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Comparecencia del Lehendakari ante el Parlamento (19 de octubre de 2000)


 
 
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Mi comparecencia en este Pleno Parlamentario responde a un doble objetivo:

En primer lugar, -y como ya les anuncié en mi intervención en el Debate de Política General, celebrado el pasado 22 de septiembre-, era mi intención presentar, con carácter inmediato, una iniciativa política e institucional ante este Parlamento para solicitar el posicionamiento de los distintos Grupos Políticos en torno al cumplimiento íntegro del Estatuto de Gernika como pacto político de convivencia entre vascos, así como entre Euskadi y el Estado, de conformidad con el informe valorado positivamente por este Parlamento el 20 de octubre de 1995, y para reconocer, también, la legitimidad democrática de las opciones de cambio y actualización del mismo, en función de que se alcancen en el futuro las mayorías requeridas para cambiar un pacto democrático de esta naturaleza.
Para materializar este compromiso presenté una solicitud en este sentido a la mesa en la mañana del mismo día 22, después de mi intervención en esta Cámara.

Pero, en segundo lugar, y habida cuenta de que en el transcurso del Debate de Política General, la intervención de los diferentes grupos de la oposición soslayó, en mi opinión, la valoración y el posicionamiento sobre el conjunto de las iniciativas presentadas en el propio Debate, decidí acumular la solicitud de comparecencia presentada a la mañana, con una nueva solicitud para plantear en un debate específico el contenido global de la Iniciativa política presentada.

Una iniciativa política basada en un triple compromiso:
Un compromiso ético con la defensa de la libertad individual y el derecho a la vida.
Un compromiso democrático de respeto a nuestras Instituciones, al actual marco de autogobierno y a las opciones de cambio y actualización del mismo, que contempla el Estatuto de Gernika. Es decir, respeto a lo que hoy somos.
Y, un compromiso de diálogo político para que, desde el respeto a lo que hoy somos, a lo construido hasta ahora por voluntad de los vascos y de las vascas, podamos decidir todos juntos cómo queremos ser en el futuro.

Como he indicado anteriormente, a lo largo del Debate no fue posible valorar y posicionarse ante cada uno de los compromisos citados. Se hurtó el objetivo del Debate a la sociedad vasca, y todo el desarrollo del mismo se vió condicionado por el anuncio del Partido Popular y del Partido Socialista de presentar mociones de censura. De esta forma, toda la discusión política se centró, tanto en el propio Debate de Política General como, posteriormente, en las mociones de censura presentadas el pasado 5 de octubre, en si es oportuna o no, la celebración de elecciones anticipadas.

En ningún caso pretendo negar la legitimidad de la oposición para solicitar un adelanto electoral, pero lo que sí debo reiterar es que la convocatoria de elecciones es una prerrogativa del Lehendakari y que un debate de Política General no es el momento ni el foro para circunscribirse única y exclusivamente a esta cuestión.

No pretendo ahora, -como no pretendí tampoco en el momento de solicitar esta comparecencia-, reabrir los Debates que tuvimos en esta Cámara el 22 de septiembre y el pasado día 5 de octubre.

En el primer caso, no pretendo reabrir el Debate de Política General en torno a la Iniciativa política presentada, simplemente porque es imposible reabrir una discusión que ni siquiera llegó a iniciarse. Todos venían con una estrategia preconcebida y, por tanto, hicieron oídos sordos al contenido de las propuestas del Lehendakari.

En el segundo caso, no pretendo reabrir el Debate que mantuvimos el pasado 5 de octubre, porque no tiene objeto reabrir un Debate ya agotado, que se circunscribió, única y exclusivamente, a la demanda de elecciones anticipadas y que, en mi opinión, no aportó nada nuevo para la sociedad vasca.

El objetivo, por tanto, de esta comparecencia es retomar el Debate que aún no hemos tenido oportunidad de tener y avanzar iniciativas concretas para la materialización de los compromisos éticos, democráticos y políticos a los que voy a hacer alusión en esta Cámara.

Considero que la sociedad tiene derecho a conocer con claridad cuál es el posicionamiento de cada uno de los grupos políticos respecto a esta iniciativa política, que tiene por objeto configurar una nueva etapa.

El planteamiento con el que pretendo enfocar esta comparecencia es claro: mi intención es dar por cerrada definitivamente una etapa, la etapa en la que unos y otros hemos mezclado equivocadamente Paz y opción política, la etapa de confrontación entre Partidos Políticos que defendemos el derecho a la vida, la etapa de la incomunicación y el no diálogo; y abrir una nueva etapa con nuevos referentes, con nuevos paradigmas, con nuevas actitudes y también con nuevos compromisos e iniciativas políticas.

Con este objetivo, deseo iniciar mi intervención de la misma manera que planteé el Debate del pasado 22 de septiembre, con un compromiso de honestidad política.
Decía que, desgraciadamente, todos los intentos que ha habido por traer la Paz a este Pueblo han fracasado. Los Partidos Políticos y organizaciones sociales que en su día apostamos por Lizarra, nos comprometimos totalmente en un proyecto, convencidos de buena fe que el mismo traería la paz a este Pueblo, y es preciso reconocer que no lo hemos conseguido. Lo hemos intentado, pero no lo hemos conseguido. Tan cierto como esto, es que cualquier otro intento habido en la historia, y los ha habido de muchas y diferentes maneras, algunos legítimos y otros no legítimos, tampoco consiguieron el objetivo.
Y no lo hemos conseguido porque siempre hemos confundido paz y política. Siempre, aunque lo negáramos, hemos abordado juntos, y de manera inseparable, la cuestión del terrorismo y de la política, los unos y los otros.

Yo estoy convencido de que la violencia debe desaparecer con independencia de los proyectos políticos. Los conflictos políticos se han de resolver desde la política. Es la propia sociedad vasca la que debe asumir, pacífica y democráticamente, la resolución de sus problemas de convivencia y de normalización y las decisiones sobre su propio futuro, con independencia o no de la existencia de violencia.

La paz no es soberanía, la paz no es construcción nacional, la paz no es Constitución.

Ésta fue, y sigue siendo, la clave de mi reflexión política. El objetivo propuesto es, por tanto, abrir un nuevo tiempo político en este País basado en la separación de la paz respecto de la política. La paz, la ausencia de violencia, es la prioridad absoluta de nuestro Pueblo. La vida es el derecho fundamental primero y sobresaliente. Nuestro esfuerzo debe concentrarse en abrir ese proceso de paz, con independencia de los proyectos políticos existentes, que cada uno defiende legítimamente. No confundamos unos y otros nuestro respectivo proyecto con la búsqueda de la paz.

Soy plenamente consciente de que en este Parlamento nos hemos cruzado recientemente graves acusaciones y las dos primeras sesiones del presente curso político han tenido más que ver con la confrontación y la polémica estéril que con un debate civilizado y sereno de propuestas y alternativas.
Pero también soy plenamente consciente de que la sociedad vasca no ve con buenos ojos que ante la reaparición de la violencia terrorista, los responsables políticos respondamos con una inusitada agresividad verbal y división entre nosotros. Es más, en mi opinión, los ciudadanos y ciudadanas vascas no se merecen otra tormentosa jornada llena de negatividad y de resentimiento.

La cultura de la confrontación no lleva a ninguna parte y es en la cultura de la confrontación en la que nos hemos estado desenvolviendo en los últimos tiempos.

Por este motivo, les puedo asegurar que vengo dispuesto a plantear este Debate de una forma serena y razonable. Quisiera dar por finalizada la etapa del insulto y la descalificación y abrir, de nuevo, el camino del contraste de opiniones, de la discrepancia legítima y del respeto mutuo.

Entre todos, debemos hacer un esfuerzo por cerrar definitivamente la etapa pasada y disponernos a iniciar una nueva etapa todos juntos. Admitiendo nuestras diferencias, asumiendo que nuestros proyectos políticos no son coincidentes, pero sin demonizar las ideas de los demás, reconociendo mutuamente la legitimidad de todos los proyectos defendidos por vías políticas y democráticas.
Estoy incluso, dispuesto a comprender que el interés partidista por forzar el adelanto de unas elecciones pueda provocar un tensionamiento añadido en el debate político y una tendencia a bloquear todas las salidas a cualquier propuesta que se pueda plantear.

Pero, independientemente de que esta circunstancia pueda añadir más dificultades a la actual situación, estoy convencido de que nuestra obligación es empezar a andar, desde ahora mismo, el camino de una nueva etapa. No nos podemos permitir esperas estériles porque el día después, el n+1, tendremos que afrontar los mismos problemas que el día anterior, tendremos que volver a convivir y tendremos que volver a debatir sobre proyectos, sobre alternativas de futuro.

Yo no soy partidario de los tiempos muertos, como tampoco soy partidario de que sigamos destruyendo irresponsablemente puentes que luego nos va a costar mucho tiempo volver a construir. Por eso, creo firmemente que no podemos seguir en un diálogo de sordos, sin propuestas, sin esperanza.

Ha llegado el momento de que la sociedad conozca cuales son nuestras alternativas, las de todos. Cuales son nuestras iniciativas de Paz y nuestras propuestas para no retrotraernos al pasado. Cuales son nuestros proyectos para lograr la cohesión, la integración y la normalización política en la sociedad vasca.
Nuestro Pueblo no quiere estar condenado a repetir resignadamente otros 30 años de violencia. Tenemos que superar la etapa del pasado y articular propuestas de futuro. La sociedad vasca necesita ilusión y esperanza. Necesita respuestas. La sociedad vasca nos está preguntando a los partidos y a sus representantes políticos si, además de insultarnos mutuamente, además de seguir en la escalada de descalificaciones y de confrontación, además de condenar la violencia, pedir a la sociedad que resista, ¿qué más proponemos para avanzar hacia la paz y encontrar soluciones a los problemas no resueltos de convivencia política en nuestro País?

(Fin del texto en euskera)

Como decía en euskera, mi intención con esta comparecencia no es reabrir debates del pasado, sino iniciar un nuevo tiempo político para el futuro.

Tenemos que dejar atrás, cerrar definitivamente, la etapa en la que unos y otros hemos mezclado equivocadamente Paz y opción política; la etapa de la confrontación entre partidos que defendemos conjuntamente el derecho a la vida; la etapa de la división, de la incomunicación y de la negación del diálogo. Y tenemos que ser valientes para abordar una nueva etapa. Una nueva etapa basada en la separación clara entre la exigencia de Paz y el desarrollo de la política.

No confundamos, unos y otros, nuestro proyecto político con la búsqueda de la Paz, mezclando interesadamente política y violencia en un cóctel infernal.
Debemos exigir la desaparición de la violencia, con independencia de los proyectos políticos. La Paz no es soberanía, la Paz no es construcción nacional, y la Paz tampoco es Constitución.

Los conflictos políticos se han de resolver desde la política. No podemos condicionar el avance de cualquier proceso de normalización política a la actividad terrorista, porque, si así lo hacemos, le estaremos dando el tiempo y el espacio político a ETA, le estaremos dejando las riendas y el timón de la vida política vasca a ETA y eso, desde el punto de vista de una sociedad democrática, es imperdonable.

Si cometemos este error, las minorías que, no aceptando la voluntad democrática presente o futura de este Pueblo, estén dispuestas a seguir matando, impedirán permanentemente el normal desarrollo democrático.

El camino no es ni la claudicación ante los que asesinan y extorsionan, ni la confrontación destructiva entre los que representan diferentes opciones políticas, todas ellas legítimas.
La cultura de la confrontación no lleva a ninguna parte. Por este motivo, vengo dispuesto a plantear este Debate de una forma serena y razonable. Quisiera abrir el camino del contraste de opiniones, de la discrepancia legítima, y del respeto mutuo.


Debemos, por tanto, hacer un esfuerzo, entre todos, para abordar una nueva etapa en la que superemos la agresividad y la división entre partidos democráticos y nos dispongamos a un debate sereno y civilizado de diferentes y legítimos proyectos políticos divergentes. Un nuevo tiempo, en definitiva, en el que desterremos la incomunicación y la división y seamos capaces de trabajar, desde el diálogo y el respeto mutuos, en la búsqueda conjunta de nuevos paradigmas, nuevos referentes, nuevas propuestas para solucionar los problemas de convivencia y de normalización aún no resueltos en nuestro País.

Mi compromiso y mi reto como Lehendakari es contribuir a abrir esta nueva etapa a la esperanza.

Por ello, quiero plantear ante este Parlamento y ante toda la sociedad vasca una Iniciativa política sustentada sobre un triple compromiso:

· En primer lugar, un compromiso ético en defensa de la libertad y de los derechos individuales de las personas.

· En segúndo lugar, un compromiso democrático en defensa de las decisiones colectivas adoptadas democráticamente por nuestra sociedad. En defensa del marco de autogobierno construido por la voluntad mayoritaria de los vascos, y de las opciones de cambio y actualización del mismo, es decir "Respeto a lo que hoy somos". · En tercer lugar, un compromiso político para impulsar un foro de diálogo multipartito en el que, desde el respeto a lo construído hasta ahora, y partiendo de unos Acuerdos Básicos mínimos compartidos por todos, podamos decidir conjuntamente lo que queremos ser en el futuro.
¿Por qué un compromiso ético?
· Evidentemente, ninguno de los partidos democráticos vascos hemos hecho dejación de nuestros principios éticos en defensa del derecho a la vida y de los derechos humanos de todas las personas, como valores fundamentales de la convivencia social y de la práctica política.

Pero, quizá sea ésta la primera ocasión en la que tenemos la oportunidad de separar claramente nuestro compromiso común con unos determinados principios éticos, de nuestros respectivos objetivos políticos. Independientemente de nuestras diferencias e incluso de nuestros proyectos políticos divergentes, la sociedad vasca nos reclama que establezcamos claramente una línea divisoria entre aquellos que estamos unidos en el rechazo tajante y rotundo de la violencia como instrumento de acción política, y aquellos que se sitúan al otro lado, porque no están dispuestos a dar este paso.

Este compromiso ético se dirige pues, no sólo a sus propios firmantes sino también a los que, por unas razones o por otras, se queden al margen.
Un compromiso de estas características, ni es inútil ni es tardío en una sociedad que precisa de referentes claros e inequívocos para que la defensa de determinados proyectos políticos no se confundan con el ejercicio de la violencia y de la intolerancia.
En segundo lugar, ¿porqué un compromiso democrático con el cumplimiento íntegro del pacto político ratificado por los vascos en el Estatuto de Gernika y con el respeto también a las opciones de cambio y actualización del mismo?
Yo creo que todos necesitamos renovar este compromiso democrático. No sólo es necesario, sino oportuno, porque transcurridos 21 años desde su aprobación, el pacto político que representó el Estatuto de Gernika, ostenta el triste honor de ser una Ley Orgánica pendiente de ser cumplida.
Por este motivo, considero que este es un compromiso de todos; y digo bien, de todos. De todos los que estamos dispuestos a respetar la voluntad presente y futura de los vascos, tanto de los que entienden que el Estatuto de Gernika es el techo máximo de autogobierno al que puede aspirar el Pueblo Vasco, como de los que consideran que el actual estatuto es insuficiente para colmar las aspiraciones de autogobierno y de reconocimiento de identidad nacional del País Vasco.
Porque, no respeta la legitimidad democrática de los vascos quien no reconoce y no se compromete con el cumplimiento íntegro y completo del Estatuto de Gernika como pacto político con el Estado; como tampoco respeta la legitimidad democrática quien exige que el Pueblo Vasco renuncie definitivamente a hacer uso de las opciones de cambio y de desarrollo institucional que el actual Estatuto contempla, a través de su Disposición Adicional, en función de que se alcancen las mayorías necesarias para ello, de conformidad con las reglas al uso en los sistemas democráticos avanzados.

Ninguna sociedad democrática puede concebirse sobre la idea de que haya miembros o colectivos de la misma cuyas opciones políticas, únicamente desarrolladas dentro de los cauces estrictamente políticos y democráticos, son consideradas irrealizables o imposibles.

Por tanto, el cumplimiento íntegro del actual Estatuto de Gernika debe ser un compromiso que nos debe unir a todos los que reivindicamos la legitimidad democrática de nuestras Instituciones y del marco de autogobierno que hemos aprobado por la voluntad mayoritaria de la sociedad vasca. Por supuesto, el respeto a lo que hoy somos, permite légitimamente que los diferentes partidos políticos puedan plantear ante la sociedad vasca las opciones de cambio y de modificación del actual marco de autogobierno para que sea la sociedad la que pueda elegir libre y democráticamente.

Desde este punto de vista, sería un acto de imposición intolerable que ETA condicionase el cese de la violencia a la consecución de un determinado proyecto político, al margen de la voluntad mayoritaria de los ciudadanos y ciudadanas vascas, como sería, también, un ejercicio de ceguera política y de intolerancia democrática condicionar el cumplimiento íntegro del actual Estatuto, su desarrollo, su actualización o su posible modificación, a la desaparición de ETA.
Cuando en el debate actual se propone paz por democracia, no se hace sino intimidar a los ciudadanos para que renuncien a su libertad a cambio de que se les deje en paz. Y cuando se pospone el ejercicio de la democracia al logro previo de la paz, no se hace sino supeditar la democracia a la voluntad de quienes quieren sabotearla.

La violencia, en uno u otro sentido, no debe ser utilizada como excusa o como condición para no respetar la voluntad presente o futura del Pueblo Vasco, porque, en el fondo, si hacemos esto, el referente político -el timón- para la definición de nuestro presente y de nuestro futuro se lo estamos dando a ETA.

· En tercer lugar, ¿por qué un compromiso de diálogo político y para qué? La violencia, la intolerancia y el terrorismo que sufre la sociedad vasca es preciso combatirla con los instrumentos de que dispone un estado de derecho para garantizar la libertad y la seguridad ciudadana, es decir, con medidas policiales y judiciales.

Pero, más allá de los problemas de violencia que tiene la sociedad vasca, desde mucho tiempo antes de la existencia de ETA, existe un problema de normalización política que no es posible abordar exclusivamente con medidas policiales y represivas, sino que es preciso solucionar a través de vías políticas y democráticas. Los problemas políticos se solucionan con instrumentos políticos, mediante el diálogo, la negociación y el acuerdo democrático.

Yo no sé si las palabras, problema, conflicto o contencioso político son las adecuadas, pero sí sé que en este País tenemos formas distintas de entender el autogobierno, la soberanía o nuestra identidad. En Euskadi hay personas que legítimamente se sienten vascas y únicamente vascas, y hay personas que, con la misma legitimidad, sintiéndose vascas se sienten también españolas. Y por lo tanto, de cómo avanzar en la integración y en la cohesión de ambos sentimientos de identidad desde el respeto mutuo, tenemos que hablar.

Hay personas en nuestro País para las que el marco jurídico-político existente -Constitución y Estatuto-, con su actual grado de desarrollo, parcial e incompleto, responde perfectamente a sus aspiraciones, y hay quien cree que no es así, y que aspira a completar, modificar o actualizar los actuales instrumentos de autogobierno, o bien que desea un régimen de independencia sin matices.

En definitiva, es preciso reconocer la existencia en el seno de la sociedad vasca de distintas sensibilidades, -todas ellas legítimas-, en relación con el nivel de autogobierno deseado, con el sentimiento de pertenencia e identidad nacional, y con el grado de aceptación del actual marco jurídico político y territorial.

Y de estas cosas es preciso también hablar, sin complejos y sin prejuicios.

Por otro lado, la actual escalada de atentados de ETA y la violencia de persecución que sufren los ciudadanos y ciudadanas vascas han provocado, además, la crispación y la confrontación entre los partidos políticos vascos, y amenaza con degradar la convivencia ciudadana y separar a la población vasca en dos mitades irreconciliables.

Urge, por tanto, reconducir esta situación, porque corremos el riesgo de quedar encerrados en un callejón sin salida. Por este motivo, la sociedad vasca, además de movilizarse de manera contundente contra las acciones terroristas, está exigiendo a los partidos, un esfuerzo de diálogo que trate de superar la actual fragmentación existente.
A este respecto, y de conformidad con la proposición no de Ley aprobada por este Parlamento el pasado 16 de junio, "es preciso activar un proceso de diálogo que supere la actual incomunicación política, restaure el clima de entendimiento indispensable que el País necesita, y propicie las mínimas condiciones de normalidad democrática que permitan abordar futuros consensos básicos aún no alcanzados en Euskadi". El instrumento para conseguir este objetivo no puede ser otro que la constitución de un "foro de diálogo, en un tiempo razonable, que sea reflejo del pluralismo político y cultural de Euskadi y cuya finalidad sea el reforzamiento de la integración política de la ciudadanía vasca, poniendo todos los medios para evitar, tanto la fractura social como la exclusión, por razones ideológicas, de un sector de la población" (y cito textualmente).

Por tanto, es preciso que seamos capaces de superar el actual grado de incomunicación política y sentemos cuanto antes, las bases de un diálogo para abordar futuros consensos básicos aún no alcanzados en Euskadi.

Ese, y no otro, es el objetivo y la finalidad del compromiso de diálogo político que planteo.

Propongo un ejercicio de generosidad política, seamos sensatos, tengamos todos la máxima honestidad para debatir y analizar el contenido de cada uno de los compromisos propuestos.

Vayamos, pues, a analizar el contenido y la materialización práctica de los tres compromisos que conforman los ejes de esta Iniciativa política que pretende iniciar una nueva etapa en el camino de la paz y de la normalización política.

En primer lugar, un Compromiso ético,
Un compromiso ético… ·
ante la oleada de asesinatos cometidos por ETA contra toda la sociedad vasca.
ante la campaña de amenazas y de violencia de persecución que limita la libertad de un amplio sector de la ciudadanía vasca.
ante la inseguridad patrimonial y física de los que son amenazados si no se avienen a pagar el chantaje que injustificadamente se les exige.
ante la persistencia de la intolerancia en un sector minoritario de nuestra juventud que recurre a la utilización del miedo y de la agresión para imponer a los demás sus ideas.
Ante todas estas situaciones, es preciso impulsar un compromiso ético para denunciar la degradación de la convivencia y la conculcación de los más elementales derechos humanos y libertades de las personas. En este sentido, es mi intención que este compromiso ético tome cuerpo en una Declaración en la que manifestemos:
- Nuestro rechazo más rotundo a la violencia y ratifiquemos nuestro compromiso inequívoco con la defensa a ultranza del derecho a la vida como principio fundamental de la convivencia. Esto es, que el respeto al derecho inviolable de las personas, a su integridad física y moral y a su libertad de expresión, constituyen la base fundamental sobre la que podemos asentar una convivencia auténticamente humana.
- Nuestro compromiso de garantizar el ejercicio de los derechos humanos de todas las personas, anteponiendo, si fuera necesario, este objetivo a cualquier otro.
- Nuestro compromiso de defender la libertad individual de todos los ciudadanos y ciudadanas vascas: - Libertad para vivir sin la amenaza de la coacción, de la persecución y del asesinato. Libertad para que todos los ciudadanos y ciudadanas vascas, sin excepción, tengan garantizados en nuestra sociedad el ejercicio de todos los derechos humanos que les corresponden como personas.
- Y Libertad también, para las ideas, para todas las ideas. Libertad para que todos los proyectos puedan ser defendidos, y en su caso materializados, única y exclusivamente por las vías políticas y democráticas. Libertad de opción, libertad de pensamiento, libertad para elegir y libertad para decidir sin imposiciones y sin chantajes.
- Nuestro compromiso de solidaridad activa y de reconocimiento ético, político, social y material con todas las víctimas que han sufrido y sufren la violencia, la intolerancia y el terrorismo, en todas sus manifestaciones.
- Y nuestra disposición para desarrollar cuantas iniciativas contribuyan a erradicar todo tipo de violencia y permitan crear las condiciones precisas para lograr una convivencia pacífica y democrática entre todos los ciudadanos y ciudadanas vascas.

Para el desarrollo y la materialización de este compromiso ético, como ya adelanté formalmente ante este Parlamento el pasado día 5, y ustedes ya conocen, he convocado a todos los ciudadanos y ciudadanas vascas a una manifestación unitaria y silenciosa en contra de la violencia de ETA y a favor de la Paz.

Esta convocatoria, pretende tres objetivos:
- Separar claramente el compromiso ético con la Paz, de reivindicaciones políticas legítimas Paz no es Constitución y Paz no es autodeterminación. La Paz no puede condicionarse a proyecto político o ideológico alguno.
- Que el protagonismo corresponda al conjunto de la sociedad vasca.
- Que sea un pronunciamiento radical a favor de la Paz y una expresión de rechazo frontal a la violencia de ETA.

Estos objetivos tomarán cuerpo en un lema con dos mensajes claros e inequívocos: BAKEA / ETA EZ. BAKEA, para manifestar nuestro profundo respeto a los derechos humanos y libertades de todas las personas.

ETA EZ, para manifestar nuestro rechazo contundente a la violencia de ETA
Esta manifestación, como todos ustedes saben, se celebrará pasado mañana, sábado día 21 de octubre, a las 17 horas en Bilbao, y quiero aprovechar esta ocasión para agradecer a todos aquellos partidos políticos e instituciones públicas y privadas que han mostrado su disposición a participar en la misma, y mi respeto hacia quienes, con la misma libertad, han decidido no hacerlo.

También quiero aprovechar esta ocasión para reiterar una invitación a los familiares de las víctimas del terrorismo, para que, en función de su propia reflexión, acudan a esta convocatoria ciudadana y puedan recibir, de esta forma, el apoyo, la solidaridad y el cariño de toda la sociedad vasca.
Asimismo, y para proyectar este compromiso ético ante la sociedad, es mi intención impulsar una Declaración Institucional sobre las bases que les he anunciado, en defensa de los derechos humanos y de la libertad individual. Declaración que será presentada ante la sociedad vasca en Gernika, en las próximas semanas.

El compromiso ético compartido debe ser el primer paso común que nos permita caminar juntos incluso en diferentes direcciones, porque el código ético de la democracia es solidario en el respeto a la diferencia, acatando las decisiones de la mayoría y permitiendo a las minorías luchar en condiciones públicas iguales para alcanzar el apoyo popular.

Debemos comenzar buscando suelo firme que podamos compartir. Somos conscientes de las diferencias ideológicas y de los diferentes proyectos que nos animan a los diversos grupos que conformamos la sociedad vasca. Por ello mismo, lo que podemos y debemos compartir es el acuerdo ético sobre lo que es legítimo, y desde ese acuerdo afrontar el reto de hacer totalmente inútil el recurso a la coacción, al asesinato, al chantaje, a la tortura, al secuestro y a toda forma de tormento como medio para resolver conflictos sociales, culturales o políticos.

El segundo componente de la Iniciativa política planteada, como ya he adelantado al comienzo de mi intervención, es plantear un compromiso democrático.

Un compromiso democrático de respeto a lo que hoy somos, de respeto a las Instituciones, a las decisiones colectivas y a los pactos políticos que hemos adoptado como expresión de la voluntad mayoritaria de la sociedad vasca.
Este compromiso democrático tiene una triple vertiente:
- Un compromiso democrático con la defensa de las Instituciones construidas legítimamente por la voluntad mayoritaria de los ciudadanos y ciudadanas de nuestra Comunidad. Nuestro Gobierno, nuestro Parlamento y todos los demás instrumentos actuales del autogobierno, son nuestras legítimas instituciones representativas, porque son fruto de nuestras propias decisiones refrendadas, periódica y sucesivamente, en consultas democráticas en las que los vascos y las vascas hemos tenido ocasión de elegir libremente entre los diversos proyectos políticos que se nos han presentado.
- Un compromiso democrático con el cumplimiento íntegro del Estatuto de Gernika, como manifestación de la voluntad de autogobierno del Pueblo Vasco y como expresión del pacto de convivencia entre Euskadi y el Estado, de conformidad con la propia decisión del Parlamento Vasco adoptada el 20 de octubre de 1995.

Y un compromiso democrático, también, para respetar la voluntad de los ciudadanos y ciudadanas vascas para, en su caso, la actualización y modificación de nuestro autogobierno, mediante la incorporación de los derechos que al Pueblo Vasco le corresponden en virtud de su historia, a través de instrumentos y procedimientos estrictamente políticos y democráticos.

Considero que transcurridos 21 años desde la aprobación del Estatuto de Gernika, todos debemos hacer una reflexión sobre lo que ha sucedido a lo largo de este tiempo, y todos debemos hacer un esfuerzo por renovar este triple compromiso democrático que nos permita recuperar la ilusión y la esperanza en la capacidad y la flexibilidad de que disponen nuestros marcos de autogobierno para dar cabida a los deseos mayoritarios de la sociedad vasca. Vayamos, pues, a realizar una reflexión serena y necesaria sobre el Estatuto de Gernika y su desarrollo.

El Estatuto de Autonomía de Gernika, cuando se aprobó, el 25 de octubre de 1979 por la mayoría de la sociedad vasca, constituyó una puerta abierta a la esperanza, un instrumento a partir del cual se pudiera dar respuesta a las demandas de autogobierno y al reconocimiento de la identidad singular del Pueblo Vasco.

El Estatuto de Gernika se planteó como un punto de encuentro para la convivencia. Desde esta perspectiva, debemos valorar muy positivamente los frutos del Estatuto de Gernika y reconocer su importancia fundamental para desarrollar nuestro autogobierno en estos últimos 21 años y contribuir, con ello, al incremento del bienestar y de la prosperidad de los ciudadanos y ciudadanas vascas.

Siendo esto así, no es menos cierto que para una parte significativa de la sociedad vasca su actual grado de desarrollo e incumplimiento, no ha servido para dar respuesta al nivel de autogobierno competencial que en el mismo se contemplaba y para encauzar, plena y definitivamente, el reconocimiento de la nacionalidad del Pueblo Vasco, así como su encaje en el nuevo escenario europeo.

A lo largo de estos 21 años, lamentablemente por errores y equivocaciones propias y ajenas, el Estatuto de Gernika se ha ido convirtiendo en un punto de encuentro cada vez más difuso y más etéreo. ¿Por qué?
- En primer lugar, porque el actual desarrollo del Estatuto no se corresponde ni en el espíritu ni en la letra con el que fue refrendado democráticamente por la propia sociedad vasca, cuando fue sometido a referéndum de acuerdo con las explicaciones que se dieron tanto por boca de los que lo apoyaron como de los que le negaron su apoyo.

- Aquel modelo autonómico inicial, basado en la existencia de hechos diferenciales y singulares que debían tener un tratamiento específico, quebró como consecuencia de los pactos autonómicos de 1981 y de los efectos homogeneizadores de la LOAPA que, si bien fue declarada inconstitucional, sus efectos prácticos se han hecho sentir hasta nuestros días.

- En vez de dar encaje a los hechos diferenciales, se optó por la opción del "café para todos", con la esperanza de que las personalidades históricas se diluyeran en un régimen generalizado de autonomías, en una especie de "sano regionalismo". El resultado ha sido, en muchos casos, una mera descentralización administrativa de competencias y recursos. Resultado que, por una parte, ha supuesto aumentar la complejidad organizativa del Estado y que, por otra, no ha servido para dar cabida satisfactoriamente a las expectativas de reconocimiento diferencial que las nacionalidades históricas habían depositado en un Estado autonómico plurinacional, como la misma Constitución reconoce.

- En segundo lugar, y como consecuencia de lo anterior, el Estatuto de Gernika, después de transcurridos 21 años desde su aprobación por referéndum, todavía está pendiente de ser cumplido. Desde este punto de vista, el Estatuto de Gernika tiene el lamentable "honor" de ser la única Ley Orgánica que después de 21 años, todavía no ha sido cumplida por parte del Estado español, a pesar de los reiterados posicionamientos unánimes del Parlamento Vasco en este sentido.

- En tercer lugar, porque la estrategia de desarrollo del Estatuto seguida por el Gobierno Central, tanto en tiempos del PSOE como del PP, ha distado mucho del sentido original de Pacto entre iguales que le dio origen.

- El proceso de transferencias, aún sin culminar, ha estado condicionado permanentemente a la obtención de contrapartidas políticas y al pago de peajes que nada tienen que ver con el cumplimiento de una Ley Orgánica, simplemente, ni más ni menos.

- En cuarto lugar, porque se ha quebrado unilateralmente el nivel de autogobierno reconocido en el Estatuto a través de la aprobación unilateral de leyes básicas por parte de la Administración Central española y mediante la permanente judicialización del ejercicio de nuestro autogobierno. La situación del Concierto Económico es la última y desgraciada muestra de esta actitud.

- En quinto lugar, porque nuestro marco de autogobierno, aprobado hace 21 años, no se ha actualizado convenientemente para adaptarse a la nueva realidad de la Unión Europea. A las puertas del siglo XXI, y en el seno de una Europa en la que ya no existen fronteras físicas, ni económicas, ni políticas, no tiene sentido que una Comunidad Autónoma, con amplias competencias exclusivas en numerosas materias, no pueda defender directamente sus posiciones en las Instituciones Europeas, como lo hacen ya otras regiones autónomas de diversos Estados.

No parece coherente con la definición de España como Estado plurinacional, que sólo exista una voz unitaria, homogénea y uniforme del Estado en materias y decisiones que ya no deberían ser consideradas "asuntos exteriores", sino asuntos que afectan interna y decisivamente al bienestar económico y social de los ciudadanos y ciudadanas vascas y que, por tanto, deben de tener la oportunidad de hacer oír su voz y defender sus intereses directamente en Europa.

El incumplimiento del Pacto Estatutario ha generado una serie de consecuencias que ya reconocíamos con ocasión de la presentación del informe de prioridades de transferencias aprobado por esta Cámara el 20 de octubre de 1995, y que, desgraciadamente se han puesto de manifiesto con mayor nitidez, si cabe, en estos últimos años:
a) Consecuencias políticas, detectadas, por cierto, en el Acuerdo de Ajuria-Enea: se retrasa o se pone en duda el modelo de convivencia política refrendado en Euskadi, alimentando planteamientos deslegitimadores de la vía estatutaria que inciden sobre la normalización del País.

b) Consecuencias sociales, porque los poderes públicos vascos se encuentran limitados en su actuar político, dado que el Estatuto no es sólo un fondo de reserva de poderes, sino fundamentalmente un punto de salida para una acción destinada a mejorar las condiciones de vida colectivas e individuales de los ciudadanos vascos.

c) Consecuencias económicas, porque se impide la aplicación completa del sistema de Concierto Económico, imposibilitándose alcanzar el nivel definitivo de financiación y provocando incrementos irregulares del gasto público por la pervivencia anómala de líneas de actuación pública paralelas.

d) Consecuencias jurídicas, porque además de responder a un acuerdo político, el Estatuto se sitúa como Ley Orgánica que vincula a todos los poderes públicos. Además, sin su cumplimiento queda sin configuración el propio modelo de Estado.

Lo cierto es que el autogobierno del País Vasco, representado por el Estatuto como Ley básica, del Estatuto como vehículo de progreso, del Estatuto como camino para que las legítimas aspiraciones del Pueblo Vasco puedan encontrar su acomodo a través de la actualización de los derechos que le corresponden en virtud de su historia, como dice su propio texto, es un Estatuto cojo, petrificado en sus propios quistes.

Un Estatuto que más que unir espacios de consenso para avanzar, se ha transformado en un instrumento de frustración, debido a la lectura reduccionista que de él se ha hecho por parte del Estado, llegándose a utilizar, a veces, como una referencia inaceptable de excesiva autonomía que pone en peligro la uniformidad del Estado español.

Se ha afirmado hasta la saciedad que el Estatuto representó un pacto político entre diferentes sensibilidades y proyectos políticos, el punto de encuentro tantas veces comentado.

Ciertamente, constato que co-existieron -y siguen haciéndolo- al menos, dos vías antagónicas de concebir el autogobierno vasco. De un lado, vamos a considerar que la vía estatutaria puede representar un camino para quienes aspiran a cotas de autogobierno desde proyectos de realización descentralizada del Estado.

De otro lado, vamos a considerar, también, que la vía estatutaria puede representar un camino para quienes aspiran a cotas de autogobierno desde proyectos de realización nacionalista soportados en el proceso histórico foral o de los derechos que, reconocidos en el Pacto Estatutario de Gernika, son irrenunciables para el Pueblo Vasco, de acuerdo con el marco jurídico actual, hasta que la voluntad de los vascos, en su caso, decida cambiarlo, de conformidad con las reglas de juego democrático.

El verdadero punto de encuentro reside en la obtención de un marco institucional común que sirva a todas las opciones y proyectos políticos, sin que tengamos que deslegitimar las aspiraciones o las metas de ninguno de ellos. Este es el fruto del pacto político tácito que asumieron quienes dieron su apoyo al Estatuto de Gernika.

Creo sinceramente que el espíritu del pacto pudo funcionar a comienzos de los años 80, a pesar de las ausencias, reticencias o auto-exclusiones del consenso por parte de algunas opciones políticas y estamentos sociales, porque entonces funcionó el compromiso institucional mutuo entre el Estado y la Comunidad Autónoma de Euskadi. Pero aquel "espíritu del Pacto" se fue disolviendo como un azucarillo en el agua como consecuencia de iniciativas de toda índole que lo han ido desnaturalizando hasta hacerlo, desgraciadamente, irreconocible.

Quiero que quede constancia de que, cuando el informe del Gobierno Vasco afirmaba, en el citado debate parlamentario de 20 de octubre de 1995, que "completar el Estatuto de Gernika se empieza a convertir en un problema estructural…", estábamos ya apelando al anuncio de desmoronamiento de los compromisos democráticos y políticos adquiridos por todos los que asumimos el Estatuto.

A mi entender, además, aunque forma parte de las consecuencias políticas citadas, incluso estamos perdiendo la más mínima posibilidad de incorporar al consenso que representó el Estatuto a quienes legítimamente se excluyeron de la adhesión inicial al mismo. Este hecho debe hacernos reflexionar a todos, porque de todos es responsabilidad el que todas las opciones políticas tengan caminos de desarrollo y el Estatuto, estoy convencido, puede llegar a tenerlos.

No deseo que nadie interprete de mis palabras un rechazo a lo construido hasta ahora por la voluntad de los vascos o una denuncia del Estatuto.

Lo que estoy denunciando no es el Estatuto como pacto político, como marco de convivencia, sino su incumplimiento.

Lo que estoy denunciando no es el Estatuto como instrumento que encierra en su seno potencialidades que deben ser exploradas para buscar nuevos puntos de encuentro, sino la actitud de los que se empeñan en utilizar como techo y como límite de la voluntad de la sociedad vasca, lo construido hasta ahora. Lo que estoy denunciando es que se tache de antidemócratas a las opciones políticas que solicitan legítimamente una modificación, renovación o actualización del propio Estatuto para adaptarlo al nuevo escenario europeo y a la evolución de la sociedad vasca.

Por tanto, debemos clarificar cuales son nuestros compromisos con el Estatuto de Gernika, qué cuestiones son propias de la dialéctica política y qué cuestiones están al margen de la mínima ética democrática.

Porque, como he citado anteriormente, ninguna sociedad democrática puede concebirse sobre la idea de que haya miembros o colectivos de la misma cuyas opciones políticas, defendidas única y exclusivamente por vías pacíficas y democráticas son consideradas irrealizables.

Si estamos de acuerdo en que ser demócrata representa una actitud de compromiso hacia los valores de tolerancia, igualdad y respeto a los derechos humanos, tendremos que dejar de asimilar la condición de demócrata con los marcos jurídicos y con las lecturas que cada uno hace de los mismos respecto a la organización y la forma política.

El acuerdo o desacuerdo respecto a la organización política, respecto al propio Estatuto y a aquella parte de la Constitución que se refiere a esa cuestión, nada tienen que ver con la parte constitucional de los derechos y libertades individuales, respecto a los cuales, las diferentes opciones políticas que cada cual defiende legítimamente, nos pueden colocar en un lugar u otro de la barrera de los demócratas. Quien no es capaz de ver esa distinción es porque está dispuesto a anteponer los objetivos políticos a la dignidad humana.

Para ello, para poder trabajar en el logro de una convivencia en la que se respeten los derechos individuales, es preciso partir de un mínimo reconocimiento de la legitimidad democrática que nos merecemos todos.

En función de todas las consideraciones anteriores, es por lo que creo que precisamos renovar y ratificar un compromiso democrático:
- Primero, para exigir el respeto a la legitimidad democrática de las Instituciones y marcos jurídicos construidos hasta ahora por la voluntad de los vascos,

- Segundo, para que se respete y se cumpla el Pacto Político ratificado por los vascos en el Estatuto de Gernika, de conformidad con lo aprobado por este mismo Parlamento, el 20 de octubre de 1995, no sólo porque es una exigencia legal, sino porque es una exigencia de ética democrática, y

- Tercero, para reconocer, también, la legitimidad democrática de las opciones de cambio y actualización de las Instituciones y marcos jurídicos, en función de que se alcancen en el futuro las mayorías requeridas para ello.

En 1979 el "Estatuto bai" fue un punto de encuentro y consenso suficiente porque aglutinó a la gran mayoría de los vascos. Poco o nada se sabía entonces de leyes orgánicas, bases, transferencias, LOAPAS, etc. La mayoría de la sociedad afirmó y suscribió un concepto, el Estatuto y lo entendió útil y suficiente para cerrar la etapa histórica de la dictadura.

Han pasado muchas cosas desde entonces, positivas unas y negativas otras. Lo cierto es que el Estatuto no ha conseguido incorporar a la normalidad política a parte de la sociedad que lo negó entonces como vía de solución y, por su desarrollo convulso e inacabado, ha dejado de ser un referente indiscutido para otra parte de la sociedad que sí lo asumió en 1979.

¿Cómo volver a dotarlo de aquel valor referencial que consiguió en su inicio? Es básico, desde mi punto de vista que todos asumamos el triple compromiso de respeto que he enunciado para conseguir diseñar el nuevo punto de encuentro de la sociedad vasca en el 2001: respeto a lo construido. Respeto al pacto político pendiente. Respeto al futuro.
El Estatuto tiene procedimientos e instrumentos suficientes para llevar a cabo este compromiso, para alcanzar este nuevo punto de encuentro.
Lo tiene desde una capacidad de autogobierno material todavía no explorada y lo tiene, también, desde sus cláusulas más abiertas representadas en la Disposición Adicional.

Esa Disposición Adicional, en relación con la Adicional Primera de la Constitución Española, supuso la clave del consenso entre el nacionalismo y el no nacionalismo en el proceso de transición y constituyente. Y precisamente, de esa clave del consenso no se ha obtenido ninguna consecuencia ni jurídica ni política. Incluso se ha llegado a defender por algunas opciones su nula aplicabilidad y su falta de contenidos prácticos, convirtiendo en retazo de nostalgia histórica lo que fue clave esencial del pacto político.

La Adicional no lo dice todo. Se queda abierta a determinación futuro. No es una cláusula de cierre sino de apertura. Pero, sin decirlo todo, la Adicional dice mucho.
La suma de las Adicionales de la Constitución y del Estatuto permiten considerar:
- Que el Pueblo Vasco es un sujeto político con derechos propios.
- Que esos derechos, a diferencia del sistema general de Autonomías, son previos a la Constitución. No nacen de la Constitución sino que la pre-existen, puesto que ésta los reconoce y ampara.
- Que esa identidad específica y singular de sujeto político previo a la Constitución debe reconocerse y ampararse en todos los terrenos: Respecto a Euskadi mismo, respecto a las relaciones con el Estado Español y respecto, también, a la Unión Europea. Esto es la actualización de los Derechos Históricos. La aplicación al siglo XXI de las consecuencias de ser un sujeto político con derechos propios.

Entiendo con ello que hay un espacio por recorrer en la afirmación general del Estatuto como punto de encuentro de los vascos.

Actualicemos lo que eso significa 21 años después de su aprobación y en ese proceso de actualización podremos encontrar un espacio de convivencia política. Con esa voluntad propongo precisamente el tercer compromiso de la Iniciativa Política, al que me referiré posteriormente, para la constitución de un Foro Multipartito a favor del diálogo político.

Ahora bien, antes de exponer esta iniciativa y para materializar este compromiso de respeto democrático. a "lo que hoy somos" y de respeto a los marcos jurídico políticos de los que nos hemos dotado los vascos en el ejercicio de nuestra propia voluntad, deseo comunicar públicamente en este Parlamento, que el próximo día 25 de octubre voy a convocar a los representantes políticos y sociales para impulsar el compromiso de la sociedad vasca con el cumplimiento íntegro del Estatuto de Gernika, así como con el respeto a las opciones de cambio y actualización del mismo.

El Estatuto es evolución y potencialidad consensuada según las mayorías históricas que nos toque vivir en el futuro, y pensar en él como límite supone desvirtuar su propia capacidad para concitar la convivencia en Euskadi.

Ha llegado el momento de que todos nos planteemos renovar el consenso estatutario sobre nuevas bases. Este debe ser un compromiso de todos y particularmente mío, como Lehendakari de todas las opciones democráticas vascas. Este compromiso democrático se sustenta, por supuesto, en la exigencia del cumplimiento íntegro y urgente del Estatuto de Gernika, así como en la demanda a todas las fuerzas políticas de esta Cámara para que seamos capaces de explorar, a través de los foros de diálogo que sea preciso articular, nuevos caminos para que las potencialidades del pacto estatutario tomen cuerpo y, de esta forma, seamos capaces de propiciar, entre todos, un nuevo punto de encuentro para la convivencia.

Por último, y desde la perspectiva de profundizar y actualizar nuestro compromiso democrático, la tercera pata, el tercer compromiso de la Iniciativa política que planteo como Lehendakari es impulsar una iniciativa de diálogo político para constituir un FORO MULTIPARTITO en el que, desde el respeto a lo construido hasta ahora, desde lo que hoy somos, podamos decidir lo que queramos ser en el futuro.

A este respecto, deseo trasladarles, uno por uno, para conocer su posición al respecto, los principios que, tomando como base de partida los compromisos éticos y los compromisos democráticos presentados previamente, puedan configurar una serie de Acuerdos Básicos sobre los que constituir un foro que nos permita abordar futuros consensos básicos aún no alcanzados en Euskadi, según se establece textualmente en la proposición no de Ley aprobada por este Parlamento el pasado 16 de junio de este año.
Partiendo de la premisa de que todos tenemos el objetivo común de lograr la Paz y la normalización política, en definitiva de construir una sociedad vasca más humana, estos serían los principios que pudiéramos compartir entre todos, y que deseo someter a su consideración y a la de toda la sociedad vasca:
1) Compromiso con el respeto a los Derechos Humanos y con la defensa de la vida. En este sentido, manifestamos nuestra posición común de rechazo a la violencia como instrumento de acción política y con la defensa del derecho a la vida y de los derechos humanos de todas las personas.

Reiteramos nuestra apuesta inequívoca por las vías exclusivamente políticas y democráticas para lograr la normalización y la solución del conflicto de convivencia que sufre nuestra sociedad. Expresamos, a este respecto, nuestro compromiso para desarrollar cuantas iniciativas contribuyan a erradicar todo tipo de violencia y permitan crear las condiciones precisas para lograr una convivencia pacífica y democrática entre todos los ciudadanos y ciudadanas vascas.

2) Reconocimiento y aceptación de la pluralidad de la sociedad vasca.

Rechazamos una visión totalizadora de la identidad vasca y reclamamos el respeto a los derechos individuales de todos y cada uno de sus ciudadanos para conformar una Comunidad integrada y plural. Desde esta convicción, expresamos nuestro más absoluto y escrupuloso respeto a esa pluralidad en todas sus manifestaciones políticas, sociales y culturales. Asumimos, también, nuestro compromiso de respetar y defender la libertad individual de todos sus miembros para que puedan expresar, sin límites y sin coacciones, sus legítimas aspiraciones personales y políticas.

3) Los proyectos de convivencia solo se pueden construir desde la libre adhesión. El derecho a ser y a sentirse vasco no puede ser impuesto a nadie, ni a nadie le puede ser negado. Es un derecho individual, legítimo y consustancial a todos y cada uno de los ciudadanos y ciudadanas que quieren compartir el destino común del Pueblo Vasco.

Un proyecto de convivencia para el conjunto de la sociedad vasca no puede conformarse, por tanto, desde la imposición o la coacción.

La construcción de una sociedad vasca integrada exige compartir identidades, valores y actitudes para abordar, desde el reconocimiento de lo que hoy somos, lo que queremos ser en el futuro. Queremos construir el futuro todos juntos, desde el respeto a los derechos inalienables de todas las personas, desde la tolerancia mutua con todos los proyectos y desde el compromiso inequívoco con las reglas de juego democrático para aceptar lo que la propia sociedad vasca decida en cada momento.

4) Reconocimiento ético, moral y material a las víctimas de la violencia y del terrorismo de cualquier signo. Deseamos reivindicar para las víctimas que han sufrido y sufren la violencia y el terrorismo, en cualquiera de sus manifestaciones, el máximo reconocimiento ético por el daño injusto y, en muchos casos irreparable, causado, y nos comprometemos a impulsar y apoyar las iniciativas parlamentarias, políticas y sociales dirigidas a arropar y a defender a todas las personas inocentes que sufren la violencia, la persecución, la intolerancia, el chantaje, la coacción y las amenazas físicas y psicológicas, por el simple hecho de defender sus ideas.

5) Necesidad de impulsar gestos de distensión que contribuyan a recuperar un clima de concordia y de cohesión en el seno de nuestra sociedad. La sociedad vasca acepta con normalidad la coexistencia de diferentes sensibilidades y opciones políticas e ideológicas. Los representantes políticos tenemos, por tanto, la responsabilidad histórica para desarmar la palabra e impulsar gestos de distensión, evitando, de esta forma, romper los puentes de convivencia que conforman una Comunidad plural, pero unida en lo fundamental en torno a un sentimiento de pertenencia común. A construir la Paz debemos colaborar también con una positiva voluntad de humanización y de reconciliación. A este respecto, es preciso reivindicar el cumplimiento de los acuerdos y compromisos en materia de política penitenciaria, porque el respeto de los derechos humanos es una exigencia ética y moral de la que no deben estar excluidos ningún colectivo, tampoco las personas encarceladas, independientemente del cumplimiento del castigo que, en justicia, hayan recibido por sus delitos.

6) Reconocimiento de la necesidad de abordar un proceso de normalización política. Es preciso reconocer la existencia en el seno de la sociedad vasca de distintas sensibilidades, -todas ellas legítimas- en relación con el nivel de autogobierno deseado, con el sentimiento de pertenencia y de identidad nacional y con el grado de aceptación del actual marco jurídico, político y territorial. La constatación de esta realidad hace necesario abordar un proceso de diálogo que permita, en su caso, ampliar los consensos actualmente existentes sobre estos aspectos, para evitar la fractura social y la exclusión por razones ideológicas de un sector de la población vasca.

7) Compromiso con un final dialogado. Los principios de defensa de la libertad, del diálogo y de la no violencia son los que deben presidir la estrategia dirigida a conseguir la Paz y la normalización política.

Un proceso de diálogo se tiene que abordar sobre la premisa del respeto a los derechos humanos y el compromiso inequívoco de todos los interlocutores con las vías única y exclusivamente políticas y democráticas. Y también, sobre la premisa del respeto a lo construido hasta ahora, a la legitimidad democrática de las instituciones y de los ámbitos jurídico-políticos existentes como fruto de la voluntad mayoritaria de los vascos para, -desde esta realidad y desde la legitimidad democrática-, reconocer la capacidad de la propia sociedad vasca para decidir lo que quiera ser en el futuro, toda vez que, en un proceso democrático, la voluntad mayoritaria de la ciudadanía vasca, legítimamente expresada, debe encontrar su aplicación en el ordenamiento jurídico vigente en cada momento.

Estos son los principios y los Acuerdos Básicos que les traslado en este Debate y que, en mi opinión, constituyen una base de trabajo suficiente sobre la que instrumentar un compromiso de diálogo político para iniciar una nueva etapa. Una nueva etapa que debemos construir entre todos, no con instrumentos del pasado, sino con compromisos de futuro.

Un camino para alcanzar estos objetivos es la constitución de un nuevo Foro de diálogo político en el que la clave no es empeñarnos en que los demás acepten nuestros proyectos políticos divergentes y legítimos, sino que seamos capaces de consensuar los procedimientos a seguir para abordar un proceso de convivencia y de normalización política. Un proceso que nos permita, en su caso, ampliar los acuerdos básicos alcanzados hasta el momento, así como consensuar un procedimiento compartido para ratificar los resultados de los nuevos acuerdos que eventualmente se pudieran alcanzar.

He presentado de manera detallada el contenido y el desarrollo de una Iniciativa Política sustentada sobre tres compromisos, -un compromiso ético, un compromiso democrático y un compromiso de diálogo político-, con el objetivo de abrir un nuevo tiempo político, de transitar de la cultura de la confrontación a la cultura del entendimiento.

Estas son las iniciativas y los compromisos que someto a la consideración de este Parlamento y de toda la sociedad vasca para iniciar una nueva etapa. Sinceramente, creo que la situación social y política exige de todos nosotros un esfuerzo para explorar, con espíritu abierto, las posibilidades de lograr un consenso entorno a las mismas. Muchísimas gracias.