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Mensaje previo:
Ciertamente celebramos este último Debate de Política General
del presente siglo en unas circunstancias especialmente amargas
y dolorosas, porque ETA ha vuelto a mostrar hace escasamente
24 horas su macabro rostro, asesinando en S. Andrián del Besós
a D. José Luis Ruiz Casado. Con este nuevo crimen, ETA ha
vuelto a dejar tras de sí a una familia destrozada por el
sufrimiento y a una sociedad cada vez más harta y más indignada.
A una sociedad pacífica que siempre ha condenado y condenará
con rotundidad el crimen, el asesinato y la violencia desde
el punto de vista ético y moral. Pero también, a una sociedad
serena y madura, que no está dispuesta a verse arrastrada
en la espiral de odio, de violencia y de división social en
la que ETA pretende introducirnos en su enloquecida carrera
hacia ninguna parte, hacia el aislamiento, hacia el abismo.
Deseo aprovechar la ocasión de este Debate para condenar
rotundamente este nuevo crimen de ETA y para enviar un abrazo
de solidaridad a sus familiares y amigos. Abrazo que quiero
hacer extensivo, también, a D. José Ramón Recalde, todavía
convaleciente de la violencia terrorista de ETA, a quien le
queremos trasladar nuestros mejores deseos para su pronta
y definitiva recuperación. Asimismo, quisiera tener un recuerdo
muy especial en memoria de todas las personas inocentes que
han sufrido y sufren la intolerancia y la barbarie de la violencia
en nuestra sociedad. Deseo, en este sentido, realizar una
especial mención a las personas que han sido asesinadas por
ETA tras la rutpura de la tregua, en este triste año 2000.
A D. Antonio García Blanco, a D. Fernando Buesa, a D. Jorge
Díez, a D. José Luis López Lacalle, a D. Jesús Mª Pedrosa,
a D. José María Martín Cárpena, a D. Juan Mari Jauregui, a
D. José Mari Korta, a D. Francisco Casanova, a Dª Irene Fernández,
a D. José Angel de Jesús y a D. Manuel Indiano. A todos ellos
y a sus familiares, queremos mostrarles nuestro reconocimiento,
nuestro homenaje y nuestro cariño, así como la solidaridad
de toda la sociedad vasca.
Introducción.
Este Debate de Política General se produce en un momento absolutamente
clave para el presente y el futuro de la sociedad vasca. Más
allá de los intereses de partidos, más allá de las especulaciones
electorales, más allá de cálculos de poder, la sociedad vasca
vive un momento crítico y reclama soluciones.
Quiero iniciar este Debate con una reflexión del Lehendakari
sobre la situación de este País y sobre lo que este País requiere
y exige de nosotros, de todos nosotros, y sobre esta reflexión
comprometida, sincera y que busca la concordia, articularé
toda mi exposición y las iniciativas que en ella se anuncian.
El Lehendakari, el Gobierno Vasco, los Partidos que lo apoyan,
PNV y Eusko Alkartasuna, hemos hecho una apuesta sincera y
honesta. Vivimos un año y medio de tregua sin muertos, un
tiempo que hoy nos parece desgraciadamente una utopía del
pasado. Se generó ilusión y la inmensa mayoría de esta sociedad
creyó que estábamos ante una oportunidad de caminar hacia
la paz.
Nos comprometimos totalmente en un proyecto, convencidos
de buena fe que traería la paz a este Pueblo, y no lo hemos
conseguido. Lo hemos intentado, pero no lo hemos conseguido.
Tan cierto como esto, es que cualquier otro intento habido
en la historia, y los ha habido de muchas y diferentes maneras,
algunos legítimos y otros no legítimos, tampoco consiguieron
el objetivo. Tampoco Ajuria-Enea nos salió bien.
Y no entremos en el debate partidista sobre quién reventó
o quién no reventó aquella iniciativa. Intentemos por una
vez los mensajes honrados y sin complejos. Ajuria-Enea no
trajo la paz a este Pueblo y se vió bloqueada también por
la rutina infernal de la violencia. Y el futuro que anuncian
el Partido Popular, el Gobierno del Partido Popular, y también
el Partido Socialista, en base solamente a aislamiento y confrontación,
también fracasará. Y ustedes lo saben. Ése es un camino ya
intentado y abocado al fracaso.
Y siguiendo con este compromiso de honradez les voy a decir
por qué creo que hemos fracasado siempre y todos en traer
la paz a este País. Porque siempre hemos confundido paz y
política, siempre, aunque lo negáramos, hemos abordado juntos
y de manera inseparable la cuestión del terrorismo y de la
política, los unos y los otros.
La violencia debe desaparecer con independencia de los proyectos
políticos. Los conflictos políticos se han de resolver desde
la política. Es la sociedad vasca la que debe decidir en relación
con su futuro, con independencia o no de la existencia de
violencia.
La paz no es soberanía, la paz no es construcción nacional,
la paz no es Constitución. Mezclar estos conceptos lo hemos
hecho repito- unos y otros; lo hemos hecho los nacionalistas
y lo hacen también el PSOE y el PP cuando se niegan a reconocer
la existencia de un problema político con la disculpa de la
violencia. Problema que es evidente sólo mirando a la composición
de esta Cámara, a las cosas que decimos en esta Cámara, a
los debates que tenemos en esta Cámara. Y con ello le estamos
dando el tiempo y el espacio político a ETA, le estamos dando
el timón de la política a ETA desde hace 25 años.
Ésta es la clave de mi reflexión política. Abrir una nueva
etapa, un nuevo tiempo político en este País basado en la
separación de la paz respecto de la política. La paz, la ausencia
de violencia, es lo previo, la prioridad absoluta de nuestro
Pueblo. La vida es el derecho fundamental primero y sobresaliente.
Nuestro esfuerzo debe concentrarse en abrir ese proceso de
paz, con independencia de los proyectos políticos existentes,
que cada uno defiende legítimamente. No confundamos unos y
otros nuestro respectivo proyecto con la búsqueda del camino
a la paz.
Por ello, voy a presentar, en la parte fundamental de este
Debate, una Iniciativa política con tres compromisos separados,
separados en su planteamiento y también en su desarrollo.
Un compromiso ético con la defensa del derecho a la vida
y a la libertad individual.
Un compromiso democrático de “respeto a lo que hoy somos”.
De respeto a los marcos jurídico-políticos de los que nos
hemos dotado, de respeto con el cumplimiento íntegro del Estatuto
de Gernika, y de respeto a las opciones de cambio y actualización
del mismo, en función de que se alcance en el futuro las mayorías
necesarias para ello.
Y un compromiso de diálogo político para abordar conjuntamente,
desde el respeto a lo que hoy somos, lo que la sociedad vasca
quiera ser en el futuro.
Como Lehendakari presento esta Iniciativa y creo firmemente
que este triple compromiso debe ser espacio de encuentro entre
los vascos, el espacio de convivencia.
Y no se preocupen, si en la presentación y el desarrollo
a la sociedad de este triple compromiso ustedes rehuyen su
participación y optan por el bloqueo permanente y la confrontación,
tendremos elecciones. Pero las convocará el Lehendakari por
convicción propia desde luego, tras de que la posición que
propone cada cual quede clara ante los ciudadanos y no como
consecuencia de lo que, a mi juicio, es el montaje político
y mediático sin precedentes que contra el Gobierno y del Lehendakari
se está produciendo. Del cual, por cierto, esta Cámara no
es sino un mero intérprete de una melodía que se escribe en
otros escenarios.
No vengo a hacer un debate de transición, no vengo a hacer
un debate como si nada ocurriera. Tenemos que decidir si comenzamos
hoy a definir un nuevo tiempo. Vengo por lo tanto a presentar
con este Debate el cierre de una etapa y, sobre todo, presentar
la nueva estructura de un nuevo camino, así como a conocer
la predisposición que todos tenemos al respecto.
I.- Introducción. Valoración
de la situación.
A) Evolución de los acontecimientos:
Muchas cosas han cambiado desde que celebramos el anterior
Debate de Política General, en Septiembre de 1999. Hace ahora
escasamente un año, y con todos los grupos parlamentarios
presentes en la Cámara, debatíamos acerca de los proyectos
de futuro del Gobierno y de cómo consolidar el proceso de
Paz.
Fué un debate tenso y profundamente político, en el mejor
sentido de la palabra, porque todos éramos conscientes de
que era mucho lo que nos jugábamos.
Por primera vez en mucho tiempo, podíamos discrepar abiertamente
y cruzar argumentos políticos en un Debate de Política General
entre todas las fuerzas políticas vascas.
En aquel entonces, a pesar de la incertidumbre y de las manifestaciones
de violencia y de intolerancia que seguían produciéndose contra
la libertad de las personas, seguíamos teniendo una ventana
abierta a la posibilidad de la consolidación de la tregua.
Hoy, desgraciadamente, el escenario es bien distinto. Hoy
no estamos todos. Hoy nos falta Fernando, asesinado simplemente
por defender sus ideas.
Y hoy, no todos hemos venido dispuestos a utilizar este Parlamento,
nuestro Parlamento, ni este Debate, para buscar alternativas
de solución a los problemas con propuestas de futuro, desde
el rechazo a la violencia y a través de la apuesta inequívoca
por las vías, única y exclusivamente políticas y democráticas.
Euskal Herritarrok ya nos ha anunciado que no viene dispuesto
a debatir y a contrastar ideas, sino a utilizar este Debate
para anunciar su decisión de volver a abandonar las Instituciones,
porque, según ellos, no representan al conjunto del Pueblo
Vasco.
Pues bien, quiero decirles, en primer lugar, que me parece
un ejercicio de incoherencia y de cinismo esta posición. Porque,
en definitiva, lo que están planteando es que no reconocen
la voluntad mayoritaria de los ciudadanos y ciudadanas vascas
de nuestra Comunidad, que en su día decidimos construir el
entramado institucional que hoy tenemos, sin perjuicio de
que en el futuro podamos decidir, también libre y democráticamente,
lo que queramos ser.
Pero, sobre todo, en segundo lugar, me parece un ejercicio
de falta de valentía política escudarse en la huída de las
Instituciones para ocultar la debilidad democrática de sus
argumentos, para ocultar su falta de personalidad por no ser
capaz de exigir a ETA que abandone definitivamente la lucha
armada y deje en manos de los ciudadanos y ciudadanas vascas
las decisiones sobre su propio futuro.
Falta de valentía para proclamar que, por encima de las ideas,
por encima de los proyectos políticos, está el derecho fundamental
de las personas, el derecho a la vida y a la libertad.
Ciertamente, ha transcurrido escasamente un año, pero es
como si se hubiera agotado toda una etapa histórica. Una etapa
que duró exactamente catorce meses y que se truncó cuando
ETA, en contra de los deseos de este Pueblo, anunció, a finales
de noviembre de 1999, la ruptura de la tregua a partir del
4 de diciembre de 1999.
Hicimos un último esfuerzo para que la amenaza de ETA no llegara
a materializarse, y debemos recordar, que toda la sociedad
vasca se manifestó unida el pasado 3 de diciembre, exigiéndole
a ETA que mantuviera la tregua.
Por primera vez en la historia de nuestro Pueblo, estuvimos
todas las sensibilidades políticas, incluido EH, en una convocatoria
en demanda de la Paz. Nos negábamos a perder el último resquicio
a la esperanza de que un rayo de cordura se impusiera a la
intolerancia y a la sinrazón.
Desgraciadamente ETA volvió a mofarse, una vez más, de la
voluntad mayoritaria de este Pueblo, y el pasado mes de enero
ejecutó su amenaza, asesinando en Madrid al Teniente Coronel
García Blanco y, posteriormente, asesinando en febrero al
Parlamentario Fernando Buesa y a su escolta Jorge Díez.
ETA había dinamitado el Acuerdo Parlamentario firmado con
EH en Junio de 1999 sobre los principios de la renuncia expresa
a la violencia y la apuesta inequívoca por las vías exclusivamente
políticas y democráticas.
Desde ese mismo momento, el Acuerdo quedó formalmente roto.
ETA se encargó de enterrar un Acuerdo que en su día valoré
como un paso positivo, no en términos de estabilidad de Gobierno,
sino para la normalización social, por cuanto incorporaba,
por primera vez en la historia, el compromiso con las vías
políticas y democráticas de un mundo que siempre se había
mantenido alejado de los foros institucionales.
Un Acuerdo, por tanto, que ha durado mientras han estado vigentes
los compromisos políticos y democráticos que lo habían originado,
a pesar de que algunos líderes políticos se hayan empeñado
en seguir demandando demagógicamente su ruptura todavía hace
escasamente unas semanas.
Siempre hemos defendido que en democracia no son compatibles
las vías políticas y la violencia. Porque, por encima de los
proyectos políticos, por encima de las ideologías, por encima
de los propios Estados, están las personas, está el respeto
a la vida como premisa básica y fundamental de la convivencia.
Esta es una convicción que he tenido muy presente, tanto en
mi vida personal como en mi condición política, y este es,
también, el principio sobre el que se sustenta la base humanista
de los partidos nacionalistas democráticos que apoyan al Gobierno.
La ruptura de la tregua, por tanto, ha dinamitado, no sólo
la colaboración institucional con EH, sino también el Pacto
de Lizarra, firmado en Septiembre de 1998 por más de una veintena
de fuerzas políticas y sociales, que apostaron por dar una
solución al conflicto vasco a través de un proceso de diálogo
y de negociación abierta a todos los partidos políticos.
Como era previsible, esta ruptura no ha hecho mella en ETA,
sino más bien al contrario. ETA ha respondido con un recrudecimiento
de su estrategia criminal, recrudecimiento que ha tenido su
punto más álgido y más trágico en este pasado verano.
B) Valoración de la situación:
Es gravísima, por tanto, la degradación ética y humana que
provocan los atentados mortales y la violencia de persecución
ejercida por el entorno de ETA contra personas inocentes.
Y también es muy preocupante, desde un punto de vista político
y social, es que estamos asistiendo a una pérdida de personalidad
y a un proceso de involución democrático del mundo del MLNV.
Es preciso llamar a las cosas por su nombre. ETA no pretende
la libertad de Euskadi sino imponer a los demás, -a los nacionalistas
y a los no nacionalistas-, su propio proyecto, su propio modelo
de sociedad.
¿Qué proyecto de liberación nos puede ofrecer quien no reconoce
el derecho de las personas a la vida, que les niega su condición
humana por su diferente ideología o simplemente por no atender
sus deseos arbitrarios? Esta es la pregunta que todos los
vascos tenemos que tener presente, y esta es la pregunta que
se deben responder todos y cada uno de los militantes del
MLNV.
No podemos mirar para otro lado cuando en nuestra sociedad
existen ciudadanos y ciudadanas que sufren en sus propias
carnes los efectos de la intolerancia y el fanatismo.
La sociedad vasca tiene que despertar y se tiene que movilizar
unida en defensa de la democracia y de las libertades de todas
las personas.
Un pueblo libre sólo se puede construir con hombres y mujeres
libres. Un pueblo libre sólo se puede edificar desde la convivencia,
desde el respeto a la libertad individual de todos sus miembros
para discrepar, para pensar, para vivir, para elegir sus propios
proyectos y, también, para compartir un marco de convivencia
establecido democráticamente en función de la voluntad mayoritaria
de todos sus ciudadanos y ciudadanas.
El reto que tenemos es impedir que se extienda el germen
de la intolerancia en nuestra sociedad, para lo cual tenemos
que eliminar los argumentos utilizados como excusa patológica
por aquellos que dicen no tener cauces para defender légitimamente
sus proyectos políticos.
No es cierto que la violencia y la intolerancia sean la inevitable
consecuencia de un problema político. El nacionalismo democrático,
con 105 años de historia, siempre ha reivindicado el reconocimiento
de la Nación Vasca y siempre lo ha hecho desde el rechazo
a la violencia y a través de las vías única y exclusivamente
políticas y democráticas.
Por tanto, la violencia que hoy padece la sociedad vasca,
es consecuencia de la intolerancia y del totalitarismo de
quien la ejerce. Los problemas políticos en democracia se
solucionan desde el Diálogo y la No Violencia.
Pero, más allá de la propia irracionalidad de quien ha decidido
de nuevo ejercer la violencia, el hecho de que no hayamos
sido capaces de aprovechar la oportunidad de la tregua para
encauzar nuestros conflictos por la vía del diálogo y la negociación,
el hecho de que una parte significativa de nuestra sociedad
haya decidido volver a situarse al margen de las Instituciones,
y el hecho de que anide el virus de la intolerancia en una
parte de nuestra juventud, representa un fracaso colectivo
para toda la sociedad vasca.
Se han hecho cosas mal por parte de todos, y no me duelen
prendas en aceptar la parte de responsabilidad que me pueda
corresponder en este fracaso colectivo.
Hemos cometido posiblemente muchas equivocaciones todos pero,
sobre todo, hemos pecado de incomunicación, hemos carecido
de diálogo y nos ha sobrado a todos soberbia.
Nos hemos empeñado en una guerra de reproches y descalificaciones
permanentes. Hemos mantenido la relación política en términos
de exclusividad, de posiciones ideológicas estancas. Se han
proferido graves insultos al Gobierno Vasco y a los Partidos
que lo apoyan acusándoles de colaboración con la violencia
y el asesinato, cuando lo cierto es que la única culpable
de la violencia es ETA. Se ha propiciado una estrategia de
descrédito de las Instituciones, trasladando a la opinión
pública, de una forma, a mi juicio, totalmente irresponsable,
una identificación entre nacionalismo democrático y violencia.
Sinceramente, creo que los responsables políticos, con el
apoyo inestimable de los medios de comunicación, hemos contribuido
con nuestra actitud a generar un mayor clima de preocupación
y de crispación en la sociedad vasca.
Cuando la violencia de ETA ha vuelto a hacer su aparición,
las ciudadanas y ciudadanos vascos han asistido perplejos
a la ceremonia de insultos y descalificaciones que les hemos
ofrecido.
Más allá de la rotunda condena de las acciones de ETA que,
muchas veces por separado, hemos realizado, no hemos sido
capaces de transmitir un mensaje de esperanza y de futuro.
Sólo hemos hablado sobre las recetas del pasado, como si la
única alternativa posible que pudiéramos ofrecer a la sociedad
fuera el inmovilismo y la resignación a tener que repetir
otros 30 años más de violencia. Parece como si una mano invisible
estuviera moviendo los hilos de una trágica obra de teatro
para obligar a la sociedad vasca a volver, de nuevo, al pasado.
Afortunadamente, la sociedad vasca ha demostrado su vitalidad,
su madurez y su apuesta por el futuro.
A pesar de la ofensiva de la violencia, a pesar de los actos
de barbarie y sufrimiento, ETA no ha logrado, ni logrará,
paralizar a una sociedad acostumbrada a los desafíos.
Porque, la nuestra, es una sociedad que sigue creciendo con
fuerza por encima de las economías de su entorno, como lo
viene haciendo ininterrumpidamente a lo largo de esta última
década. Es una sociedad que ha logrado, con su propio esfuerzo,
alcanzar los niveles más altos de ocupación de toda la historia
y situar la tasa de desempleo dos puntos por debajo de la
media española.
En definitiva, nos encontramos, en la mejor época de los últimos
25 años en términos de renta y de ocupación; las cosas nos
van bien, y en el ámbito económico y familiar existe ilusión.
Esta es, por tanto, la respuesta que la sociedad vasca está
dando a la violencia de ETA.
Como he dicho en alguna ocasión, los vascos estamos preocupados,
pero estamos de pie. Vamos a seguir trabajando todos los días
a pesar de ETA. A pesar de las dificultades, no vamos a caer
en el desánimo ni en la desesperación. No lo hemos hecho en
el pasado ni lo vamos a hacer ahora.
C) Objetivos del Debate:
Por eso, la sociedad vasca no está dispuesta a resignarse
a convivir con la violencia. No está dispuesta a dejarse llevar
por un discurso político que apuesta por la fractura y la
división social. El discurso social, a diferencia del político,
apuesta de forma abrumadoramente mayoritaria por abrir una
nueva etapa basada en la No Violencia y Sí al Diálogo.
Y estos son dos principios que deben ir necesariamente unidos,
porque son las dos patas de una posible solución.
Si se desea mantener una cierta coherencia interna, no se
puede apostar por el diálogo sin rechazar la violencia, como
tampoco se debe negar la violencia y negar el diálogo, o condicionarlo
a que nuestro interlocutor renuncie a sus principios.
Por eso, yo creo que ha llegado el momento de que nos comprometamos
a modificar un discurso político crispado y sin soluciones,
por otro discurso más sereno, más cercano a las demandas de
los ciudadanos, y que sea capaz de responder a la gravedad
que la situación exige.
No voy a caer, por tanto, en la tentación de seguir hurgando
en el pasado. No pretendo señalar quién ha sido más o menos
culpable de la situación en la que nos encontramos.
Lo que sí constato, es que debemos dar por cerrada definitivamente
la etapa pasada y disponernos a iniciar una nueva etapa todos
juntos. Admitiendo nuestras diferencias, asumiendo que nuestros
proyectos políticos no son coincidentes, pero sin demonizar
las ideas de los demás, reconociendo mutuamente la legitimidad
de todos los proyectos defendidos por vías políticas y democráticas.
Abrir una nueva etapa es el objetivo en el que he venido
trabajando con todas mis energías durante esta legislatura,
objetivo que recibió un espaldarazo el pasado 16 de junio
con la aprobación de una Proposición no de Ley en el Parlamento,
al encomendarme que iniciara un proceso de diálogo que pudiera
desembocar, en un periodo de tiempo razonable, en un foro
de partidos.
Como ustedes saben, desde entonces he mantenido diversas reuniones
con los partidos políticos representados en este Parlamento
que han decidido acudir a la convocatoria del Lehendakari,
y he propuesto como guión de trabajo un borrador de principios
sobre los que establecer las bases del diálogo.
Con esta iniciativa he pretendido dar a todos la oportunidad
de incorporarse a este proceso de diálogo, porque mi objetivo
de partida no es excluir, sino integrar. Desgraciadamente,
el Partido Popular se ha negado sistemáticamente al diálogo,
y Euskal Herritarrok no ha tenido la personalidad suficiente
para desmarcarse públicamente de la estrategia de la violencia
de ETA, y ha decidido abandonar las Instituciones, lo que
hace imposible mantener con ellos un diálogo político e institucional
normalizado.
Pero no olvidemos que el protagonismo es de los que se quedan,
no de los que se van. Y creo sinceramente que, en estos momentos,
la gran responsabilidad de quienes defendemos como principio
fundamental el derecho a la vida, y asumimos que todas las
ideas son legítimas cuando se defienden a través de la política
y de la democracia, es que continuemos con el camino emprendido.
Yo creo que todos vamos a coincidir en que es preciso dar
por cerrada definitivamente la etapa anterior, y abrir una
nueva etapa. Una nueva etapa que tenemos que definir entre
todos. Este es un deseo sincero y un objetivo prioritario,
y no lo digo desde el punto de vista de la gobernabilidad,
sino desde la perspectiva de la estabilidad social.
Por eso, deseo anunciarles que en este Debate de Política
General voy a avanzar sobre las reflexiones anteriores y voy
a plantear, para su consideración, una nueva iniciativa política
que pretende ofrecer cauces sobre los que poder articular
una nueva etapa en la sociedad vasca.
En este último Debate de Política General del presente siglo
quiero presentar claramente, ante ustedes y ante la sociedad,
las propuestas de Paz y de normalización política de este
Lehendakari, así como las propuestas de gestión para seguir
impulsando el proceso de crecimiento económico y el bienestar
de los ciudadanos y ciudadanas vascas.
Les puedo garantizar, a este respecto, que este Debate plantea
nuevas iniciativas, tanto en materia social y de modernización,
como de pacificación.
No es mi intención, por tanto, realizar debates sobre el pasado,
sino proponer nuevas iniciativas para encarar el futuro.
A este respecto, les presentaré en mi intervención las propuestas
de mi Gobierno para responder a los tres retos principales
de la sociedad vasca:
- El crecimiento económico, el bienestar y el empleo.
- La solidaridad, la igualdad y la justicia social
- Y, en tercer lugar, la Paz y la normalización política.
Estos son los objetivos que pretendo presentar en este Debate
de Política General. Un debate que deseo afrontar desde un
talante abierto al diálogo y a la negociación.
Voy a realizar un planteamiento claro, sin concesiones. Es
evidente que este Gobierno está apoyado por una minoría parlamentaria
formada por el Partido Nacionalista Vasco y Eusko Alkartasuna,
pero eso no es ninguna novedad. Este Gobierno sigue contando
con los mismos apoyos con los que nació, y siempre hemos estado
abiertos a impulsar nuestros proyectos a través de un proceso
permanente de diálogo, de consenso y de negociación con todos
los grupos políticos.
Pero, antes de presentar las acciones e iniciativas que como
Lehendakari voy a plantear para dar respuesta a los tres retos
anteriores, quiero decirles claramente que, si bien la convocatoria
de elecciones anticipadas es un instrumento legítimo que siempre
está a disposición del Lehendakari, no es mi intención proponerla
en este Debate, porque estoy convencido de que en estos momentos
no contribuiría a solucionar los problemas, sino a agravarlos.
Algunos apelan a la confrontación electoral como el elixir
mágico para superar la situación de violencia y de crispación
política a que está sometida nuestra sociedad. Pues bien,
yo estoy convencido de que un adelanto electoral no va a reducir
el clima de enfrentamiento y de división, sino a profundizarlo.
Por eso, no estoy dispuesto a plantear este Debate en términos
de elecciones si o elecciones no, porque es un debate vacío.
La sociedad no nos está demandando un adelanto electoral,
sino que los responsables políticos seamos capaces de contrastar
civilizadamente nuestras propuestas para responder a los retos
de presente y de futuro.
Este es nuestro desafío. Hoy tenemos la oportunidad de retratarnos
todos.
Ha llegado el momento de que la sociedad conozca cuales son
nuestras alternativas, las de todos. Cuales son nuestros proyectos
económicos y sociales. Cuales son nuestras iniciativas de
Paz y nuestras propuestas para no retrotraernos al pasado.
Cuales son nuestros proyectos para lograr la cohesión, la
integración y la normalización política en la sociedad vasca.
En este sentido, no entiendo a aquellos partidos que, antes
incluso de escuchar mi intervención, han anunciado que presentarán
una moción de censura. ¿Debo entender, por tanto, que ya han
rechazado, sin escucharlas, mis propuestas?, ¿qué sin conocerlas
se oponen a las mismas? Seamos serios y hagamos un debate
racional.
Comencemos, pues, por mi obligación y vayamos, si les parece,
a conocer las respuestas del Gobierno a los tres retos a los
que me he referido.
Primer Reto: El crecimiento económico, el bienestar y el
empleo.
El comienzo de la presente legislatura coincide con la consolidación
de una evolución muy positiva de la economía vasca. Si tomamos
como referencia, por ejemplo, el período transcurrido desde
la última recesión de 1993, la economía vasca ha crecido a
un ritmo medio del 4%, por encima del 3,3% de la española
y del 2,5% de la europea.
Todos debemos celebrar ese comportamiento por lo que lógicamente,
entraña en términos de mejora del bienestar y, sobre todo,
de su extensión a mayores capas de la población, gracias a
la reducción del desempleo. Es preciso recordar que, hace
escasamente siete años, el desempleo afectaba a casi una cuarta
parte de la población activa vasca. Desde entonces, la reducción
del paro ha sido firme y sostenida hasta alcanzar una tasa
que, según los últimos datos de Eustat, es del 13,86%.
Este dato sintetiza el cambio sustancial que se ha producido
en el mercado de trabajo, y que hay que contemplar junto con
otros también importantes que dibujan ese cambio de fisonomía:
en los últimos tres años el paro femenino se ha reducido en
nueve puntos, el paro juvenil en quince puntos, y el número
de hogares con todos sus miembros en paro ha pasado de 43.700
a 28.500.
De forma especial, hay que decir que no se pueden entender
esos logros, y las políticas que los impulsaron, sin una referencia
directa al proceso de construcción institucional del País
Vasco que ha tenido lugar en ese mismo periodo. Naturalmente,
ese cuadro de políticas públicas sigue vigente y en permanente
renovación también en esta legislatura; de la misma manera
que lo está la necesidad de seguir avanzando en la vertiente
institucional para conseguir aún mejores resultados y, sobre
todo, para progresar en términos de igualdad, solidaridad
y justicia social. A estos dos aspectos me referiré más adelante
en mi intervención.
Pero volvamos al entorno económico, porque es evidente que
por más que los avances del pasado sean importantes, hay que
ir labrando los del presente en el día a día. Como es bien
conocido, las perspectivas económicas son, en general, buenas.
Digo, en general, porque la nube del encarecimiento de los
precios de la energía y su impacto inflacionista amenaza con
ensombrecer el panorama.
A pesar de que las citadas variables económicas escapan a
la responsabilidad de este Gobierno, no quiero dejar de avanzar
algunas reflexiones que ayuden a enfrentarnos al futuro. La
historia nos es desgraciadamente conocida: el encarecimiento
del petróleo supone un empobrecimiento para todos, que debe
ser respondido tratando de repartir equitativamente sus costes.
En el ámbito de nuestras responsabilidades se están aplicando
ya medidas en este sentido en lo tocante al sector primario
y al del transporte. A este respecto, en el último Consejo
de Gobierno celebrado el pasado martes, se ha aprobado un
Plan Integral de Acción para el transporte de mercancías por
carretera, que cuenta con una dotación extraordinaria de la
Iniciativa Euskadi 2003, y tiene como finalidad mejorar la
competitividad global de este sector reduciendo, de esta forma,
el impacto negativo de los precios de los carburantes.
Pero, además, este nuevo episodio de crisis energética se
solapa con otra crisis, la del euro, que la agrava considerablemente
y que condiciona la política monetaria y puede afectar también
a las expectativas de crecimiento. A menudo se trata de explicar
la situación en puros términos económicos, pero lo cierto,
es que una de las raíces de la crisis del Euro tiene un inequívoco
carácter institucional derivado de la desorientación en la
que se mueve la Unión Europea.
El desafío que todavía tenemos entre manos es enorme: nunca
antes hubo una moneda sin un poder político, y nada garantiza
que si no se avanza en el proceso, éste pueda retroceder,
con consecuencias impredecibles. Desde la modesta influencia
del Gobierno de un País pequeño, como el nuestro, pero con
un profundo sentimiento europeísta compartido por la sociedad
vasca, debo decir que observo en el discurso dominante acerca
de la Unión un claro sesgo economicista, que se limita a la
expansión del mercado y a su utilización para forzar reformas,
y que abandona la necesaria construcción política que debe
respaldar la unión monetaria.
No pretendo tener fáciles recetas a mano, sobre todo cuando
la respuesta a ese problema entraña transformaciones institucionales
a medio y largo plazo; pero sí quiero, al menos, reclamar
la vuelta de un papel estelar para la política, porque en
modo alguno ha concluido su tarea con la construcción del
mercado, sino que no ha hecho más que iniciarla.
Pero, después de señalar algunos de los riesgos del entorno,
debemos volver, de nuevo, a nuestra realidad más inmediata.
Si esas nubes no obscurecen el panorama, las perspectivas
de crecimiento de la economía vasca siguen siendo muy positivas.
A modo de síntesis, se pueden resumir diciendo que esperamos
nada menos que un crecimiento del PIB del 4,2% en el presente
año.
El momento coyuntural presenta características algo diferentes
al pasado más reciente, porque estamos ante un nuevo auge
industrial, que entraña mayores ganancias de productividad
y, por ello, no se va a traducir a muy corto plazo en unos
resultados tan espectaculares en la creación de empleo. Más
adelante, sin embargo, cuando el motor industrial expanda
sus efectos a toda la economía y en especial a los servicios,
se volverán a notar más acusadamente los incrementos en la
ocupación.
Consciente de esa realidad económica, en el debate de Política
General del pasado año señalé la conveniencia de no dejarnos
simplemente llevar por la buena situación y la necesidad de
adoptar una estrategia activa que aprovechase al máximo los
recursos y los instrumentos disponibles. El instrumento que
encarnaba y pretendía simbolizar esa estrategia es la Iniciativa
Euskadi 2000Tres, concebida como palanca de impulso de los
principales planes y políticas interinstitucionales, y dirigida
a conseguir un objetivo fundamental: la convergencia real
con Europa en renta y en empleo para el horizonte del año
2003.
Sobre esas bases se elaboraron y aprobaron los presupuestos
de este año 2000, incluyendo las partidas que han permitido
poner en marcha la Iniciativa Euskadi 2000Tres. Iniciativa
que fue aprobada por el Gobierno el 21 de marzo de 2000, con
unas dotaciones de fondos presupuestarios adicionales de 120.000
millones en el horizonte del año 2003, dirigidas a reforzar
los principales planes interinstitucionales en busca de los
objetivos de convergencia, cohesión social y modernización.
Esta dotación inicial se ha visto incrementada a lo largo
del ejercicio, hasta alcanzar los 130.116 millones de pesetas,
de los cuales 40.000 millones corresponden a proyectos ejecutados
en el presente año.
Bajo el paraguas y la incentivación de la Iniciativa Euskadi
2000Tres se han puesto en marcha, a lo largo del primer semestre
de este año, los principales planes de actuación institucional
que constituyen el esqueleto sobre el que se articula la acción
de Gobierno. A ellos me voy a referir de forma muy sintética,
dado que ustedes han tenido ocasión de conocerlos en profundidad
en las diferentes comparecencias que sus responsables directos
han realizado en esta misma Cámara.
- El Plan Interinstitucional de Infraestructuras Económicas
y Sociales.
Incluido dentro de Euskadi 2000Tres, este Plan ha permitido,
en línea con planes anteriores, la continuidad de las políticas
de infraestructuras y de revitalización de áreas desfavorecidas,
que luego comentaré con más detalle. Hay que destacar la contribución
con más de 21.000 millones de pesetas al esfuerzo que deben
de realizar las Diputaciones Forales para completar los ejes
básicos de comunicaciones por carretera (Autopista Eibar-Vitoria,
Autovía del Txorierri y Corredor Durango-Bergara-Beasain),
así como el impulso a las infraestructuras sociales en materia
de educación, sanidad y cultura.
- El Plan Euskadi en la Sociedad de la Información.
Es un compromiso que arranca de este mismo debate en la edición
del pasado año. El Gobierno ha dados los pasos para crear
la estructura organizativa Comité Director - que está avanzando
los contenidos del Plan. Pero además de eso, ha puesto ya
en marcha lo que puede catalogarse como su espina dorsal:
los dieciocho proyectos que, con una inversión de 17.517 millones
de pesetas, conforman el Programa de Desarrollo de la Sociedad
de la Información.
- El Plan interinstitucional de Promoción Económica.
La interinstitucionalidad es uno de los activos que el Gobierno
ha querido incorporar a sus planes económicos para superar
ineficiencias del pasado, algo que se ha conseguido no sólo
en este Plan sino en el Plan por el Empleo. Pero además de
ello, quiero destacar que se ha renovado completamente nuestra
estrategia económica en torno a los tres ejes fundamentales
de innovación, internacionalización e inversión, concretando
además objetivos muy ambiciosos para cada uno de ellos, a
saber: elevación del esfuerzo en I+D desde el 1,2% del PIB
al 1,7%, aumento de las exportaciones hasta los dos billones
de pesetas y promoción de unas inversiones de 150.000 millones
de pesetas en proyectos estratégicos.
- El Plan Interinstitucional por el Empleo.
También aquí se ha hecho un esfuerzo notable de racionalización
de los instrumentos de intervención de cada una de las administraciones.
Por primera vez se cuenta con un diagnóstico compartido, con
un compromiso de acción concertada y coordinada, con un mapa
integrado de recursos y con una ventanilla única. Todo ello
al servicio de una estrategia basada en tres ejes principales
de actuación: la mejora de la ocupabilidad, el desarrollo
del espíritu empresarial y la consolidación del empleo existente.
Estrategia que va a concitar recursos del Gobierno de más
de 36.000 millones de pesetas y de más de 51.000 millones
de pesetas del conjunto de las Instituciones firmantes.
El desarrollo de todas estas políticas, y el resto de actuaciones
sectoriales del Gobierno en materia de apoyo al sector primario,
sector comercial, innovación tecnológica e infraestructuras,
va a hacer posible el logro efectivo del objetivo de situar
a Euskadi, tanto en renta como en empleo, a nivel europeo.
Para continuar con ese espíritu de estrategia activa, que
pretende hacer de las políticas instrumentos siempre adaptables
al momento económico, el Gobierno quiere reforzar aún más,
si cabe, las políticas al servicio de la convergencia real.
Para ello, va a adoptar cuatro compromisos concretos de acción
para el próximo año, que van a incidir de manera notable en
la mejora de la competitividad y el empleo, a través de la
promoción de la sociedad de la información, de la reforma
del impuesto sobre la renta, concertada con las Diputaciones
Forales; y del impulso a la formación y a la innovación.
Los cuatro compromisos a los que me refiero son los siguientes:
1. Internet para todos:
Proporcionar fácil acceso a las nuevas tecnologías no es sólo
un imperativo que se deriva del compromiso de una sociedad
de la información para todos, sino que es también una necesidad
de cara a conseguir un umbral suficiente de ciudadanos conectados
que permita el desarrollo de empresas de la nueva economía
y desencadene los incrementos de la productividad. El programa
Konekta zaitez, mediante los correspondientes mecanismos de
ayuda, y el desarrollo de una red de centros locales de acceso
a la sociedad de la información, tendrá como objetivo en los
próximos tres años doblar el número de ordenadores domésticos,
que actualmente se sitúa en el entorno de 200.000, y multiplicar
por cinco las actuales conexiones a la red de las familias
vascas.
2. Menor tributación para las rentas del trabajo.
Una de las virtudes de la pasada reforma del impuesto sobre
la renta fue la de acentuar su impacto en las rentas más bajas,
concediendo así un margen mayor para la empleabilidad de los
trabajadores de menor cualificación. El Gobierno y las Diputaciones
Forales están estudiando, en el marco del Organo de Coordinación
Tributaria, una nueva reducción de impuestos a las rentas
de trabajo, previsiblemente a través de los mínimos exentos,
que compense, además, las pérdidas de poder adquisitivo causadas
por el rebrote inflacionista en un contexto de moderación
salarial.
3. Derecho a la formación para la inserción en el mercado
laboral.
Se garantizará a todas las personas demandantes de empleo,
especialmente a los jóvenes parados de larga duración y a
los colectivos con especiales dificultades de inserción en
el mercado laboral, un programa de orientación para el empleo
y el acceso a los cursos de formación y de inserción que mejor
se adapten a las necesidades de cada persona, coordinándose
para ello todos los recursos existentes en las diferentes
administraciones. El Gobierno se compromete a aportar los
recursos precisos para poner en marcha una ventanilla única
y desarrollar las herramientas necesarias, a través del servicio
vasco de orientación y formación, para garantizar a los ciudadanos
desempleados el derecho individual a la formación para la
inserción en el mercado laboral.
4. Plan de apoyo a las biociencias.
Las biociencias constituyen un área todavía joven pero con
un alto potencial de crecimiento y un gran impacto en la calidad
de vida; además de tener una incidencia muy significativa
en un complejo número de sectores como el farmacéutico, el
agroalimentario, químico, ganadería y acuicultura, entre otros.
Con el objetivo de posicionar a Euskadi como un polo de referencia
internacional en determinados nichos del escenario biotecnológico,
se va a promover una estrategia de apoyo a las biociencias,
denominada BIOBASK, que contemplará instrumentos de apoyo
a la investigación pública y privada en esta área, así como
el impulso de un Centro Tecnológico de Biotecnología y la
creación de nuevas empresas relacionadas con esta actividad.
Con la presentación de estras cuatro iniciativas, así como
la exposición de las actuaciones ya iniciadas, doy por cerrado
el capítulo correspondiente al reto del crecimiento económico
y el empleo.
Segundo Reto: La Solidaridad, la igualdad y la justicia social.
Respecto al segundo reto, el de la Solidaridad, la Igualdad
y la Justicia Social, las administraciones vascas han venido
realizando, desde hace ya muchos años, una comprometida aportación
a la mejora de los niveles de bienestar social y a la igualdad
de oportunidades, a través de sus políticas de sanidad, educación,
vivienda, justicia, trabajo, inserción social, mujer, juventud,
etc.
La preocupación por la política social y la solidaridad se
ha manifestado en múltiples vertientes y ha requerido a veces
decisiones comprometidas. El Gobierno nunca ha dudado en situar
los intereses generales de progreso social por encima de cualesquiera
otros de carácter corporativo. No sin críticas, algunas legítimas
y otras notoriamente injustas, se ha adoptado, por ejemplo,
la jornada de 35 horas en la administración y se ha otorgado
un gran peso a la política social en las prioridades presupuestarias.
Nunca antes el gasto social había disfrutado de un protagonismo
tan grande en los programas extraordinarios como el que se
le ha dispensado en el seno de la Iniciativa Euskadi 2000Tres.
En ella se han incentivado políticas de revitalización de
áreas desfavorecidas y de vivienda, y se han incluido, además,
proyectos de gran calado en materia de inserción social. Asimismo,
se ha potenciado la mejora de infraestructuras de sanidad,
de educación y de cultura.
A lo largo del presente año se han impulsado, también, las
políticas relacionadas con tres servicios básicos para la
mejora de la cohesión social y de la calidad de vida de los
vascos, como son la sanidad, la educación y la vivienda.
En materia Sanitaria se han realizado nuevas inversiones dirigidas
a mejorar las infraestructuras de diagnóstico y tratamiento
que reduzcan los tiempos de exploración y de las intervenciones
quirúrgicas.
En el ámbito del Sistema Educativo, se ha aprobado el primer
Plan Universitario en desarrollo de las previsiones de la
Ley de Ordenación Universitaria, y se ha realizado, además,
la ordenación definitiva de las plantillas de Educación Secundaria.
En materia de Vivienda, se ha aprobado el II Plan Director
de Vivienda para el periodo 2000-2003 y se ha elaborado el
anteproyecto de la Ley Vasca de Ordenación de la Vivienda,
así como el de la Ley del Suelo, del que en breve podrá tener
conocimiento esta Cámara.
Todas estas acciones, unidas a las llevadas a cabo en materia
de Juventud, a través del desarrollo del Plan de Acción Joven
y la puesta en marcha del Observatorio de la Juventud; en
materia de Igualdad de Oportunidades, con la aprobación del
III Plan de Acción Positiva para las Mujeres en Euskadi; en
el ámbito de las Drogodependencias, con la aprobación del
IV Plan de Drogodependencias para el periodo 2000-2003, y
en materia de Normalización Lingüística en la Administración
de Justicia, dan una idea del esfuerzo realizado por el Gobierno
en el ámbito de las políticas sociales y de solidaridad.
Para potenciar aún más este compromiso, se ha diseñado una
estrategia a favor de la igualdad y de la conciliación de
las relaciones laborales y familiares entre hombres y mujeres.
A estos efectos, además de las medidas desarrolladas por Emakunde,
contenidas en el citado tercer Plan de Acción Positiva, se
va a impulsar desde el Gobierno un Plan Interinstitucional
de Apoyo a la Familia que incentive la corresponsabilidad
en el ámbito de la familia y favorezca la igualdad de oportunidades
para las familias con hijos.
Dentro de todo este protagonismo de la política social al
que vengo refiriéndome, quiero detenerme de manera especial
en la lucha contra la exclusión social, para comentar los
pasos dados y para proponer otros nuevos aún más ambiciosos.
A este respecto, es preciso destacar la consignación de 6.000
millones de pesetas hasta el año 2003, de los cuales 1.650
se están gestionando ya en el presente ejercicio, para posibilitar
la gestión de los convenios de inserción, establecer incentivos
al empleo de las personas excluidas y para ofrecer a las mismas
oportunidades reales de empleo mediante el programa Auzolan.
Con ello, va a ser posible llevar a cabo los ambiciosos objetivos
del Plan Vasco de Inserción, cuyas directrices han sido ya
aprobadas, y que, unido a las mejoras de los servicios sociales
de base y al incremento de las prestaciones, va a exigir del
Gobierno unos recursos adicionales de más de 9.000 millones
de pesetas en su trienio de vigencia.
Así pues, el Gobierno se ha volcado con la política social,
no sólo porque haya incrementado en un 20% las prestaciones
del Ingreso Mínimo de Inserción, sino porque está poniendo
los recursos materiales y humanos necesarios para gestionar
los servicios sociales y los correspondientes programas de
inserción.
Es verdad que queda mucho por hacer, y nos proponemos continuar
el camino emprendido, pero, para ello, hace falta realizar
a medio plazo un replanteamiento de los principios y de la
organización de nuestro sistema de bienestar.
Siguiendo con la filosofía que subyace en iniciativas como
la de la Carta Social, hoy es preciso poner el énfasis en
fundamentar las políticas de bienestar en los derechos individuales
de las personas en cuanto tales. Es un derecho inherente a
la condición humana el disponer de las capacidades necesarias
para poder llevar a cabo un proyecto de vida. Para ello, el
Gobierno ha dado pasos en esa dirección. Buen ejemplo de ello
es la aprobación de una reforma de la Ley Contra la Exclusión
Social que ha abierto su ámbito de aplicación a las personas
mayores y ha eliminado así una discriminación carente de justificación.
Es propósito del Gobierno seguir trabajando en esta dirección,
y por ello, propone como objetivo a medio plazo la implantación
de una Renta Universal cifrada en el 75% del importe del Salario
Mínimo Interprofesional. Para hacerla realidad se precisa
avanzar no sólo en un cambio de principios, sino en un cambio
organizativo que integre los diversos segmentos inconexos
del sistema de bienestar: pensiones no contributivas, complementos
de mínimos, subsidios de desempleo e ingreso mínimo de inserción.
En una primera fase, bastará con una integración de bases
de datos y con el establecimiento de un calendario de convergencia
de las prestaciones hasta el nivel objetivo.
En una segunda fase, se deberá proceder a una integración
organizativa común de todas las prestaciones bajo el mismo
concepto de Renta Universal, que se pudiera complementar con
otras prestaciones de emergencia, en función de las demandas
de los distintos perceptores dirigidas a alcanzar las capacidades
precisas para desarrollar su proyecto de vida.
La ganancia de eficiencia en la gestión que deriva del modelo
que se propone es manifiesta, como no lo es menos la mejora
en la justicia y en la promoción de la igualdad de oportunidades
que acarrea.
Se trata de articular un modelo avanzado de Estado Social,
cuya construcción se está demorando por la cerrazón de quien
se niega a hacer realidad la transferencia de las políticas
en materia social y de gestión de la seguridad social que
contempla el Estatuto. Quiero lanzar hoy aquí el debate de
esta propuesta desde el convencimiento de que no existen obstáculos
jurídicos para materializarla, sino falta de voluntad política
y desprecio por el contenido del Estatuto y las disposiciones
concordantes de la Constitución en esta materia.
Por otro lado, si bien no se encuadra estrictamente dentro
del bloque social, quiero referirme también aquí a la política
de revitalización de áreas desfavorecidas, porque la solidaridad
tiene en nuestro País un indudable componente territorial.
Al comentar el Plan Interinstitucional de Infraestructuras
Económicas y Sociales ya he tenido ocasión de mencionar cómo
el propio diseño de su programa de Vivienda y Regeneración
Urbana se ceñía exclusivamente a dichas áreas.
El Gobierno, además, de conformidad con la proposición no
de ley aprobada por esta Cámara el 14 de mayo de 1999, ha
aprobado un mapa de las áreas desfavorecidas y ha puesto en
vigor instrumentos de discriminación positiva para las inversiones
en las mismas en las que está aplicando intensivamente las
políticas de formación, empleo e inserción social. Considerando
exclusivamente los apartados de vivienda, suelo industrial
y promoción económica, las inversiones van a ascender a 22.000
millones de pesetas, con lo que se triplican los fondos que
en su día se destinaron a las zonas desfavorecidas a través
del Plan Euskadi XXI, dando cumplimiento, con creces, a la
propuesta de duplicarlos, realizada por este Parlamento en
la referida proposición no de Ley.
El Gobierno ha establecido los mecanismos necesarios para
el desarrollo de la política de revitalización a través de
una discriminación positiva en la aplicación de las políticas
sectoriales que son de su competencia. Sin embargo, el nuevo
marco de intervención descansa también, en buena medida, en
las iniciativas territoriales sustentadas en última instancia
por las administraciones locales, y en sus actuaciones en
materias tan cruciales como la de regeneración urbana.
A fin de impulsar dichas iniciativas, el Gobierno se propone
crear un Fondo para Políticas de Revitalización en zonas desfavorecidas,
que cofinanciará globalmente planes territoriales integrados
en las zonas de actuación urgente, siguiendo un esquema de
diseño y gestión similar al de los instrumentos de la política
regional europea.
Estos son los retos y las iniciativas que el Gobierno tiene
previsto desarrollar en el ámbito de su propia gestión para
impulsar, por un lado, el crecimiento económico y la modernización
de la sociedad vasca y, por otro, para conseguir mayores cotas
de igualdad y de justicia social con las personas y los colectivos
más desfavorecidos.
A este respecto, y desde el pleno convencimiento de que no
podemos dejar de dar respuesta a las necesidades y a las demandas
de los ciudadanos y ciudadanas vascas, les quiero anunciar
que, desde mañana mismo, abriremos la negociación con todos
y cada uno de los grupos políticos para evaluar las iniciativas
presentadas, en el marco de los presupuestos del próximo ejercicio.
El tercer reto: la Paz y la Normalización Política.
Hasta aquí, por tanto, he presentado las iniciativas que plantea
este Gobierno para dar respuesta a los retos materiales de
nuestra sociedad. Propuestas que tienen que ver directamente
con la gestión y la estabilidad del Gobierno.
Pero, con ser muy importante garantizar la estabilidad del
Gobierno, Euskadi tiene en estos momentos un problema mucho
más grave, un problema de violencia y de intolerancia que
amenaza con frustrar la estabilidad y la cohesión social alcanzada.
Existen en nuestro Pueblo, ciudadanas y ciudadanos que no
tienen garantizados sus derechos individuales y su libertad.
Garantizar la libertad y la igualdad de todas las personas
debe ser el objetivo prioritario no sólo del Gobierno y de
las Instituciones, sino de toda la sociedad vasca. Por eso
quiero hacer, desde aquí, un llamamiento a la sociedad vasca
para que, junto al Gobierno Vasco, partidos políticos e instituciones
democráticas, arropemos y demos cobertura a todas las personas
que en Euskadi ven coartada su libertad porque sufren la violencia
de persecución, el chantaje, la coacción y las amenazas físicas
y sicológicas.
Sufrimos un conflicto de violencia, y arrastramos, también,
desde hace mucho tiempo, -desde mucho tiempo antes-, un problema
añadido de insuficiente normalización política.
Estos son los principales retos que tenemos que encarar. Retos
que es preciso afrontar para apuntalar la estabilidad social
y que, por tanto, son una responsabilidad de todos los partidos
políticos, más allá, incluso, de la estabilidad del propio
Gobierno.
Por este motivo, he querido separar expresamente este apartado
para tratarlo al margen del propio debate de gestión y poder
encarar, sin complejos y sin condicionamientos, el debate
sobre la iniciativa que les voy a presentar. Una iniciativa
que nos permita abrir una nueva etapa para dar respuesta al
reto de la Paz y de la normalización política.
Me he referido en la primera parte de mi intervención a la
necesidad de empezar llamando a las cosas por su nombre. ETA
no es un movimiento de liberación nacional sino de imposición.
ETA no está dispuesta a respetar la palabra del Pueblo Vasco
que le exige su disolución, sino a imponer su proyecto al
Pueblo Vasco.
Esta es su verdadera debilidad, porque en una sociedad democrática,
no es posible imponer sino compartir. No es posible vencer
sino convencer, y no convence quien utiliza la violencia como
argumento.
El riesgo de una sociedad democrática es caer en la trampa
de la intolerancia, responder a la intolerancia con intolerancia,
demonizar las ideas y cerrar todos los caminos de integración
a los que se sitúan en los márgenes de la misma. Porque, si
así lo hacemos, retroalimentaremos el aislamiento de los intolerantes,
y en vez de incrementar el caudal de los demócratas, estaremos
corriendo el riesgo de desviar del cauce central de la democracia
a una parte de la sociedad hacia la otra orilla de la intolerancia.
Por lo tanto, frente a la intolerancia, la barbarie y la
violencia, es preciso reiterar nuestro más absoluto rechazo
y nuestro compromiso con los principios éticos y democráticos
y con la defensa de la libertad individual y colectiva de
la sociedad vasca.
Este es nuestro reto: dar una respuesta ética y democrática
a los que no aceptan los marcos de convivencia construídos
por la voluntad de la mayoría de las ciudadanas y de los ciudadanos
vascos.
Nuestro Pueblo no quiere estar condenado a repetir resignadamente
otros 30 años de violencia. Tenemos que superar la etapa del
pasado y articular propuestas de futuro. La sociedad vasca
necesita ilusión y esperanza. Necesita respuestas. La sociedad
vasca nos está preguntando a los partidos y a sus representantes
políticos si, además de condenar la violencia y convocar manifestaciones,
además de pedir a la sociedad que resista, ¿qué más proponemos
para avanzar hacia la paz y encontrar soluciones a los problemas
no resueltos de convivencia política en nuestro País?
Nuestro compromiso consiste en dar respuesta a esas preguntas
y abrir una nueva etapa a la esperanza.
Este es el compromiso y el reto que como Lehendakari quiero
plantear hoy ante este Parlamento y ante la sociedad vasca.
Deseo presentar, en este Debate de Política General, las bases
para construir una nueva etapa, impulsando una iniciativa
política con un triple compromiso.
· En primer lugar, un compromiso ético en defensa de la libertad
y de los derechos individuales de las personas.
· En segúndo lugar, Un compromiso democrático en defensa de
las decisiones colectivas adoptadas democráticamente por nuestra
sociedad y en defensa del marco de autogobierno construido
por la voluntad mayoritaria de los vascos, es decir, “Respeto
a lo que hoy somos”.
· En tercer lugar, un compromiso político para impulsar un
foro de diálogo multipartito en el que, desde el respeto a
lo construído hasta ahora, y partiendo de unos Acuerdos Básicos
mínimos compartidos por todos, podamos decidir conjuntamente
lo que queremos ser en el futuro.
A continuación, les voy a exponer cada uno de los compromisos
de esta triple iniciativa:
· En primer lugar, me propongo impulsar un Compromiso ético,
que será sometido a la consideración de las fuerzas políticas
y sociales para su ratificación en un lugar simbólico, como
expresión de la voluntad de este Pueblo en defensa de los
derechos humanos y de la libertad individual.
- Libertad para vivir sin la amenaza de la coacción, de la
persecución y del asesinato. Libertad para que todos los ciudadanos
y ciudadanas vascas, sin excepción, tengan garantizados en
nuestra sociedad el ejercicio de todos los derechos humanos
que les corresponden como personas.
- Y Libertad también, para las ideas, para todas las ideas.
Libertad para que todos los proyectos puedan ser defendidos,
y en su caso materializados, única y exclusivamente por las
vías políticas y democráticas. Libertad de opción, libertad
de pensamiento, libertad para elegir y libertad para decidir
sin imposiciones y sin chantajes.
- El respeto a los derechos humanos y a las libertades individuales,
así como la solidaridad de las Instituciones y del conjunto
de la sociedad vasca con todas las personas que han sufrido
y sufren la violencia, la intolerancia, y el terrorismo, en
cualquiera de sus manifestaciones, deben de constituir, por
tanto, puntos de encuentro fundamentales en los que debemos
estar unidos todos aquellos que defendemos el derecho a la
vida y la utilización, única y exclusivamente, de las vías
políticas y democráticas para la resolución de cualquier conflicto
de convivencia.
En segundo lugar, un compromiso DEMOCRÁTICO de respeto a
lo que hoy somos, de respeto a las Instituciones, a las decisiones
colectivas y a los pactos políticos que hemos adoptado como
expresión de la voluntad mayoritaria de la sociedad vasca.
- Compromiso democrático con la defensa de las Instituciones
construidas legítimamente por la voluntad mayoritaria de los
ciudadanos y ciudadanas de nuestra Comunidad. Nuestro Gobierno,
nuestro Parlamento y todos los demás instrumentos actuales
del autogobierno, son nuestras legítimas Instituciones representativas,
porque son fruto de nuestras propias decisiones refrendadas,
periódica y sucesivamente, en consultas democráticas en las
que los vascos y las vascas hemos tenido ocasión de elegir
libremente entre los diversos proyectos políticos que se nos
han presentado.
- Compromiso democrático con el cumplimiento íntegro del Estatuto
de Gernika, como manifestación de la voluntad de autogobierno
del Pueblo Vasco y como expresión del pacto de convivencia
entre Euskadi y el Estado, de conformidad con la propia decisión
del Parlamento Vasco adoptada el 20 de octubre de 1995.
- Y Compromiso democrático también, de respetar la voluntad
de los ciudadanos y ciudadanas vascas para, en su caso, la
actualización y modificación de nuestro autogobierno, mediante
la incorporación de los derechos que al Pueblo Vasco le corresponden
en virtud de su historia, a través de los instrumentos y procedimientos
democráticos establecidos en el propio Estatuto de Gernika.
Un compromiso democrático, en definitiva, para:
- Primero, exigir el respeto a la legitimidad democrática
de las Instituciones y marcos jurídicos construidos hasta
ahora por la voluntad de los vascos, - Segundo, para que se
respete y se cumpla el Pacto Político ratificado por los vascos
en el Estatuto de Gernika, de conformidad con lo aprobado
por este mismo Parlamento, el 20 de octubre de 1995, no sólo
porque es una exigencia legal, sino porque es una exigencia
de ética democrática, y - Tercero, para reconocer, también,
la legitimidad democrática de las opciones de cambio y actualización
de las Instituciones y marcos jurídicos, en función de que
se alcancen en el el futuro las mayorías requeridas para ello.
Para materializar este compromiso democrático, presentaré,
con carácter inmediato, una uniciativa política e institucional
ante este Parlamento Vasco.
En tercer lugar, me comprometo a impulsar, como Lehendakari,
una iniciativa de diálogo político para constituir un FORO
MULTIPARTITO en el que, desde el respeto a lo construido hasta
ahora, desde lo que hoy somos, podamos decidir lo que queramos
ser en el futuro.
Creo que ha llegado también el momento de que, tomando como
base de partida los compromisos éticos y los compromisos democráticos
presentados previamente en esta iniciativa política, y sobre
la base del guión-borrador que he remitido a todos los Partidos
Políticos, desarrollemos un diálogo bilateral y multilateral
para constituir un Foro Político que nos permita lograr nuevos
puntos de encuentro y abordar futuros consensos básicos aún
no alcanzados en Euskadi.
Como saben, no soy partidario de los tiempos muertos en política
y, mucho menos, en el proceso de Paz. Por este motivo, considero
que este Parlamento y este Debate de Política General son
el escenario adecuado para presentarles la propuesta de una
serie de Acuerdos Básicos para la Convivencia que pudieran
ser el esqueleto sobre el que construir un nuevo Foro de Diálogo
Político.
Partiendo de la premisa de que todos tenemos el objetivo
común de lograr la Paz y la normalización política, en definitiva
de construir una sociedad vasca más humana, estos serían los
compromisos que formarían la base de una serie de Acuerdos
Básicos que pudiéramos compartir entre todos, y que deseo
someter a su consideración y a la de toda la sociedad vasca:
1) Compromiso con el respeto a los Derechos Humanos y con
la defensa de la vida.
En este sentido, manifestamos nuestra posición común de rechazo
a la violencia como instrumento de acción política y con la
defensa del derecho a la vida y de los derechos humanos de
todas las personas.
Reiteramos nuestra apuesta inequívoca por las vías exclusivamente
políticas y democráticas para lograr la normalización y la
solución del conflicto de convivencia que sufre nuestra sociedad.
Expresamos, a este respecto, nuestro compromiso para desarrollar
cuantas iniciativas contribuyan a erradicar todo tipo de violencia
y permitan crear las condiciones precisas para lograr una
convivencia pacífica y democrática entre todos los ciudadanos
y ciudadanas vascas.
2) Reconocimiento y aceptación de la pluralidad de la sociedad
vasca.
Rechazamos una visión totalizadora de la identidad vasca y
reclamamos el respeto a los derechos individuales de todos
y cada uno de sus ciudadanos para conformar una Comunidad
integrada y plural.
Desde esta convicción, expresamos nuestro más absoluto y escrupuloso
respeto a esa pluralidad en todas sus manifestaciones políticas,
sociales y culturales. Asumimos, también, nuestro compromiso
de respetar y defender la libertad individual de todos sus
miembros para que puedan expresar, sin límites y sin coacciones,
sus legítimas aspiraciones personales y políticas.
3) Los proyectos de convivencia solo se pueden construir desde
la libre adhesión.
El derecho a ser y a sentirse vasco no puede ser impuesto
a nadie, ni a nadie le puede ser negado. Es un derecho individual,
legítimo y consustancial a todos y cada uno de los ciudadanos
y ciudadanas que quieren compartir el destino común del Pueblo
Vasco.
Un proyecto de convivencia para el conjunto de la sociedad
vasca no puede conformarse, por tanto, desde la imposición
o la coacción.
La construcción de una sociedad vasca integrada exige compartir
identidades, valores y actitudes para abordar, desde el reconocimiento
de lo que hoy somos, lo que queremos ser en el futuro. Queremos
construir el futuro todos juntos, desde el respeto a los derechos
inalienables de todas las personas, desde la tolerancia mutua
con todos los proyectos y desde el compromiso inequívoco con
las reglas de juego democrático para aceptar lo que la propia
sociedad vasca decida en cada momento.
4) Reconocimiento ético, moral y material a las víctimas de
la violencia y del terrorismo de cualquier signo.
Deseamos reivindicar para las víctimas que han sufrido y sufren
la violencia y el terrorismo, en cualquiera de sus manifestaciones,
el máximo reconocimiento ético por el daño injusto y, en muchos
casos irreparable, causado, y nos comprometemos a impulsar
y apoyar las iniciativas parlamentarias, políticas y sociales
dirigidas a arropar y a defender a todas las personas inocentes
que sufren la violencia, la persecución, la intolerancia,
el chantaje, la coacción y las amenazas físicas y sicológicas,
por el simple hecho de defender sus ideas.
5) Necesidad de impulsar gestos de distensión que contribuyan
a recuperar un clima de concordia y de cohesión en el seno
de nuestra sociedad.
La sociedad vasca acepta con normalidad la coexistencia de
diferentes sensibilidades y opciones políticas e ideológicas.
Los representantes políticos tenemos, por tanto, la responsabilidad
histórica para desarmar la palabra e impulsar gestos de distensión,
evitando, de esta forma, romper los puentes de convivencia
que conforman una Comunidad plural, pero unida en lo fundamental
en torno a un sentimiento de pertenencia común.
A construir la Paz debemos colaborar también con una positiva
voluntad de humanización y de reconciliación. A este respecto,
es preciso reivindicar el cumplimiento de los acuerdos y compromisos
en materia de política penitenciaria, porque el respeto de
los derechos humanos es una exigencia ética y moral de la
que no deben estar excluidos ningún colectivo, tampoco las
personas encarceladas, independientemente del cumplimiento
del castigo que, en justicia, hayan recibido por sus delitos.
6) Reconocimiento de la necesidad de abordar un proceso de
normalización política. Es preciso reconocer la existencia
en el seno de la sociedad vasca de distintas sensibilidades,
-todas ellas legítimas- en relación con el nivel de autogobierno
deseado, con el sentimiento de pertenencia y de identidad
nacional y con el grado de aceptación del actual marco jurídico,
político y territorial. La constatación de esta realidad hace
necesario abordar un proceso de diálogo que permita, en su
caso, ampliar los consensos actualmente existentes sobre estos
aspectos, para evitar la fractura social y la exclusión por
razones ideológicas de un sector de la población vasca. 7)
Compromiso con un final dialogado. Los principios de defensa
de la libertad, del diálogo y de la no violencia son los que
deben presidir la estrategia dirigida a conseguir la Paz y
la normalización política. Un proceso de diálogo se tiene
que abordar sobre la premisa del respeto a los derechos humanos
y el compromiso inequívoco de todos los interlocutores con
las vías única y exclusivamente políticas y democráticas.
Y también, sobre la premisa del respeto a lo construido hasta
ahora, a la legitimidad democrática de las instituciones y
de los ámbitos jurídico-políticos existentes como fruto de
la voluntad mayoritaria de los vascos para, -desde esta realidad
y desde la legitimidad democrática-, reconocer la capacidad
de la propia sociedad vasca para decidir lo que quiera ser
en el futuro, toda vez que, en un proceso democrático, la
voluntad mayoritaria de la ciudadanía vasca, legítimamente
expresada, debe encontrar su aplicación en el ordenamiento
jurídico vigente en cada momento.
Estos son los principios y los Acuerdos Básicos que les traslado
en este Debate de Política General y que, en mi opinión, constituyen
una base de trabajo suficiente sobre la que instrumentar una
nueva ETAPA. Una nueva etapa que debemos construir entre todos,
no con instrumentos del pasado, sino con compromisos de futuro.
Solo existe un camino para alcanzar estos objetivos: la constitución
de un nuevo Foro de diálogo político en el que la clave no
es empeñarnos en que los demás acepten nuestros proyectos
políticos divergentes y legítimos, sino que seamos capaces
de consensuar los procedimientos a seguir para abordar un
proceso de Paz y de normalización política. Un proceso que
nos permita, en su caso, ampliar los acuerdos básicos de convivencia
alcanzados hasta el momento, así como consensuar un procedimiento
compartido para ratificar los resultados de los nuevos Acuerdos
o consensos que eventualmente se pudieran alcanzar.
Estas son, a mi juicio, las bases sobre las que se debería
construir un Foro de Diálogo. No obstante, no podemos correr
el riesgo de entrar juntos para salir separados al cabo de
15 días. Por eso, considero imprescindible que, con carácter
previo a su constitución, se desarrolle, como he comentado
antes, un proceso de diálogo profundo y discreto para llegar
a un consenso sobre los principios, los procedimientos y los
objetivos a conseguir.
Estas son las iniciativas que someto a la consideración de
este Parlamento y de toda la sociedad vasca para iniciar una
nueva etapa. Sinceramente, creo que la situación social y
política exige de todos nosotros un esfuerzo para explorar
con espíritu abierto las posibilidades de lograr un consenso
entorno a las mismas.
En mi condición de Lehendakari, lo que sí puedo garantizar
ante esta Cámara y ante toda la sociedad, es que dedicaré
todos mis esfuerzos, todas mis energías y la mejor de mis
voluntades, a poner en marcha una nueva etapa a través de
estas iniciativas políticas. Ahora bien, soy consciente de
que lograr este objetivo no está en mi mano sólamente, sino
en las manos y en la responsabilidad de todos los partidos
políticos.
Puede que determinadas fuerzas políticas sigan empeñadas
en la estrategia de confrontación, en la estrategia de negarse
al diálogo para desacreditar a las Instituciones y al Gobierno
Vasco. Puede, incluso, que algunos hayan tomado ya la decisión
de impedir a toda costa que nazca cualquier iniciativa porque
su único objetivo es continuar con la política histérica de
acoso y derribo para lograr, como sea, un adelanto electoral.
Evidentemente, como ya he citado al comienzo de mi intervención,
el recurso de una convocatoria electoral es una prerrogativa
del Lehendakari y un instrumento más, puesto a su disposición,
para articular una alternativa a una determinada situación
política y social bloqueada. La convocatoria electoral es,
por tanto, una iniciativa más del Lehendakari que, en su caso,
hay que contemplar con absoluta normalidad. No obstante, estoy
convencido de que desde el ámbito social no se nos está demandando
una confrontación electoral como una solución mágica a nuestros
actuales problemas de incomunicación política y de violencia.
Más bien al contrario, en este escenario, una confrontación
electoral incorporaría un elemento añadido de división y de
enfrentamiento político. La sociedad vasca no quiere elecciones.
Quiere soluciones. A este respecto, nuestra responsabilidad
como representantes políticos es contribuir a aportar iniciativas
y propuestas de solución.
Por eso, mi deseo final es que en el Pleno de hoy tengamos
la valentía y la responsabilidad política de valorar sin prejuicios
las iniciativas presentadas en esta intervención.
Consideraría un ejercicio de superficialidad en la situación
política y social actual, que toda nuestra aportación fuera
realizar un planteamiento monocorde, de cara a la galería,
en torno a elecciones sí, elecciones no, moción de censura
sí, moción de censura no.
Creo que la sociedad tiene derecho a conocer con claridad
cuál es el posicionamiento de cada uno de los grupos políticos
respecto a las iniciativas de gestión presentadas y, especialmente,
respecto a la iniciativa política planteada en este Debate
de Política General, con objeto de configurar una nueva etapa.
En este sentido, resulta fundamental conocer con exactitud,
sin tapujos y sin falsos debates, cual es la valoración de
los Partidos Políticos presentes en esta Cámara, en relación
a los tres compromisos que he presentado en mi intervención.
Un compromiso ético con la defensa de la libertad individual
y el derecho a la vida. Un compromiso democrático de respeto
a nuestras Instituciones y al marco de autogobierno que contempla
el Estatuto de Gernika, es decir, respecto a lo que hoy somos.
Un compromiso de diálogo político para que, desde el respeto
a lo que hoy somos, a lo construído hasta ahora por voluntad
de los vascos y de las vascas, podamos decidir todos juntos
cómo queremos ser en el futuro.
Estas son las propuestas, estos son los compromisos. Sinceramente,
creo que una actitud responsable de todos los Partidos exigiría
que, ante esta Cámara y ante toda la sociedad vasca, dieran
su opinión respecto a las mismas, respecto a todas y cada
una de ellas.
Y también les digo que estoy dispuesto a aceptar otros planteamientos.
Si existen otras propuestas alternativas, tanto en el ámbito
de la Gestión del Gobierno, como en el ámbito de la Paz y
la normalización política, que se presenten, que se debatan.
Quiero conocer su posición y, en su caso, su alternativas
a las iniciativas presentadas.
Este es el debate que tenemos que hacer hoy. Este es el Foro,
este es el momento y este es el lugar.
Eskerrik asko.
Muchas gracias.
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