incluso en circunstancias mucho más adversas, y siempre hemos salido adelante.

Las dificultades han forjado nuestro carácter. "Vascos de piedra blindada", nos llamó el poeta, pero vascos con un corazón profundo y solidario como el ancho mar que nos ha permitido abrirnos a los demás a lo largo de la historia.

No nos asustan los nuevos tiempos. Por eso, afrontamos las efemérides de un nuevo año como una nueva oportunidad para resolver nuestros problemas y seguir caminando.

El año 2002 es, por tanto, para nosotros una etapa más, una nueva oportunidad. Como todo buen montañero, tenemos que estar dispuestos a iniciar la marcha y alcanzar la cumbre.

No vamos a escatimar esfuerzos para avanzar y seguir creciendo económicamente por encima de la media europea, tampoco para disminuir los niveles de paro y paliar las situaciones de pobreza y de necesidad que afectan todavía a muchos de nuestros ciudadanos y ciudadanas.

Pero los vascos, tenemos, además, nuestra cumbre particular. Una cumbre que se nos resiste desde hace demasiado tiempo: la Paz. Y no vamos a cejar en el empeño de alcanzarla.

Dicen que la sed es la mejor brújula para guiar al caminante en la búsqueda de la fuente.

Nuestro Pueblo está sediento de Paz.

Necesitamos la Paz, deseamos la Paz y exigimos la Paz. Tenemos que recorrer juntos el camino de la Paz. La senda está trazada, simplemente tenemos que comprometernos a respetar la voluntad de la sociedad vasca que se ha manifestado unánimemente a favor del diálogo y en contra de la violencia.

Recorramos, por tanto, el camino de la Paz. Ese es mi deseo y el de nuestro pueblo para el 2002.

Con esta aspiración y este compromiso os deseo un Feliz año nuevo.

 

Juan José Ibarretxe Markuartu
Presidente del Gobierno Vasco

 

 
 

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