Mi comparecencia en este Pleno Parlamentario
responde a un doble objetivo:
En primer lugar, -y como ya les anuncié
en mi intervención en el Debate de Política
General, celebrado el pasado 22 de septiembre-, era mi intención
presentar, con carácter inmediato, una iniciativa
política e institucional ante este Parlamento para
solicitar el posicionamiento de los distintos Grupos Políticos
en torno al cumplimiento íntegro del Estatuto de
Gernika como pacto político de convivencia entre
vascos, así como entre Euskadi y el Estado, de conformidad
con el informe valorado positivamente por este Parlamento
el 20 de octubre de 1995, y para reconocer, también,
la legitimidad democrática de las opciones de cambio
y actualización del mismo, en función de que
se alcancen en el futuro las mayorías requeridas
para cambiar un pacto democrático de esta naturaleza.
Para materializar este compromiso presenté una solicitud
en este sentido a la mesa en la mañana del mismo
día 22, después de mi intervención
en esta Cámara.
Pero, en segundo lugar, y habida cuenta de
que en el transcurso del Debate de Política General,
la intervención de los diferentes grupos de la oposición
soslayó, en mi opinión, la valoración
y el posicionamiento sobre el conjunto de las iniciativas
presentadas en el propio Debate, decidí acumular
la solicitud de comparecencia presentada a la mañana,
con una nueva solicitud para plantear en un debate específico
el contenido global de la Iniciativa política presentada.
Una iniciativa política basada en
un triple compromiso:
Un compromiso ético con la defensa de la libertad
individual y el derecho a la vida.
Un compromiso democrático de respeto a nuestras Instituciones,
al actual marco de autogobierno y a las opciones de cambio
y actualización del mismo, que contempla el Estatuto
de Gernika. Es decir, respeto a lo que hoy somos.
Y, un compromiso de diálogo político para
que, desde el respeto a lo que hoy somos, a lo construido
hasta ahora por voluntad de los vascos y de las vascas,
podamos decidir todos juntos cómo queremos ser en
el futuro.
Como he indicado anteriormente, a lo largo
del Debate no fue posible valorar y posicionarse ante cada
uno de los compromisos citados. Se hurtó el objetivo
del Debate a la sociedad vasca, y todo el desarrollo del
mismo se vió condicionado por el anuncio del Partido
Popular y del Partido Socialista de presentar mociones de
censura. De esta forma, toda la discusión política
se centró, tanto en el propio Debate de Política
General como, posteriormente, en las mociones de censura
presentadas el pasado 5 de octubre, en si es oportuna o
no, la celebración de elecciones anticipadas.
En ningún caso pretendo negar la
legitimidad de la oposición para solicitar un adelanto
electoral, pero lo que sí debo reiterar es que la
convocatoria de elecciones es una prerrogativa del Lehendakari
y que un debate de Política General no es el momento
ni el foro para circunscribirse única y exclusivamente
a esta cuestión.
No pretendo ahora, -como no pretendí
tampoco en el momento de solicitar esta comparecencia-,
reabrir los Debates que tuvimos en esta Cámara el
22 de septiembre y el pasado día 5 de octubre.
En el primer caso, no pretendo reabrir el
Debate de Política General en torno a la Iniciativa
política presentada, simplemente porque es imposible
reabrir una discusión que ni siquiera llegó
a iniciarse. Todos venían con una estrategia preconcebida
y, por tanto, hicieron oídos sordos al contenido
de las propuestas del Lehendakari.
En el segundo caso, no pretendo reabrir
el Debate que mantuvimos el pasado 5 de octubre, porque
no tiene objeto reabrir un Debate ya agotado, que se circunscribió,
única y exclusivamente, a la demanda de elecciones
anticipadas y que, en mi opinión, no aportó
nada nuevo para la sociedad vasca.
El objetivo, por tanto, de esta comparecencia
es retomar el Debate que aún no hemos tenido oportunidad
de tener y avanzar iniciativas concretas para la materialización
de los compromisos éticos, democráticos y
políticos a los que voy a hacer alusión en
esta Cámara.
Considero que la sociedad tiene derecho
a conocer con claridad cuál es el posicionamiento
de cada uno de los grupos políticos respecto a esta
iniciativa política, que tiene por objeto configurar
una nueva etapa.
El planteamiento con el que pretendo enfocar
esta comparecencia es claro: mi intención es dar
por cerrada definitivamente una etapa, la etapa en la que
unos y otros hemos mezclado equivocadamente Paz y opción
política, la etapa de confrontación entre
Partidos Políticos que defendemos el derecho a la
vida, la etapa de la incomunicación y el no diálogo;
y abrir una nueva etapa con nuevos referentes, con nuevos
paradigmas, con nuevas actitudes y también con nuevos
compromisos e iniciativas políticas.
Con este objetivo, deseo iniciar mi intervención
de la misma manera que planteé el Debate del pasado
22 de septiembre, con un compromiso de honestidad política.
Decía que, desgraciadamente, todos los intentos que
ha habido por traer la Paz a este Pueblo han fracasado.
Los Partidos Políticos y organizaciones sociales
que en su día apostamos por Lizarra, nos comprometimos
totalmente en un proyecto, convencidos de buena fe que el
mismo traería la paz a este Pueblo, y es preciso
reconocer que no lo hemos conseguido. Lo hemos intentado,
pero no lo hemos conseguido. Tan cierto como esto, es que
cualquier otro intento habido en la historia, y los ha habido
de muchas y diferentes maneras, algunos legítimos
y otros no legítimos, tampoco consiguieron el objetivo.
Y no lo hemos conseguido porque siempre hemos confundido
paz y política. Siempre, aunque lo negáramos,
hemos abordado juntos, y de manera inseparable, la cuestión
del terrorismo y de la política, los unos y los otros.
Yo estoy convencido de que la violencia
debe desaparecer con independencia de los proyectos políticos.
Los conflictos políticos se han de resolver desde
la política. Es la propia sociedad vasca la que debe
asumir, pacífica y democráticamente, la resolución
de sus problemas de convivencia y de normalización
y las decisiones sobre su propio futuro, con independencia
o no de la existencia de violencia.
La paz no es soberanía, la paz no
es construcción nacional, la paz no es Constitución.
Ésta fue, y sigue siendo, la clave
de mi reflexión política. El objetivo propuesto
es, por tanto, abrir un nuevo tiempo político en
este País basado en la separación de la paz
respecto de la política. La paz, la ausencia de violencia,
es la prioridad absoluta de nuestro Pueblo. La vida es el
derecho fundamental primero y sobresaliente. Nuestro esfuerzo
debe concentrarse en abrir ese proceso de paz, con independencia
de los proyectos políticos existentes, que cada uno
defiende legítimamente. No confundamos unos y otros
nuestro respectivo proyecto con la búsqueda de la
paz.
Soy plenamente consciente de que en este
Parlamento nos hemos cruzado recientemente graves acusaciones
y las dos primeras sesiones del presente curso político
han tenido más que ver con la confrontación
y la polémica estéril que con un debate civilizado
y sereno de propuestas y alternativas.
Pero también soy plenamente consciente de que la
sociedad vasca no ve con buenos ojos que ante la reaparición
de la violencia terrorista, los responsables políticos
respondamos con una inusitada agresividad verbal y división
entre nosotros. Es más, en mi opinión, los
ciudadanos y ciudadanas vascas no se merecen otra tormentosa
jornada llena de negatividad y de resentimiento.
La cultura de la confrontación no
lleva a ninguna parte y es en la cultura de la confrontación
en la que nos hemos estado desenvolviendo en los últimos
tiempos.
Por este motivo, les puedo asegurar que
vengo dispuesto a plantear este Debate de una forma serena
y razonable. Quisiera dar por finalizada la etapa del insulto
y la descalificación y abrir, de nuevo, el camino
del contraste de opiniones, de la discrepancia legítima
y del respeto mutuo.
Entre todos, debemos hacer un esfuerzo por
cerrar definitivamente la etapa pasada y disponernos a iniciar
una nueva etapa todos juntos. Admitiendo nuestras diferencias,
asumiendo que nuestros proyectos políticos no son
coincidentes, pero sin demonizar las ideas de los demás,
reconociendo mutuamente la legitimidad de todos los proyectos
defendidos por vías políticas y democráticas.
Estoy incluso, dispuesto a comprender que el interés
partidista por forzar el adelanto de unas elecciones pueda
provocar un tensionamiento añadido en el debate político
y una tendencia a bloquear todas las salidas a cualquier
propuesta que se pueda plantear.
Pero, independientemente de que esta circunstancia
pueda añadir más dificultades a la actual
situación, estoy convencido de que nuestra obligación
es empezar a andar, desde ahora mismo, el camino de una
nueva etapa. No nos podemos permitir esperas estériles
porque el día después, el n+1, tendremos que
afrontar los mismos problemas que el día anterior,
tendremos que volver a convivir y tendremos que volver a
debatir sobre proyectos, sobre alternativas de futuro.
Yo no soy partidario de los tiempos muertos,
como tampoco soy partidario de que sigamos destruyendo irresponsablemente
puentes que luego nos va a costar mucho tiempo volver a
construir. Por eso, creo firmemente que no podemos seguir
en un diálogo de sordos, sin propuestas, sin esperanza.
Ha llegado el momento de que la sociedad
conozca cuales son nuestras alternativas, las de todos.
Cuales son nuestras iniciativas de Paz y nuestras propuestas
para no retrotraernos al pasado. Cuales son nuestros proyectos
para lograr la cohesión, la integración y
la normalización política en la sociedad vasca.
Nuestro Pueblo no quiere estar condenado a repetir resignadamente
otros 30 años de violencia. Tenemos que superar la
etapa del pasado y articular propuestas de futuro. La sociedad
vasca necesita ilusión y esperanza. Necesita respuestas.
La sociedad vasca nos está preguntando a los partidos
y a sus representantes políticos si, además
de insultarnos mutuamente, además de seguir en la
escalada de descalificaciones y de confrontación,
además de condenar la violencia, pedir a la sociedad
que resista, ¿qué más proponemos para avanzar
hacia la paz y encontrar soluciones a los problemas no resueltos
de convivencia política en nuestro País?
(Fin del texto en euskera)
Como decía en euskera, mi intención
con esta comparecencia no es reabrir debates del pasado,
sino iniciar un nuevo tiempo político para el futuro.
Tenemos que dejar atrás, cerrar definitivamente,
la etapa en la que unos y otros hemos mezclado equivocadamente
Paz y opción política; la etapa de la confrontación
entre partidos que defendemos conjuntamente el derecho a
la vida; la etapa de la división, de la incomunicación
y de la negación del diálogo. Y tenemos que
ser valientes para abordar una nueva etapa. Una nueva etapa
basada en la separación clara entre la exigencia
de Paz y el desarrollo de la política.
No confundamos, unos y otros, nuestro proyecto
político con la búsqueda de la Paz, mezclando
interesadamente política y violencia en un cóctel
infernal.
Debemos exigir la desaparición de la violencia, con
independencia de los proyectos políticos. La Paz
no es soberanía, la Paz no es construcción
nacional, y la Paz tampoco es Constitución.
Los conflictos políticos se han de
resolver desde la política. No podemos condicionar
el avance de cualquier proceso de normalización política
a la actividad terrorista, porque, si así lo hacemos,
le estaremos dando el tiempo y el espacio político
a ETA, le estaremos dejando las riendas y el timón
de la vida política vasca a ETA y eso, desde el punto
de vista de una sociedad democrática, es imperdonable.
Si cometemos este error, las minorías
que, no aceptando la voluntad democrática presente
o futura de este Pueblo, estén dispuestas a seguir
matando, impedirán permanentemente el normal desarrollo
democrático.
El camino no es ni la claudicación
ante los que asesinan y extorsionan, ni la confrontación
destructiva entre los que representan diferentes opciones
políticas, todas ellas legítimas.
La cultura de la confrontación no lleva a ninguna
parte. Por este motivo, vengo dispuesto a plantear este
Debate de una forma serena y razonable. Quisiera abrir el
camino del contraste de opiniones, de la discrepancia legítima,
y del respeto mutuo.
Debemos, por tanto, hacer un esfuerzo, entre todos, para
abordar una nueva etapa en la que superemos la agresividad
y la división entre partidos democráticos
y nos dispongamos a un debate sereno y civilizado de diferentes
y legítimos proyectos políticos divergentes.
Un nuevo tiempo, en definitiva, en el que desterremos la
incomunicación y la división y seamos capaces
de trabajar, desde el diálogo y el respeto mutuos,
en la búsqueda conjunta de nuevos paradigmas, nuevos
referentes, nuevas propuestas para solucionar los problemas
de convivencia y de normalización aún no resueltos
en nuestro País.
Mi compromiso y mi reto como Lehendakari
es contribuir a abrir esta nueva etapa a la esperanza.
Por ello, quiero plantear ante este Parlamento y ante
toda la sociedad vasca una Iniciativa política sustentada
sobre un triple compromiso:
· En primer lugar, un compromiso ético en defensa
de la libertad y de los derechos individuales de las personas.
· En segúndo lugar, un compromiso democrático
en defensa de las decisiones colectivas adoptadas democráticamente
por nuestra sociedad. En defensa del marco de autogobierno
construido por la voluntad mayoritaria de los vascos, y
de las opciones de cambio y actualización del mismo,
es decir "Respeto a lo que hoy somos". · En tercer lugar,
un compromiso político para impulsar un foro de diálogo
multipartito en el que, desde el respeto a lo construído
hasta ahora, y partiendo de unos Acuerdos Básicos
mínimos compartidos por todos, podamos decidir conjuntamente
lo que queremos ser en el futuro.
¿Por qué un compromiso ético?
· Evidentemente, ninguno de los partidos democráticos
vascos hemos hecho dejación de nuestros principios
éticos en defensa del derecho a la vida y de los
derechos humanos de todas las personas, como valores fundamentales
de la convivencia social y de la práctica política.
Pero, quizá sea ésta la primera ocasión
en la que tenemos la oportunidad de separar claramente nuestro
compromiso común con unos determinados principios
éticos, de nuestros respectivos objetivos políticos.
Independientemente de nuestras diferencias e incluso de
nuestros proyectos políticos divergentes, la sociedad
vasca nos reclama que establezcamos claramente una línea
divisoria entre aquellos que estamos unidos en el rechazo
tajante y rotundo de la violencia como instrumento de acción
política, y aquellos que se sitúan al otro
lado, porque no están dispuestos a dar este paso.
Este compromiso ético se dirige pues, no sólo
a sus propios firmantes sino también a los que, por
unas razones o por otras, se queden al margen.
Un compromiso de estas características, ni es inútil
ni es tardío en una sociedad que precisa de referentes
claros e inequívocos para que la defensa de determinados
proyectos políticos no se confundan con el ejercicio
de la violencia y de la intolerancia.
En segundo lugar, ¿porqué un compromiso democrático
con el cumplimiento íntegro del pacto político
ratificado por los vascos en el Estatuto de Gernika y con
el respeto también a las opciones de cambio y actualización
del mismo?
Yo creo que todos necesitamos renovar este compromiso democrático.
No sólo es necesario, sino oportuno, porque transcurridos
21 años desde su aprobación, el pacto político
que representó el Estatuto de Gernika, ostenta el
triste honor de ser una Ley Orgánica pendiente de
ser cumplida.
Por este motivo, considero que este es un compromiso de
todos; y digo bien, de todos. De todos los que estamos dispuestos
a respetar la voluntad presente y futura de los vascos,
tanto de los que entienden que el Estatuto de Gernika es
el techo máximo de autogobierno al que puede aspirar
el Pueblo Vasco, como de los que consideran que el actual
estatuto es insuficiente para colmar las aspiraciones de
autogobierno y de reconocimiento de identidad nacional del
País Vasco.
Porque, no respeta la legitimidad democrática de
los vascos quien no reconoce y no se compromete con el cumplimiento
íntegro y completo del Estatuto de Gernika como pacto
político con el Estado; como tampoco respeta la legitimidad
democrática quien exige que el Pueblo Vasco renuncie
definitivamente a hacer uso de las opciones de cambio y
de desarrollo institucional que el actual Estatuto contempla,
a través de su Disposición Adicional, en función
de que se alcancen las mayorías necesarias para ello,
de conformidad con las reglas al uso en los sistemas democráticos
avanzados.
Ninguna sociedad democrática puede concebirse sobre
la idea de que haya miembros o colectivos de la misma cuyas
opciones políticas, únicamente desarrolladas
dentro de los cauces estrictamente políticos y democráticos,
son consideradas irrealizables o imposibles.
Por tanto, el cumplimiento íntegro del actual Estatuto
de Gernika debe ser un compromiso que nos debe unir a todos
los que reivindicamos la legitimidad democrática
de nuestras Instituciones y del marco de autogobierno que
hemos aprobado por la voluntad mayoritaria de la sociedad
vasca. Por supuesto, el respeto a lo que hoy somos, permite
légitimamente que los diferentes partidos políticos
puedan plantear ante la sociedad vasca las opciones de cambio
y de modificación del actual marco de autogobierno
para que sea la sociedad la que pueda elegir libre y democráticamente.
Desde este punto de vista, sería un acto de imposición
intolerable que ETA condicionase el cese de la violencia
a la consecución de un determinado proyecto político,
al margen de la voluntad mayoritaria de los ciudadanos y
ciudadanas vascas, como sería, también, un
ejercicio de ceguera política y de intolerancia democrática
condicionar el cumplimiento íntegro del actual Estatuto,
su desarrollo, su actualización o su posible modificación,
a la desaparición de ETA.
Cuando en el debate actual se propone paz por democracia,
no se hace sino intimidar a los ciudadanos para que renuncien
a su libertad a cambio de que se les deje en paz. Y cuando
se pospone el ejercicio de la democracia al logro previo
de la paz, no se hace sino supeditar la democracia a la
voluntad de quienes quieren sabotearla.
La violencia, en uno u otro sentido, no debe ser utilizada
como excusa o como condición para no respetar la
voluntad presente o futura del Pueblo Vasco, porque, en
el fondo, si hacemos esto, el referente político
-el timón- para la definición de nuestro presente
y de nuestro futuro se lo estamos dando a ETA.
· En tercer lugar, ¿por qué un compromiso de diálogo
político y para qué? La violencia, la intolerancia
y el terrorismo que sufre la sociedad vasca es preciso combatirla
con los instrumentos de que dispone un estado de derecho
para garantizar la libertad y la seguridad ciudadana, es
decir, con medidas policiales y judiciales.
Pero, más allá de los problemas de violencia
que tiene la sociedad vasca, desde mucho tiempo antes de
la existencia de ETA, existe un problema de normalización
política que no es posible abordar exclusivamente
con medidas policiales y represivas, sino que es preciso
solucionar a través de vías políticas
y democráticas. Los problemas políticos se
solucionan con instrumentos políticos, mediante el
diálogo, la negociación y el acuerdo democrático.
Yo no sé si las palabras, problema, conflicto o
contencioso político son las adecuadas, pero sí
sé que en este País tenemos formas distintas
de entender el autogobierno, la soberanía o nuestra
identidad. En Euskadi hay personas que legítimamente
se sienten vascas y únicamente vascas, y hay personas
que, con la misma legitimidad, sintiéndose vascas
se sienten también españolas. Y por lo tanto,
de cómo avanzar en la integración y en la
cohesión de ambos sentimientos de identidad desde
el respeto mutuo, tenemos que hablar.
Hay personas en nuestro País para las que el marco
jurídico-político existente -Constitución
y Estatuto-, con su actual grado de desarrollo, parcial
e incompleto, responde perfectamente a sus aspiraciones,
y hay quien cree que no es así, y que aspira a completar,
modificar o actualizar los actuales instrumentos de autogobierno,
o bien que desea un régimen de independencia sin
matices.
En definitiva, es preciso reconocer la existencia en el
seno de la sociedad vasca de distintas sensibilidades, -todas
ellas legítimas-, en relación con el nivel
de autogobierno deseado, con el sentimiento de pertenencia
e identidad nacional, y con el grado de aceptación
del actual marco jurídico político y territorial.
Y de estas cosas es preciso también hablar, sin
complejos y sin prejuicios.
Por otro lado, la actual escalada de atentados de ETA
y la violencia de persecución que sufren los ciudadanos
y ciudadanas vascas han provocado, además, la crispación
y la confrontación entre los partidos políticos
vascos, y amenaza con degradar la convivencia ciudadana
y separar a la población vasca en dos mitades irreconciliables.
Urge, por tanto, reconducir esta situación, porque
corremos el riesgo de quedar encerrados en un callejón
sin salida. Por este motivo, la sociedad vasca, además
de movilizarse de manera contundente contra las acciones
terroristas, está exigiendo a los partidos, un esfuerzo
de diálogo que trate de superar la actual fragmentación
existente.
A este respecto, y de conformidad con la proposición
no de Ley aprobada por este Parlamento el pasado 16 de junio,
"es preciso activar un proceso de diálogo que supere
la actual incomunicación política, restaure
el clima de entendimiento indispensable que el País
necesita, y propicie las mínimas condiciones de normalidad
democrática que permitan abordar futuros consensos
básicos aún no alcanzados en Euskadi". El
instrumento para conseguir este objetivo no puede ser otro
que la constitución de un "foro de diálogo,
en un tiempo razonable, que sea reflejo del pluralismo político
y cultural de Euskadi y cuya finalidad sea el reforzamiento
de la integración política de la ciudadanía
vasca, poniendo todos los medios para evitar, tanto la fractura
social como la exclusión, por razones ideológicas,
de un sector de la población" (y cito textualmente).
Por tanto, es preciso que seamos capaces de superar el
actual grado de incomunicación política y
sentemos cuanto antes, las bases de un diálogo para
abordar futuros consensos básicos aún no alcanzados
en Euskadi.
Ese, y no otro, es el objetivo y la finalidad del compromiso
de diálogo político que planteo.
Propongo un ejercicio de generosidad política, seamos
sensatos, tengamos todos la máxima honestidad para
debatir y analizar el contenido de cada uno de los compromisos
propuestos.
Vayamos, pues, a analizar el contenido y la materialización
práctica de los tres compromisos que conforman los
ejes de esta Iniciativa política que pretende iniciar
una nueva etapa en el camino de la paz y de la normalización
política.
En primer lugar, un Compromiso ético,
Un compromiso ético… ·
ante la oleada de asesinatos cometidos por ETA contra toda
la sociedad vasca.
ante la campaña de amenazas y de violencia de persecución
que limita la libertad de un amplio sector de la ciudadanía
vasca.
ante la inseguridad patrimonial y física de los que
son amenazados si no se avienen a pagar el chantaje que
injustificadamente se les exige.
ante la persistencia de la intolerancia en un sector minoritario
de nuestra juventud que recurre a la utilización
del miedo y de la agresión para imponer a los demás
sus ideas.
Ante todas estas situaciones, es preciso impulsar un compromiso
ético para denunciar la degradación de la
convivencia y la conculcación de los más elementales
derechos humanos y libertades de las personas. En este sentido,
es mi intención que este compromiso ético
tome cuerpo en una Declaración en la que manifestemos:
- Nuestro rechazo más rotundo a la violencia y ratifiquemos
nuestro compromiso inequívoco con la defensa a ultranza
del derecho a la vida como principio fundamental de la convivencia.
Esto es, que el respeto al derecho inviolable de las personas,
a su integridad física y moral y a su libertad de
expresión, constituyen la base fundamental sobre
la que podemos asentar una convivencia auténticamente
humana.
- Nuestro compromiso de garantizar el ejercicio de los derechos
humanos de todas las personas, anteponiendo, si fuera necesario,
este objetivo a cualquier otro.
- Nuestro compromiso de defender la libertad individual
de todos los ciudadanos y ciudadanas vascas: - Libertad
para vivir sin la amenaza de la coacción, de la persecución
y del asesinato. Libertad para que todos los ciudadanos
y ciudadanas vascas, sin excepción, tengan garantizados
en nuestra sociedad el ejercicio de todos los derechos humanos
que les corresponden como personas.
- Y Libertad también, para las ideas, para todas
las ideas. Libertad para que todos los proyectos puedan
ser defendidos, y en su caso materializados, única
y exclusivamente por las vías políticas y
democráticas. Libertad de opción, libertad
de pensamiento, libertad para elegir y libertad para decidir
sin imposiciones y sin chantajes.
- Nuestro compromiso de solidaridad activa y de reconocimiento
ético, político, social y material con todas
las víctimas que han sufrido y sufren la violencia,
la intolerancia y el terrorismo, en todas sus manifestaciones.
- Y nuestra disposición para desarrollar cuantas
iniciativas contribuyan a erradicar todo tipo de violencia
y permitan crear las condiciones precisas para lograr una
convivencia pacífica y democrática entre todos
los ciudadanos y ciudadanas vascas.
Para el desarrollo y la materialización de este
compromiso ético, como ya adelanté formalmente
ante este Parlamento el pasado día 5, y ustedes ya
conocen, he convocado a todos los ciudadanos y ciudadanas
vascas a una manifestación unitaria y silenciosa
en contra de la violencia de ETA y a favor de la Paz.
Esta convocatoria, pretende tres objetivos:
- Separar claramente el compromiso ético con la Paz,
de reivindicaciones políticas legítimas Paz
no es Constitución y Paz no es autodeterminación.
La Paz no puede condicionarse a proyecto político
o ideológico alguno.
- Que el protagonismo corresponda al conjunto de la sociedad
vasca.
- Que sea un pronunciamiento radical a favor de la Paz y
una expresión de rechazo frontal a la violencia de
ETA.
Estos objetivos tomarán cuerpo en un lema con dos
mensajes claros e inequívocos: BAKEA / ETA EZ. BAKEA,
para manifestar nuestro profundo respeto a los derechos
humanos y libertades de todas las personas.
ETA EZ, para manifestar nuestro rechazo contundente a
la violencia de ETA
Esta manifestación, como todos ustedes saben, se
celebrará pasado mañana, sábado día
21 de octubre, a las 17 horas en Bilbao, y quiero aprovechar
esta ocasión para agradecer a todos aquellos partidos
políticos e instituciones públicas y privadas
que han mostrado su disposición a participar en la
misma, y mi respeto hacia quienes, con la misma libertad,
han decidido no hacerlo.
También quiero aprovechar esta ocasión para
reiterar una invitación a los familiares de las víctimas
del terrorismo, para que, en función de su propia
reflexión, acudan a esta convocatoria ciudadana y
puedan recibir, de esta forma, el apoyo, la solidaridad
y el cariño de toda la sociedad vasca.
Asimismo, y para proyectar este compromiso ético
ante la sociedad, es mi intención impulsar una Declaración
Institucional sobre las bases que les he anunciado, en defensa
de los derechos humanos y de la libertad individual. Declaración
que será presentada ante la sociedad vasca en Gernika,
en las próximas semanas.
El compromiso ético compartido debe ser el primer
paso común que nos permita caminar juntos incluso
en diferentes direcciones, porque el código ético
de la democracia es solidario en el respeto a la diferencia,
acatando las decisiones de la mayoría y permitiendo
a las minorías luchar en condiciones públicas
iguales para alcanzar el apoyo popular.
Debemos comenzar buscando suelo firme que podamos compartir.
Somos conscientes de las diferencias ideológicas
y de los diferentes proyectos que nos animan a los diversos
grupos que conformamos la sociedad vasca. Por ello mismo,
lo que podemos y debemos compartir es el acuerdo ético
sobre lo que es legítimo, y desde ese acuerdo afrontar
el reto de hacer totalmente inútil el recurso a la
coacción, al asesinato, al chantaje, a la tortura,
al secuestro y a toda forma de tormento como medio para
resolver conflictos sociales, culturales o políticos.
El segundo componente de la Iniciativa política
planteada, como ya he adelantado al comienzo de mi intervención,
es plantear un compromiso democrático.
Un compromiso democrático de respeto a lo que hoy
somos, de respeto a las Instituciones, a las decisiones
colectivas y a los pactos políticos que hemos adoptado
como expresión de la voluntad mayoritaria de la sociedad
vasca.
Este compromiso democrático tiene una triple vertiente:
- Un compromiso democrático con la defensa de las
Instituciones construidas legítimamente por la voluntad
mayoritaria de los ciudadanos y ciudadanas de nuestra Comunidad.
Nuestro Gobierno, nuestro Parlamento y todos los demás
instrumentos actuales del autogobierno, son nuestras legítimas
instituciones representativas, porque son fruto de nuestras
propias decisiones refrendadas, periódica y sucesivamente,
en consultas democráticas en las que los vascos y
las vascas hemos tenido ocasión de elegir libremente
entre los diversos proyectos políticos que se nos
han presentado.
- Un compromiso democrático con el cumplimiento íntegro
del Estatuto de Gernika, como manifestación de la
voluntad de autogobierno del Pueblo Vasco y como expresión
del pacto de convivencia entre Euskadi y el Estado, de conformidad
con la propia decisión del Parlamento Vasco adoptada
el 20 de octubre de 1995.
Y un compromiso democrático, también, para
respetar la voluntad de los ciudadanos y ciudadanas vascas
para, en su caso, la actualización y modificación
de nuestro autogobierno, mediante la incorporación
de los derechos que al Pueblo Vasco le corresponden en virtud
de su historia, a través de instrumentos y procedimientos
estrictamente políticos y democráticos.
Considero que transcurridos 21 años desde la aprobación
del Estatuto de Gernika, todos debemos hacer una reflexión
sobre lo que ha sucedido a lo largo de este tiempo, y todos
debemos hacer un esfuerzo por renovar este triple compromiso
democrático que nos permita recuperar la ilusión
y la esperanza en la capacidad y la flexibilidad de que
disponen nuestros marcos de autogobierno para dar cabida
a los deseos mayoritarios de la sociedad vasca. Vayamos,
pues, a realizar una reflexión serena y necesaria
sobre el Estatuto de Gernika y su desarrollo.
El Estatuto de Autonomía de Gernika, cuando se aprobó,
el 25 de octubre de 1979 por la mayoría de la sociedad
vasca, constituyó una puerta abierta a la esperanza,
un instrumento a partir del cual se pudiera dar respuesta
a las demandas de autogobierno y al reconocimiento de la
identidad singular del Pueblo Vasco.
El Estatuto de Gernika se planteó como un punto
de encuentro para la convivencia. Desde esta perspectiva,
debemos valorar muy positivamente los frutos del Estatuto
de Gernika y reconocer su importancia fundamental para desarrollar
nuestro autogobierno en estos últimos 21 años
y contribuir, con ello, al incremento del bienestar y de
la prosperidad de los ciudadanos y ciudadanas vascas.
Siendo esto así, no es menos cierto que para una
parte significativa de la sociedad vasca su actual grado
de desarrollo e incumplimiento, no ha servido para dar respuesta
al nivel de autogobierno competencial que en el mismo se
contemplaba y para encauzar, plena y definitivamente, el
reconocimiento de la nacionalidad del Pueblo Vasco, así
como su encaje en el nuevo escenario europeo.
A lo largo de estos 21 años, lamentablemente por
errores y equivocaciones propias y ajenas, el Estatuto de
Gernika se ha ido convirtiendo en un punto de encuentro
cada vez más difuso y más etéreo. ¿Por
qué?
- En primer lugar, porque el actual desarrollo del Estatuto
no se corresponde ni en el espíritu ni en la letra
con el que fue refrendado democráticamente por la
propia sociedad vasca, cuando fue sometido a referéndum
de acuerdo con las explicaciones que se dieron tanto por
boca de los que lo apoyaron como de los que le negaron su
apoyo.
- Aquel modelo autonómico inicial, basado en la
existencia de hechos diferenciales y singulares que debían
tener un tratamiento específico, quebró como
consecuencia de los pactos autonómicos de 1981 y
de los efectos homogeneizadores de la LOAPA que, si bien
fue declarada inconstitucional, sus efectos prácticos
se han hecho sentir hasta nuestros días.
- En vez de dar encaje a los hechos diferenciales, se optó
por la opción del "café para todos", con la
esperanza de que las personalidades históricas se
diluyeran en un régimen generalizado de autonomías,
en una especie de "sano regionalismo". El resultado ha sido,
en muchos casos, una mera descentralización administrativa
de competencias y recursos. Resultado que, por una parte,
ha supuesto aumentar la complejidad organizativa del Estado
y que, por otra, no ha servido para dar cabida satisfactoriamente
a las expectativas de reconocimiento diferencial que las
nacionalidades históricas habían depositado
en un Estado autonómico plurinacional, como la misma
Constitución reconoce.
- En segundo lugar, y como consecuencia de lo anterior,
el Estatuto de Gernika, después de transcurridos
21 años desde su aprobación por referéndum,
todavía está pendiente de ser cumplido. Desde
este punto de vista, el Estatuto de Gernika tiene el lamentable
"honor" de ser la única Ley Orgánica que después
de 21 años, todavía no ha sido cumplida por
parte del Estado español, a pesar de los reiterados
posicionamientos unánimes del Parlamento Vasco en
este sentido.
- En tercer lugar, porque la estrategia de desarrollo del
Estatuto seguida por el Gobierno Central, tanto en tiempos
del PSOE como del PP, ha distado mucho del sentido original
de Pacto entre iguales que le dio origen.
- El proceso de transferencias, aún sin culminar,
ha estado condicionado permanentemente a la obtención
de contrapartidas políticas y al pago de peajes que
nada tienen que ver con el cumplimiento de una Ley Orgánica,
simplemente, ni más ni menos.
- En cuarto lugar, porque se ha quebrado unilateralmente
el nivel de autogobierno reconocido en el Estatuto a través
de la aprobación unilateral de leyes básicas
por parte de la Administración Central española
y mediante la permanente judicialización del ejercicio
de nuestro autogobierno. La situación del Concierto
Económico es la última y desgraciada muestra
de esta actitud.
- En quinto lugar, porque nuestro marco de autogobierno,
aprobado hace 21 años, no se ha actualizado convenientemente
para adaptarse a la nueva realidad de la Unión Europea.
A las puertas del siglo XXI, y en el seno de una Europa
en la que ya no existen fronteras físicas, ni económicas,
ni políticas, no tiene sentido que una Comunidad
Autónoma, con amplias competencias exclusivas en
numerosas materias, no pueda defender directamente sus posiciones
en las Instituciones Europeas, como lo hacen ya otras regiones
autónomas de diversos Estados.
No parece coherente con la definición de España
como Estado plurinacional, que sólo exista una voz
unitaria, homogénea y uniforme del Estado en materias
y decisiones que ya no deberían ser consideradas
"asuntos exteriores", sino asuntos que afectan interna y
decisivamente al bienestar económico y social de
los ciudadanos y ciudadanas vascas y que, por tanto, deben
de tener la oportunidad de hacer oír su voz y defender
sus intereses directamente en Europa.
El incumplimiento del Pacto Estatutario ha generado una
serie de consecuencias que ya reconocíamos con ocasión
de la presentación del informe de prioridades de
transferencias aprobado por esta Cámara el 20 de
octubre de 1995, y que, desgraciadamente se han puesto de
manifiesto con mayor nitidez, si cabe, en estos últimos
años:
a) Consecuencias políticas, detectadas, por cierto,
en el Acuerdo de Ajuria-Enea: se retrasa o se pone en duda
el modelo de convivencia política refrendado en Euskadi,
alimentando planteamientos deslegitimadores de la vía
estatutaria que inciden sobre la normalización del
País.
b) Consecuencias sociales, porque los poderes públicos
vascos se encuentran limitados en su actuar político,
dado que el Estatuto no es sólo un fondo de reserva
de poderes, sino fundamentalmente un punto de salida para
una acción destinada a mejorar las condiciones de
vida colectivas e individuales de los ciudadanos vascos.
c) Consecuencias económicas, porque se impide la
aplicación completa del sistema de Concierto Económico,
imposibilitándose alcanzar el nivel definitivo de
financiación y provocando incrementos irregulares
del gasto público por la pervivencia anómala
de líneas de actuación pública paralelas.
d) Consecuencias jurídicas, porque además
de responder a un acuerdo político, el Estatuto se
sitúa como Ley Orgánica que vincula a todos
los poderes públicos. Además, sin su cumplimiento
queda sin configuración el propio modelo de Estado.
Lo cierto es que el autogobierno del País Vasco,
representado por el Estatuto como Ley básica, del
Estatuto como vehículo de progreso, del Estatuto
como camino para que las legítimas aspiraciones del
Pueblo Vasco puedan encontrar su acomodo a través
de la actualización de los derechos que le corresponden
en virtud de su historia, como dice su propio texto, es
un Estatuto cojo, petrificado en sus propios quistes.
Un Estatuto que más que unir espacios de consenso
para avanzar, se ha transformado en un instrumento de frustración,
debido a la lectura reduccionista que de él se ha
hecho por parte del Estado, llegándose a utilizar,
a veces, como una referencia inaceptable de excesiva autonomía
que pone en peligro la uniformidad del Estado español.
Se ha afirmado hasta la saciedad que el Estatuto representó
un pacto político entre diferentes sensibilidades
y proyectos políticos, el punto de encuentro tantas
veces comentado.
Ciertamente, constato que co-existieron -y siguen haciéndolo-
al menos, dos vías antagónicas de concebir
el autogobierno vasco. De un lado, vamos a considerar que
la vía estatutaria puede representar un camino para
quienes aspiran a cotas de autogobierno desde proyectos
de realización descentralizada del Estado.
De otro lado, vamos a considerar, también, que la
vía estatutaria puede representar un camino para
quienes aspiran a cotas de autogobierno desde proyectos
de realización nacionalista soportados en el proceso
histórico foral o de los derechos que, reconocidos
en el Pacto Estatutario de Gernika, son irrenunciables para
el Pueblo Vasco, de acuerdo con el marco jurídico
actual, hasta que la voluntad de los vascos, en su caso,
decida cambiarlo, de conformidad con las reglas de juego
democrático.
El verdadero punto de encuentro reside en la obtención
de un marco institucional común que sirva a todas
las opciones y proyectos políticos, sin que tengamos
que deslegitimar las aspiraciones o las metas de ninguno
de ellos. Este es el fruto del pacto político tácito
que asumieron quienes dieron su apoyo al Estatuto de Gernika.
Creo sinceramente que el espíritu del pacto pudo
funcionar a comienzos de los años 80, a pesar de
las ausencias, reticencias o auto-exclusiones del consenso
por parte de algunas opciones políticas y estamentos
sociales, porque entonces funcionó el compromiso
institucional mutuo entre el Estado y la Comunidad Autónoma
de Euskadi. Pero aquel "espíritu del Pacto" se fue
disolviendo como un azucarillo en el agua como consecuencia
de iniciativas de toda índole que lo han ido desnaturalizando
hasta hacerlo, desgraciadamente, irreconocible.
Quiero que quede constancia de que, cuando el informe del
Gobierno Vasco afirmaba, en el citado debate parlamentario
de 20 de octubre de 1995, que "completar el Estatuto de
Gernika se empieza a convertir en un problema estructural…",
estábamos ya apelando al anuncio de desmoronamiento
de los compromisos democráticos y políticos
adquiridos por todos los que asumimos el Estatuto.
A mi entender, además, aunque forma parte de las
consecuencias políticas citadas, incluso estamos
perdiendo la más mínima posibilidad de incorporar
al consenso que representó el Estatuto a quienes
legítimamente se excluyeron de la adhesión
inicial al mismo. Este hecho debe hacernos reflexionar a
todos, porque de todos es responsabilidad el que todas las
opciones políticas tengan caminos de desarrollo y
el Estatuto, estoy convencido, puede llegar a tenerlos.
No deseo que nadie interprete de mis palabras un rechazo
a lo construido hasta ahora por la voluntad de los vascos
o una denuncia del Estatuto.
Lo que estoy denunciando no es el Estatuto como pacto político,
como marco de convivencia, sino su incumplimiento.
Lo que estoy denunciando no es el Estatuto como instrumento
que encierra en su seno potencialidades que deben ser exploradas
para buscar nuevos puntos de encuentro, sino la actitud
de los que se empeñan en utilizar como techo y como
límite de la voluntad de la sociedad vasca, lo construido
hasta ahora. Lo que estoy denunciando es que se tache de
antidemócratas a las opciones políticas que
solicitan legítimamente una modificación,
renovación o actualización del propio Estatuto
para adaptarlo al nuevo escenario europeo y a la evolución
de la sociedad vasca.
Por tanto, debemos clarificar cuales son nuestros compromisos
con el Estatuto de Gernika, qué cuestiones son propias
de la dialéctica política y qué cuestiones
están al margen de la mínima ética
democrática.
Porque, como he citado anteriormente, ninguna sociedad
democrática puede concebirse sobre la idea de que
haya miembros o colectivos de la misma cuyas opciones políticas,
defendidas única y exclusivamente por vías
pacíficas y democráticas son consideradas
irrealizables.
Si estamos de acuerdo en que ser demócrata representa
una actitud de compromiso hacia los valores de tolerancia,
igualdad y respeto a los derechos humanos, tendremos que
dejar de asimilar la condición de demócrata
con los marcos jurídicos y con las lecturas que cada
uno hace de los mismos respecto a la organización
y la forma política.
El acuerdo o desacuerdo respecto a la organización
política, respecto al propio Estatuto y a aquella
parte de la Constitución que se refiere a esa cuestión,
nada tienen que ver con la parte constitucional de los derechos
y libertades individuales, respecto a los cuales, las diferentes
opciones políticas que cada cual defiende legítimamente,
nos pueden colocar en un lugar u otro de la barrera de los
demócratas. Quien no es capaz de ver esa distinción
es porque está dispuesto a anteponer los objetivos
políticos a la dignidad humana.
Para ello, para poder trabajar en el logro de una convivencia
en la que se respeten los derechos individuales, es preciso
partir de un mínimo reconocimiento de la legitimidad
democrática que nos merecemos todos.
En función de todas las consideraciones anteriores,
es por lo que creo que precisamos renovar y ratificar un
compromiso democrático:
- Primero, para exigir el respeto a la legitimidad democrática
de las Instituciones y marcos jurídicos construidos
hasta ahora por la voluntad de los vascos,
- Segundo, para que se respete y se cumpla el Pacto Político
ratificado por los vascos en el Estatuto de Gernika, de
conformidad con lo aprobado por este mismo Parlamento, el
20 de octubre de 1995, no sólo porque es una exigencia
legal, sino porque es una exigencia de ética democrática,
y
- Tercero, para reconocer, también, la legitimidad
democrática de las opciones de cambio y actualización
de las Instituciones y marcos jurídicos, en función
de que se alcancen en el futuro las mayorías requeridas
para ello.
En 1979 el "Estatuto bai" fue un punto de encuentro y consenso
suficiente porque aglutinó a la gran mayoría
de los vascos. Poco o nada se sabía entonces de leyes
orgánicas, bases, transferencias, LOAPAS, etc. La
mayoría de la sociedad afirmó y suscribió
un concepto, el Estatuto y lo entendió útil
y suficiente para cerrar la etapa histórica de la
dictadura.
Han pasado muchas cosas desde entonces, positivas unas
y negativas otras. Lo cierto es que el Estatuto no ha conseguido
incorporar a la normalidad política a parte de la
sociedad que lo negó entonces como vía de
solución y, por su desarrollo convulso e inacabado,
ha dejado de ser un referente indiscutido para otra parte
de la sociedad que sí lo asumió en 1979.
¿Cómo volver a dotarlo de aquel valor referencial
que consiguió en su inicio? Es básico, desde
mi punto de vista que todos asumamos el triple compromiso
de respeto que he enunciado para conseguir diseñar
el nuevo punto de encuentro de la sociedad vasca en el 2001:
respeto a lo construido. Respeto al pacto político
pendiente. Respeto al futuro.
El Estatuto tiene procedimientos e instrumentos suficientes
para llevar a cabo este compromiso, para alcanzar este nuevo
punto de encuentro.
Lo tiene desde una capacidad de autogobierno material todavía
no explorada y lo tiene, también, desde sus cláusulas
más abiertas representadas en la Disposición
Adicional.
Esa Disposición Adicional, en relación con
la Adicional Primera de la Constitución Española,
supuso la clave del consenso entre el nacionalismo y el
no nacionalismo en el proceso de transición y constituyente.
Y precisamente, de esa clave del consenso no se ha obtenido
ninguna consecuencia ni jurídica ni política.
Incluso se ha llegado a defender por algunas opciones su
nula aplicabilidad y su falta de contenidos prácticos,
convirtiendo en retazo de nostalgia histórica lo
que fue clave esencial del pacto político.
La Adicional no lo dice todo. Se queda abierta a determinación
futuro. No es una cláusula de cierre sino de apertura.
Pero, sin decirlo todo, la Adicional dice mucho.
La suma de las Adicionales de la Constitución y del
Estatuto permiten considerar:
- Que el Pueblo Vasco es un sujeto político con derechos
propios.
- Que esos derechos, a diferencia del sistema general de
Autonomías, son previos a la Constitución.
No nacen de la Constitución sino que la pre-existen,
puesto que ésta los reconoce y ampara.
- Que esa identidad específica y singular de sujeto
político previo a la Constitución debe reconocerse
y ampararse en todos los terrenos: Respecto a Euskadi mismo,
respecto a las relaciones con el Estado Español y
respecto, también, a la Unión Europea. Esto
es la actualización de los Derechos Históricos.
La aplicación al siglo XXI de las consecuencias de
ser un sujeto político con derechos propios.
Entiendo con ello que hay un espacio por recorrer en la
afirmación general del Estatuto como punto de encuentro
de los vascos.
Actualicemos lo que eso significa 21 años después
de su aprobación y en ese proceso de actualización
podremos encontrar un espacio de convivencia política.
Con esa voluntad propongo precisamente el tercer compromiso
de la Iniciativa Política, al que me referiré
posteriormente, para la constitución de un Foro Multipartito
a favor del diálogo político.
Ahora bien, antes de exponer esta iniciativa y para materializar
este compromiso de respeto democrático. a "lo que
hoy somos" y de respeto a los marcos jurídico políticos
de los que nos hemos dotado los vascos en el ejercicio de
nuestra propia voluntad, deseo comunicar públicamente
en este Parlamento, que el próximo día 25
de octubre voy a convocar a los representantes políticos
y sociales para impulsar el compromiso de la sociedad vasca
con el cumplimiento íntegro del Estatuto de Gernika,
así como con el respeto a las opciones de cambio
y actualización del mismo.
El Estatuto es evolución y potencialidad consensuada
según las mayorías históricas que nos
toque vivir en el futuro, y pensar en él como límite
supone desvirtuar su propia capacidad para concitar la convivencia
en Euskadi.
Ha llegado el momento de que todos nos planteemos renovar
el consenso estatutario sobre nuevas bases. Este debe ser
un compromiso de todos y particularmente mío, como
Lehendakari de todas las opciones democráticas vascas.
Este compromiso democrático se sustenta, por supuesto,
en la exigencia del cumplimiento íntegro y urgente
del Estatuto de Gernika, así como en la demanda a
todas las fuerzas políticas de esta Cámara
para que seamos capaces de explorar, a través de
los foros de diálogo que sea preciso articular, nuevos
caminos para que las potencialidades del pacto estatutario
tomen cuerpo y, de esta forma, seamos capaces de propiciar,
entre todos, un nuevo punto de encuentro para la convivencia.
Por último, y desde la perspectiva de profundizar
y actualizar nuestro compromiso democrático, la tercera
pata, el tercer compromiso de la Iniciativa política
que planteo como Lehendakari es impulsar una iniciativa
de diálogo político para constituir un FORO
MULTIPARTITO en el que, desde el respeto a lo construido
hasta ahora, desde lo que hoy somos, podamos decidir lo
que queramos ser en el futuro.
A este respecto, deseo trasladarles, uno por uno, para
conocer su posición al respecto, los principios que,
tomando como base de partida los compromisos éticos
y los compromisos democráticos presentados previamente,
puedan configurar una serie de Acuerdos Básicos sobre
los que constituir un foro que nos permita abordar futuros
consensos básicos aún no alcanzados en Euskadi,
según se establece textualmente en la proposición
no de Ley aprobada por este Parlamento el pasado 16 de junio
de este año.
Partiendo de la premisa de que todos tenemos el objetivo
común de lograr la Paz y la normalización
política, en definitiva de construir una sociedad
vasca más humana, estos serían los principios
que pudiéramos compartir entre todos, y que deseo
someter a su consideración y a la de toda la sociedad
vasca:
1) Compromiso con el respeto a los Derechos Humanos y con
la defensa de la vida. En este sentido, manifestamos nuestra
posición común de rechazo a la violencia como
instrumento de acción política y con la defensa
del derecho a la vida y de los derechos humanos de todas
las personas.
Reiteramos nuestra apuesta inequívoca por las vías
exclusivamente políticas y democráticas para
lograr la normalización y la solución del
conflicto de convivencia que sufre nuestra sociedad. Expresamos,
a este respecto, nuestro compromiso para desarrollar cuantas
iniciativas contribuyan a erradicar todo tipo de violencia
y permitan crear las condiciones precisas para lograr una
convivencia pacífica y democrática entre todos
los ciudadanos y ciudadanas vascas.
2) Reconocimiento y aceptación de la pluralidad
de la sociedad vasca.
Rechazamos una visión totalizadora de la identidad
vasca y reclamamos el respeto a los derechos individuales
de todos y cada uno de sus ciudadanos para conformar una
Comunidad integrada y plural. Desde esta convicción,
expresamos nuestro más absoluto y escrupuloso respeto
a esa pluralidad en todas sus manifestaciones políticas,
sociales y culturales. Asumimos, también, nuestro
compromiso de respetar y defender la libertad individual
de todos sus miembros para que puedan expresar, sin límites
y sin coacciones, sus legítimas aspiraciones personales
y políticas.
3) Los proyectos de convivencia solo se pueden construir
desde la libre adhesión. El derecho a ser y a sentirse
vasco no puede ser impuesto a nadie, ni a nadie le puede
ser negado. Es un derecho individual, legítimo y
consustancial a todos y cada uno de los ciudadanos y ciudadanas
que quieren compartir el destino común del Pueblo
Vasco.
Un proyecto de convivencia para el conjunto de la sociedad
vasca no puede conformarse, por tanto, desde la imposición
o la coacción.
La construcción de una sociedad vasca integrada
exige compartir identidades, valores y actitudes para abordar,
desde el reconocimiento de lo que hoy somos, lo que queremos
ser en el futuro. Queremos construir el futuro todos juntos,
desde el respeto a los derechos inalienables de todas las
personas, desde la tolerancia mutua con todos los proyectos
y desde el compromiso inequívoco con las reglas de
juego democrático para aceptar lo que la propia sociedad
vasca decida en cada momento.
4) Reconocimiento ético, moral y material a las
víctimas de la violencia y del terrorismo de cualquier
signo. Deseamos reivindicar para las víctimas que
han sufrido y sufren la violencia y el terrorismo, en cualquiera
de sus manifestaciones, el máximo reconocimiento
ético por el daño injusto y, en muchos casos
irreparable, causado, y nos comprometemos a impulsar y apoyar
las iniciativas parlamentarias, políticas y sociales
dirigidas a arropar y a defender a todas las personas inocentes
que sufren la violencia, la persecución, la intolerancia,
el chantaje, la coacción y las amenazas físicas
y psicológicas, por el simple hecho de defender sus
ideas.
5) Necesidad de impulsar gestos de distensión que
contribuyan a recuperar un clima de concordia y de cohesión
en el seno de nuestra sociedad. La sociedad vasca acepta
con normalidad la coexistencia de diferentes sensibilidades
y opciones políticas e ideológicas. Los representantes
políticos tenemos, por tanto, la responsabilidad
histórica para desarmar la palabra e impulsar gestos
de distensión, evitando, de esta forma, romper los
puentes de convivencia que conforman una Comunidad plural,
pero unida en lo fundamental en torno a un sentimiento de
pertenencia común. A construir la Paz debemos colaborar
también con una positiva voluntad de humanización
y de reconciliación. A este respecto, es preciso
reivindicar el cumplimiento de los acuerdos y compromisos
en materia de política penitenciaria, porque el respeto
de los derechos humanos es una exigencia ética y
moral de la que no deben estar excluidos ningún colectivo,
tampoco las personas encarceladas, independientemente del
cumplimiento del castigo que, en justicia, hayan recibido
por sus delitos.
6) Reconocimiento de la necesidad de abordar un proceso
de normalización política. Es preciso reconocer
la existencia en el seno de la sociedad vasca de distintas
sensibilidades, -todas ellas legítimas- en relación
con el nivel de autogobierno deseado, con el sentimiento
de pertenencia y de identidad nacional y con el grado de
aceptación del actual marco jurídico, político
y territorial. La constatación de esta realidad hace
necesario abordar un proceso de diálogo que permita,
en su caso, ampliar los consensos actualmente existentes
sobre estos aspectos, para evitar la fractura social y la
exclusión por razones ideológicas de un sector
de la población vasca.
7) Compromiso con un final dialogado. Los principios de
defensa de la libertad, del diálogo y de la no violencia
son los que deben presidir la estrategia dirigida a conseguir
la Paz y la normalización política.
Un proceso de diálogo se tiene que abordar sobre
la premisa del respeto a los derechos humanos y el compromiso
inequívoco de todos los interlocutores con las vías
única y exclusivamente políticas y democráticas.
Y también, sobre la premisa del respeto a lo construido
hasta ahora, a la legitimidad democrática de las
instituciones y de los ámbitos jurídico-políticos
existentes como fruto de la voluntad mayoritaria de los
vascos para, -desde esta realidad y desde la legitimidad
democrática-, reconocer la capacidad de la propia
sociedad vasca para decidir lo que quiera ser en el futuro,
toda vez que, en un proceso democrático, la voluntad
mayoritaria de la ciudadanía vasca, legítimamente
expresada, debe encontrar su aplicación en el ordenamiento
jurídico vigente en cada momento.
Estos son los principios y los Acuerdos Básicos
que les traslado en este Debate y que, en mi opinión,
constituyen una base de trabajo suficiente sobre la que
instrumentar un compromiso de diálogo político
para iniciar una nueva etapa. Una nueva etapa que debemos
construir entre todos, no con instrumentos del pasado, sino
con compromisos de futuro.
Un camino para alcanzar estos objetivos es la constitución
de un nuevo Foro de diálogo político en el
que la clave no es empeñarnos en que los demás
acepten nuestros proyectos políticos divergentes
y legítimos, sino que seamos capaces de consensuar
los procedimientos a seguir para abordar un proceso de convivencia
y de normalización política. Un proceso que
nos permita, en su caso, ampliar los acuerdos básicos
alcanzados hasta el momento, así como consensuar
un procedimiento compartido para ratificar los resultados
de los nuevos acuerdos que eventualmente se pudieran alcanzar.
He presentado de manera detallada el contenido y el desarrollo
de una Iniciativa Política sustentada sobre tres
compromisos, -un compromiso ético, un compromiso
democrático y un compromiso de diálogo político-,
con el objetivo de abrir un nuevo tiempo político,
de transitar de la cultura de la confrontación a
la cultura del entendimiento.
Estas son las iniciativas y los compromisos que someto
a la consideración de este Parlamento y de toda la
sociedad vasca para iniciar una nueva etapa. Sinceramente,
creo que la situación social y política exige
de todos nosotros un esfuerzo para explorar, con espíritu
abierto, las posibilidades de lograr un consenso entorno
a las mismas. Muchísimas gracias.