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Siempre resulta agradable para un Lehendakari poder compartir
con vosotros y con vosotras los momentos entrañables
que nos reúnen en torno a una celebración familiar
para dar la bienvenida a un nuevo año.
Quizá sea ésta una de esas ocasiones especiales
en las que, por encima de mi consideración política,
puedo dirigirme a vosotros desde una perspectiva personal
más cercana, más humana.
Nuestra sociedad está especialmente necesitada de
momentos de sosiego, de ilusión y de esperanza. Todos
y cada uno de nosotros, en mayor o menor medida, necesitamos
momentos en los que poder alejarnos del enfrentamiento y buscar
el encuentro con los demás.
Nos merecemos recibir, de vez en cuando, palabras de ánimo,
que nos hagan sentirnos orgullosos de nosotros mismos por
haber sido capaces de superar las dificultades del pasado
y que nos permitan, también, coger fuerzas para seguir
recorriendo nuestro camino.
La sociedad vasca, a lo largo de este año que está
a punto de finalizar, ha sufrido los rigores de una crispación
política, a mi entender desproporcionada, que se ha
venido a sumar, además, a los tristes, dramáticos
efectos que la permanencia de la violencia y el terrorismo
de ETA siguen provocando en nuestro pueblo.
Afortunadamente, los ciudadanos y ciudadanas vascas, una
vez más, nos han dado repetidas muestras de madurez
que, en muchas ocasiones, los responsables políticos
no hemos sabido corresponder con un debate y un diálogo
sensato y sereno.
En este mensaje navideño, no voy a ser yo, por tanto,
quien contribuya a añadir dosis de preocupación
y desasosiego al actual escenario, porque estoy convencido
de que el enfrentamiento que se proyecta desde el ámbito
de la política está provocando un cierto cansancio,
e incluso hastío, en nuestra sociedad.
Por eso, quiero aprovechar este momento, simplemente para
transmitiros un mensaje personal de Paz y de solidaridad.
También para pediros comprensión por aquellas
equivocaciones que de forma involuntaria haya podido cometer
en el desempeño de mi responsabilidad y, sobre todo,
para desearos, de todo corazón, que veáis cumplidos
vuestros deseos en el próximo año 2002 que está
a punto de nacer.
Lo hago desde la responsabilidad y el agradecimiento de quien
ha recibido, de nuevo, el encargo de la sociedad vasca para
dirigir a nuestro pueblo, en el camino de la paz y de la solidaridad.
Un camino que debemos recorrer todos juntos, sin exclusiones.
No voy a defraudar la confianza que en mi habéis
depositado. Voy a seguir trabajando todos los días
sin desmayo para conseguir la paz y para mejorar el bienestar
y la calidad de vida de todos y cada uno de los ciudadanos
y ciudadanas vascas, para todos y cada uno de vosotros y de
vosotras.
Pero, sobre todo, voy a seguir teniendo presente de forma
prioritaria a las personas más desfavorecidas de nuestra
sociedad. Porque una sociedad que no es solidaria, que no
sufre con el dolor ajeno, es una sociedad enferma, es una
sociedad sin futuro.
Por eso, en estas fechas quiero tener un recuerdo muy especial
para aquellos que más lo necesitan. Para quienes habéis
sufrido la pérdida de un ser querido.
Para quienes soportan la soledad. Para quienes han venido
hasta nosotros huyendo de la pobreza y la miseria de sus países
de origen.
Para quienes sufren la enfermedad y el dolor. Para quienes
tienen que celebrar estas fiestas separados de sus hijos y
familiares.
Para quienes no disfrutan de libertad. Para quienes han sufrido
el zarpazo de la violencia y el terrorismo.
Para quienes tienen la desdicha de no tener un trabajo digno.
En definitiva, para todos aquellos que veis la felicidad
de los demás desde el cristal opaco de la tristeza,
recibid mi más cálido abrazo y el del conjunto
de la sociedad vasca. Porque sólo si trabajamos y avanzamos
todos juntos, seremos capaces de construir una sociedad más
justa y solidaria con las personas más desfavorecidas.
Soy optimista por naturaleza, pero también soy consciente
de los nubarrones que amenazan el horizonte.
La humanidad ha avanzado empujada por el crecimiento económico
y tecnológico pero, en contrapartida, los seres humanos,
a golpe de especulación y de insolidaridad, hemos ido
cavando una fosa cada vez más profunda que nos ha dividido
de forma injusta.
Hemos iniciado el siglo XXI con una nueva muestra de la barbarie
de la guerra y el terrorismo en el mundo. El hambre y la pobreza
atenazan el futuro de millones de personas. Miles de lenguas
y de culturas están en riesgo de desaparecer absorbidas
por un proceso de globalización y de uniformización
preocupante. Nuestro propio planeta está amenazado
por los graves problemas medioambientales que nosotros mismos
hemos generado.
Ante estas injusticias, como seres humanos, no podemos quedar
indiferentes. No podemos responder sólo con la receta
superficial e inmediata de la fuerza ante problemas que requieren
de diálogo, de mayor solidaridad y de una redistribución
más equitativa de la riqueza y del poder mundial.
Tenemos que alzar nuestra voz. Todos y cada uno de nosotros
y de nosotras tenemos que contribuir a construir un mundo
más humano.
Pero no podemos contentarnos sólo con mirar hacia
afuera. Nosotros también en nuestra casa, tenemos problemas
pendientes de resolver. Problemas en el ámbito de la
política, en el ámbito económico y en
el ámbito social, y además, seguimos sufriendo
la violencia y el terrorismo que golpea dramáticamente
a nuestro pueblo.
Tenemos problemas, pero no perdamos la perspectiva. Siempre
hemos tenido dificultades que superar, incluso en circunstancias
mucho más adversas, y siempre hemos salido adelante.
Las dificultades han forjado nuestro carácter. "Vascos
de piedra blindada", nos llamó el poeta, pero
vascos con un corazón profundo y solidario como el
ancho mar que nos ha permitido abrirnos a los demás
a lo largo de la historia.
No nos asustan los nuevos tiempos. Por eso, afrontamos las
efemérides de un nuevo año como una nueva oportunidad
para resolver nuestros problemas y seguir caminando.
El año 2002 es, por tanto, para nosotros una etapa
más, una nueva oportunidad. Como todo buen montañero,
tenemos que estar dispuestos a iniciar la marcha y alcanzar
la cumbre.
No vamos a escatimar esfuerzos para avanzar y seguir creciendo
económicamente por encima de la media europea, tampoco
para disminuir los niveles de paro y paliar las situaciones
de pobreza y de necesidad que afectan todavía a muchos
de nuestros ciudadanos y ciudadanas.
Pero los vascos, tenemos, además, nuestra cumbre particular.
Una cumbre que se nos resiste desde hace demasiado tiempo:
la Paz. Y no vamos a cejar en el empeño de alcanzarla.
Dicen que la sed es la mejor brújula para guiar al
caminante en la búsqueda de la fuente.
Nuestro Pueblo está sediento de Paz.
Necesitamos la Paz, deseamos la Paz y exigimos la Paz. Tenemos
que recorrer juntos el camino de la Paz. La senda está
trazada, simplemente tenemos que comprometernos a respetar
la voluntad de la sociedad vasca que se ha manifestado unánimemente
a favor del diálogo y en contra de la violencia.
Recorramos, por tanto, el camino de la Paz. Ese es mi deseo
y el de nuestro pueblo para el 2002.
Con esta aspiración y este compromiso os deseo un
Feliz año nuevo.
Juan José Ibarretxe Markuartu
Presidente del Gobierno Vasco
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